Las possessions de Mallorca: las fincas históricas que no deberías perderte este año

Las possessions son la columna vertebral de la Mallorca rural: grandes fincas señoriales con siglos de historia agrícola, arquitectura mudéjar y paisajes de la Serra de Tramuntana. Esta guía recorre las más emblemáticas que hoy pueden visitarse, desde los jardines de Alfàbia hasta la leyenda del Comte Mal en Galatzó.
Vista de la finca Raixa con jardines y arquitectura histórica en Mallorca
La finca Raixa es un ejemplo emblemático de la arquitectura histórica de Mallorca.

Detrás del Mallorca de las playas y los puertos deportivos existe otra isla —más densa, más antigua— cuyos muros de piedra en seco, almazaras centenarias y claustros interiores explican mejor que ningún museo lo que fue la economía y la sociedad de este archipiélago durante ochocientos años. Son las possessions, y muchas de ellas están abiertas al público.

Las possessions son grandes fincas rurales y agrícolas que incluyen un pequeño núcleo de edificaciones —las cases de possessió— y cuyo origen se remonta a la conquista cristiana del siglo XIII, cuando los nobles catalanes que participaron en ella se repartieron las tierras a partir de las alquerías islámicas preexistentes. El término, sin embargo, no quedó fijado en el idioma hasta mucho después: fue en el siglo XVI cuando se consolidó de forma oficial para denominar las tierras que superaban las 1.000 lliures de valor, distinguiéndolas de los rafals y sorts de menor envergadura.

En su momento de mayor esplendor, la isla contaba con hasta 1.300 edificaciones de este tipo. Hoy quedan apenas decenas. Y de esas, solo un puñado son visitables.

QUÉ ES UNA POSSESSIÓ, MÁS ALLÁ DE LA ARQUITECTURA

No se trata únicamente de un conjunto de piedras nobles. Las possessions son el reflejo de algo mucho más profundo: una manera de concebir la isla, de estructurar la sociedad, de percibir el tiempo y de entender la vida. Cada finca funcionaba como una unidad autosuficiente: sus instalaciones incluían las viviendas de los propietarios, la casa del amo, las dependencias de los trabajadores, la almazara (tafona), la bodega (celler) y las zonas de explotación forestal, cultivo y obtención de agua.

La clastra —el gran patio interior— era el corazón logístico de toda possessió, el distribuidor desde el que se accedía a cada estancia y donde la cisterna garantizaba el agua en las estaciones secas. Los propietarios de estas enormes fincas eran senyors que normalmente formaban parte de la nobleza terrateniente y controlaban el comercio de los productos fabricados en la finca.

El trabajo y el paisaje eran indisociables: las posesiones de la Serra de Tramuntana producirían principalmente aceite de oliva y las terrazas de piedra a lo largo de las montañas, un método agrícola originalmente introducido por los árabes; y las posesiones de las llanuras producirían grano y vino.

LAS POSSESSIONS QUE PUEDES VISITAR EN MALLORCA

Alfàbia: jardines de origen árabe en la ruta de Sóller

La possessió de Alfàbia se encuentra en el término municipal de Bunyola, justo antes de llegar al túnel de Sóller. Es, junto con Raixa, la finca más visitada de la isla y la que mejor ilustra la estratificación histórica de la arquitectura mallorquina: en su interior conviven estilos árabe, gótico, renacentista y barroco, todos ellos muestra del paso de los años en la casa.

Durante el recorrido interior se recorren la biblioteca, la Sala Gran, el comedor y la célebre Sala de la Cadira, donde se conserva un sillón de roble del siglo XV conocido como la cadira del rei moro. Pero el elemento más impresionante es exterior: un jardín mediterráneo de más de una hectárea con los célebres Jocs d’aigües —Juego de aguas— del siglo XVIII, una pérgola con columnas y surtidores que se cruzan, convirtiendo el murmullo del agua en un espectáculo para los sentidos.

Raixa: la finca ilustrada del Cardenal Despuig

La finca de Raixa es de origen árabe y está situada a los pies de la Serra de Tramuntana, en el municipio de Bunyola. Su transformación más radical se debe al Cardenal Antoni Despuig, quien a finales del siglo XVIII la moldeó según el gusto italiano que había adquirido durante sus largas estancias en Roma. Para crear los jardines, Despuig adquirió en 1807 el agua de la fuente de Pastoritx; el gran aljibe proyectado por el ingeniero Francisco Rigaud de Tirgalle mide 98 metros de largo, 11 de ancho y siete de profundidad.

