El calor mata en Baleares y casi nadie lo ve. No hay ambulancias corriendo por el paseo marítimo ni titulares de urgencia. Hay 103 muertes entre el 1 de junio y el 13 de julio, contabilizadas por el sistema de vigilancia de la mortalidad diaria del Ministerio de Sanidad. De esas, 97 se atribuyen a calor moderado. Solo seis, al extremo.
Esa proporción lo cambia todo. Lo que está matando en las islas no es la tarde de 40 grados que sale en las noticias. Es la acumulación de días templados, uno detrás de otro, sobre un cuerpo que ya no aguanta.
POR QUÉ EL CALOR MATA POR EL CORAZÓN, NO POR LA INSOLACIÓN
La imagen del turista que se desploma bajo el sol induce a error. La mayoría de quienes mueren por calor no lo hacen deshidratados en la playa, sino en su cama, por un corazón que deja de seguir el ritmo.
Un metaanálisis publicado en Nature Communications en 2025, que revisó más de 400 estudios de laboratorio con datos de unas 6.800 personas, describe qué le pasa al corazón bajo estrés térmico: sube la frecuencia cardiaca, sube el gasto cardiaco, sube la carga de trabajo del músculo. El corazón se acelera para enfriar el cuerpo, bombeando sangre hacia la piel. En una persona sana joven, el sistema lo absorbe. En un octogenario con el corazón gastado, lo empuja al límite.
Y luego está la humedad, el factor que casi nadie menciona.
Un estudio sobre 5.944 pacientes con dispositivos cardiacos implantados, seguidos entre 2010 y 2021, encontró que en los días con humedad relativa en el percentil 95, el riesgo de arritmia ventricular subía un 23% durante la semana siguiente. No era la temperatura sola. Era el aire cargado que impide sudar, ese que en Mallorca aprieta de noche y no deja bajar la mínima. El cuerpo pierde su mecanismo de refrigeración justo cuando más lo necesita.
LO QUE ESCONDE UN NÚMERO ESTADÍSTICO
Conviene decirlo con claridad: las 103 muertes son una estimación, no un recuento caso a caso. El sistema MoMo calcula el exceso de fallecimientos sobre lo esperable y lo atribuye al calor cuando las temperaturas se disparan. No firma certificados de defunción. Cuenta a quienes el calor empujó antes de tiempo: los infartos que se adelantaron, las insuficiencias renales que se descompensaron, los corazones que fallaron una noche sin brisa.
Nadie de esos 103 aparecerá con «calor» en su partida de defunción.
Por eso el dato importa más, no menos. Es la parte de la mortalidad que el sistema sanitario no ve pasar por urgencias con esa etiqueta, la que se diluye entre causas cardiovasculares y respiratorias sin que nadie sume el patrón.
A QUIÉN LE TOCA EN LAS ISLAS
El calor no reparte por igual. En Baleares viven más de 210.000 personas mayores de 65 años, el grupo que concentra la casi totalidad de la mortalidad por calor: en el conjunto de España, el 96% de los fallecidos por calor en 2025 superaba los 65 años, según el Ministerio de Sanidad. A ellos se suman quienes trabajan al aire libre en pleno agosto —construcción, hostelería— y los turistas de edad avanzada que llegan en temporada alta sin conocer el clima que les espera.
La pregunta que este verano queda sin respuesta pública es cuántos de esos 103 vivían solos. El aislamiento no figura en las estadísticas de mortalidad, pero los geriatras lo señalan como multiplicador: la persona mayor que vive sola no tiene quién le recuerde beber, quién note que la casa arde, quién llame a emergencias cuando empieza el mareo.
AEMET anuncia una nueva masa de aire sahariano desde el 20 de julio, con calima en el archipiélago, calor extremo probable y noches cálidas en el litoral. Será la tercera embestida del verano sobre una población ya castigada por semanas de calor acumulado.









