Ricardo Fumanal: Anatomía del deseo

Vista interior de la Galería Casa de América con obras de PSJM

Giovanni’s Room (1956), escrita por James Baldwin, es una novela que está considerada un clásico de la literatura del siglo XX por su exploración del deseo, la identidad y la experiencia queer en la ciudad de París. A ella está dedicada el nombre de la galería de arte de idéntico nombre. Con su sede central en Los Ángeles y una segunda en la capital francesa, Giovanni’s Room ha pasado de convertirse de una galería emergente a una de las más observadas por quienes siguen la evolución de la nueva figuración internacional, puntera para detectar artistas que combinan la excelencia técnica con discursos contemporáneos relevantes. 

Su última exposición en el enclave parisino ha sido Pressure Point, del artista español Ricardo Fumanal, específicamente en el corazón del barrio de Le Marais. Y pasa que Ricardo Fumanal lo es todo desde hace más de dos décadas, cuando comenzó en el mundo del arte. Prácticamente de forma inmediata su obra fue celebrada por sus narrativas relativas al deseo y el cuerpo. Pressure Point se compone de una serie de pinturas donde Fumanal continúa explorando el cuerpo masculino como territorio simbólico a través de tensiones. 

Cremalleras, cuero, denim, arneses, hebillas, pistolas, ceniceros y fragmentos anatómicos aparecen aislados de cualquier contexto convencional, y para bien. Funcionan como un punto de presión emocional, psicológico y físico a través de un dominio de la pintura controlada en su ejecución, depuradas, construidas mediante capas de óleo que generan texturas casi fotográficas.  Detrás de ese dominio existe una profunda conciencia pictórica. La luz no describe únicamente los objetos, sino también los convierte en protagonistas de atmósferas donde circula como el humo de un cigarrillo el misterio y la vulnerabilidad. 

Fumanal transforma elementos asociados al fetichismo sexual en recursos pictóricos. El cuero deja de ser un accesorio para cambiar su piel en una metáfora de protección y exposición simultánea. Las cremalleras sugieren aperturas y cierres emocionales, extensiones de la identidad. La influencia de la fotografía de moda es evidente. Encuadres cerrados, el tratamiento de los detalles y la fragmentación del cuerpo remiten campañas editoriales o secuencias cinematográficas cuidadosamente construidas. El pintor subvierte estos códigos para cuestionar cómo se construyen socialmente elementos como el deseo sexual, la masculinidad y el poder. 

Asimismo, esta serie logra dialogar con una larga tradición de representación homoerótica que va desde la fotografía underground de los años setenta hasta la iconografía de Tom of Finland, evitando nostalgias y actualizando imaginarios a través de otros mecanismos. 

Ricardo Fumanal inició su trayectoria profesional a principios de los años dos mil, en pleno apogeo de la bullante generación MySpace como ilustrador en revistas de moda y tendencias antes de orientarse progresivamente hacia la pintura. Durante años desarrolló una destacada carrera internacional colaborando con publicaciones y firmas de moda de prestigio, consolidando una estética propia basada en el detallismo, la apropiación visual y la reinterpretación de imágenes preexistentes. Aquella experiencia continúa siendo visible en la precisión que caracteriza su pintura actual. 

Su presencia en la sede francesa de Giovanni’s Room no es casualidad. Reside y trabaja en París, donde ha desarrollado gran parte de esta producción reciente. El regreso de Fumanal con esta serie de pinturas es emocionante, no sólo por observar su crecimiento y desarrollo técnico, madurado y fabuloso, sino también porque proviene de una casta de artistas que a principios de este siglo fueron verdaderas estrellas de un mundo artístico español, un mundo que era refinado, con altos grados de estilo y cuyos miembros realmente debían poseer talento, demostrable, a diferencia de la actualidad, donde cualquiera puede subir a punta de redes sociales, filtros y likes. Esta casta, que publicaban en revistas de moda y tendencias, exponían en museos, coincidían en las mejores fiestas, cenas y pasarelas, que vestían de alta costura y parecían una reencarnación española del universo de Studio 54, en esta nueva época han cambiado. Casi alejados de los focos, aparecen sólo cuando deben aparecer, y está bien, porque siguen manteniendo su aura. Nunca han pasado de moda. Fumanal lo acaba de demostrar. Un artista glorioso. Siempre lo fue.