Raixa es hoy de titularidad pública y alberga el centro de interpretación de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Un recurso doble: arquitectura señorial y comprensión del territorio.

Els Calderers: el interior de Mallorca intacto

Els Calderers está en el municipio de Sant Joan, muy cerca de Villafranca y del centro de la isla. Es la más importante y la más grande en la zona del interior de Mallorca, con datos históricos que la sitúan en el siglo XIII, aunque sus dependencias actuales se construyeron cinco siglos más tarde.

Es también la que más de cerca permite imaginar la vida señorial del XVIII. Se puede visitar la capilla, el salón, la sala de caza, el comedor y los dormitorios, que mantienen el mobiliario y la decoración del siglo XVIII, permitiendo una aproximación muy acertada a la forma de vida mallorquina de aquel entonces. Pocos lugares de Mallorca ofrecen una lectura tan directa de las jerarquías sociales que articulaban la vida rural.

Son Marroig: el mirador del archiduque

Son Marroig está en Deià. El archiduque Luis Salvador de Austria la adquirió en 1877 para llevar a cabo sus estudios de la naturaleza, al considerarla una de las casas mejor situadas de Mallorca. Hoy es museo dedicado a su figura. Cuenta con un espectacular mirador donde se alza un elegante templete de mármol de Carrara de estilo jónico, desde el que se contempla una panorámica sobre el mar y el saliente natural de Sa Foradada.

La Torre de Son Marroig, posiblemente construida en el siglo XVI para proteger las casas de las incursiones de corsarios, añade una capa defensiva a una finca que hoy rezuma serenidad.

Galatzó: naturaleza, leyenda y 1.400 hectáreas

La más extensa de las visitables. Esta possessió de montaña de 1.401 hectáreas rodea la parte suroeste del Puig de Galatzó —1.027 metros—, entre las estribaciones de la Serra de Tramuntana declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Actualmente propiedad del Ayuntamiento de Calvià, es un lugar perfecto para la excursión, con seis rutas marcadas con diferentes colores y niveles de dificultad señalizados.

En la casa señorial puede visitarse la almazara, perfectamente restaurada. Los trabajos llevados a cabo en la finca incluyen la reintroducción de la vaca mallorquina —conocida como raça antiga—, que en los años 80 se encontraba prácticamente en vías de extinción.

Pero Galatzó no es solo patrimonio agrícola. Es también leyenda. Destaca la del Comte Mal, noble mallorquín del siglo XVII que, según la tradición, aterrorizó a los habitantes de Es Capdellà, Calvià y Andratx con sus fechorías, y cuyo espíritu vaga aún por la finca. Los senderos —Sa Vinya, Ses Sínies, Ses Planes— recorren un valle donde el Puig y la Mola de s’Esclop flanquean el torrente central. Entrada libre.

EL IMPACTO EN BALEARES: PATRIMONIO BAJO PRESIÓN

Un buen número de possessions pertenecen a los herederos de los antiguos propietarios, a los que cada vez cuesta más sostener sus centenarias casas, dado que el mantenimiento del patrimonio monumental siempre fue tarea costosa en términos económicos y de dedicación. Algunas han sido compradas por la administración pública —Raixa, Galatzó, Son Moragues—; otras se han reconvertido en agroturismos de lujo o en espacios de actividades ecológicas.

La plataforma Itinerem se ha creado con el objetivo de proteger este valioso patrimonio mallorquín para las generaciones futuras, ofreciendo experiencias turísticas que generan ingresos para ayudar a los propietarios a mantener estas fincas y evitar que caigan en decadencia. La iniciativa reúne bajo un mismo paraguas visitas guiadas por el propietario, picnics en el recinto y estancias de alojamiento.

El turismo de sol y playa no desaparecerá. Pero estas fincas proponen una experiencia radicalmente distinta —más lenta, más estratificada, más difícil de reducir a una instantánea— que Baleares tiene mucho interés en preservar y en monetizar con inteligencia.