Dulce venganza

Obra de Anselm Kiefer en la exposición en Valencia

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía abre la primera planta del Edificio Sabatini para recibir en Madrid la exposición ‘Dulce Venganza’ del desaparecido artista cubano Félix González-Torres. Se trata de la primera presentación a gran escala de este creador en la capital española. 

Félix González-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, Estados Unidos, 1996) fue uno de los artistas más relevantes de la isla en el exilio. Estadounidense de origen cubano, se ubica dentro de los creadores destacados en el ámbito internacional entre finales de la década de los ochenta y principios de los noventa. El Reina Sofía, fiel a la línea de temas que aborda desde la elección de su última dirección, ubica esta exposición para comprender cómo el creador empleó la belleza como una forma de contestación que aborda la celebración, la crítica y la resistencia queer. Comisariada por Alejandro Cesarco y Nancy Spector, el centro acoge una vez más al arte conceptual. 

La producción artística de González-Torres tuvo lugar en un contexto histórico y geográfico muy concreto: Estados Unidos, entre mediados de los 80’ y 90’. La propuesta pretende recuperar y reinterpretar ese entorno político, social y afectivo desde una nueva mirada contemporánea, aunque desde entonces no haya cambiado mucho el panorama, al menos en el arte conceptual. Desde ahí se evidencia que su trabajo siga influenciando la obra de nuevas generaciones de artistas. 

Los comisarios justifican su presencia en las salas del museo por la supuesta urgencia del actual momento geopolítico para, según ellos, reposicionarnos frente a las influencias del conservadurismo neoliberal. También destacan una “inquebrantable fe” del artista en el potencial del arte para promover cambios a mejor, algo que parece crucial en nuestros días. Fuera de los temas de propaganda política, es importante mencionar que Félix González-Torres pudo convertirse en un artista relevante durante los ochenta y noventa en Estados Unidos, que como pocos países en el mundo, se convirtió en uno de los principales polos de efervescencia artística, epicentro del avance de los derechos de las minorías sexuales y quintaesencia de la idea del sueño de surgir gracias al talento personal sin importar de dónde vinieras o la clase sociocultural a la cual pertenecieras. 

Volviendo a González-Torres, a través de salas interconectadas el museo madrileño exhibe medio centenar de obras del artista gracias a préstamos procedentes de instituciones como el Guggenheim de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art o el Glenstone de Potomac en Maryland, así como de colecciones privadas. Entre esas obras, encontramos piezas como pilas de papel o montones de caramelos, guirnaldas luminosas, retratos textuales o vallas publicitarias, que permiten ser modificadas.

El cubano tuvo una relación biográfica con Madrid en un contexto no muy bonito. Fue enviado a España como parte de un programa destinado a trasladar a niños desde Cuba para alejarlos del régimen castrista. En la capital permaneció un tiempo breve antes de trasladarse a Puerto Rico y más tarde a Nueva York, donde pasaría la mayor parte de su vida adulta. En el contexto de la crisis del sida, y como hombre gay seropositivo, su obra está marcada por la pérdida de su pareja, Ross Laycock, en 1991. A través del emparejamiento de objetos, el artista aludió a la unión erótica y al amor homosexual, eludiendo a menudo la censura mediante el uso estratégico de la abstracción. En ello encontramos la clave más interesante en la obra de este artista. Consciente de la inminencia de su propia muerte a causa del sida, anticipó el futuro de su obra en el que formas aparentemente simples se convierten en portadoras de una intensa carga emocional. Su obra, en esa dimensión, se transforma en un importante acto de generosidad. 

El arte de González-Torres no distingue entre lo personal y lo político, y niega las líneas entre estas esferas, moviéndose libremente entre las historias personales y políticas, revelando interconectividades. Su obra también pone de manifiesto que la historia nunca es lineal. Siempre está ocurriendo, volviendo sobre sí misma, renovando su relevancia y escabulléndose. De ahí a que muchas de sus piezas sean modificables. Se resistía a la representación mimética, recurría a diferentes formas de abstracción. Sus obras, al ser alterables, invitan a un replanteamiento contínuo de cómo lo privado y lo público se entrelazan en la historia de cualquier persona. 

Este excelente fabulador, hijo del rigor, revisitaba y con frecuencia subvertía las estrategias que él mismo establecía para su arte. Los sistemas y las estructuras que diseñaba anticipaban la migración de la obra al presente; un presente que le sobreviviría para representar el agotamiento y el reabastecimiento de formas simbólicas, por ejemplo. La cuestión del tiempo también es importante. Lo fotográfico, que remite a su paso y la memoria, también es intrínseco a su práctica. 

Esencial era también para este artista la presencia y la interrelación de su obra con el espacio público (como para otros muchos artistas en Nueva York durante la misma época). En este sentido, que quizá es lo más interesante de esta exposición, trasciende los límites del museo para expandirse por la ciudad de Madrid mediante la instalación de una de sus piezas en vallas publicitarias del metro, gracias a la colaboración de la empresa JCDecaux, en varias estaciones de la capital como Cuzco, Guzmán el Bueno, Retiro, O’Donnell, Legazpi y Tirso de Molina.

Félix González-Torres comenzó sus estudios de arte en la Universidad de Puerto Rico antes de trasladarse a la gran manzana, donde asistió al Whitney Independent Study Program, en 1981 y 1983. Su primera exposición individual la realizó en el New Museum en 1988. Un año antes de su muerte, realizó otra en el MoMA. Otras muestras en vida incluyeron el Museo de Arte Moderno de la Villa de París, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y el Smithsonian, entre otros. Tras su fallecimiento, su obra ha itinerado en innumerables exposiciones en centros como el MACBA de Barcelona, el MALBA de Buenos Aires o la Serpentine Gallery de Londres. González-Torres, además, es uno de los dos únicos artistas que han representado a los Estados Unidos de manera póstuma en la Bienal de Venecia, en 2007. La muestra podrá visitarse hasta el 12 de octubre. Si no alcanza a visitar el museo, le recomiendo prestar atención en las estaciones de Metro de Madrid.