El Mad Cool cumple diez años y ha cambiado casi todo menos lo que más molesta a quien vive al lado. El festival estrenó su décima edición el 8 de julio en el recinto Iberdrola Music de Villaverde con una jornada al borde del aforo —55.000 personas, según la organización— y el mismo cuello de botella de siempre a la salida. Los conciertos se pagan en euros. La vuelta a casa, en horas.
DE LA CAJA MÁGICA A VILLAVERDE: UNA DÉCADA DE MUDANZAS
El festival nació en 2016 en la Caja Mágica y no ha parado de buscar sitio. Dos ediciones en aquel recinto de tenis, un salto en 2018 a los descampados de Valdebebas —donde llegó a reunir 240.000 asistentes en tres días, su récord— y, desde 2023, el traslado definitivo al espacio al aire libre de Villaverde.
Cada mudanza resolvió un problema y abrió otro.
En Valdebebas el terreno quedó abandonado y sin urbanizar entre ediciones. En Villaverde, el recinto ganó accesos ferroviarios y perdió tranquilidad vecinal. El patrón se repite: el festival crece, invierte —esta edición mueve cerca de 20 millones de euros— y el entorno absorbe la factura que no aparece en el presupuesto.
Lo que nadie explica del todo es por qué, tres sedes después, el problema logístico sigue siendo el mismo.





QUÉ PROMETE EL PLAN DE MOVILIDAD DE ESTA EDICIÓN
La organización asegura haber aprendido. Para 2026 financió íntegramente un dispositivo de movilidad que, según sus propias cifras, supera los 540.000 euros: ampliación del servicio de Cercanías hasta las 3.30 de la madrugada y lanzaderas nocturnas hacia el centro de Madrid para descongestionar la salida.
Sobre el papel, es el despliegue más ambicioso de la última década.
Sobre el asfalto, la primera noche volvió a saturarse. Los asistentes describieron esperas de hasta hora y media y aglomeraciones en los accesos a la estación. «Vaya infierno la vuelta a casa desde Mad Cool. Un día va a pasar algo y lo vamos a lamentar», escribió un usuario en X, en un mensaje que resume el tono de las redes durante la madrugada. La vicealcaldesa Inmaculada Sanz reconoció que hacen falta ajustes en el transporte público y el tráfico rodado alrededor del recinto.
El dispositivo mejora cada año. La percepción de que no basta, también.
LO QUE ESCUCHAN LOS VECINOS: HASTA 80 DECIBELIOS Y UN JUICIO ABIERTO

Para los barrios de Villaverde y Getafe, el festival no se mide en cabezas de cartel, sino en decibelios. Las asociaciones vecinales sostienen que el ruido ha alcanzado entre 75 y 80 decibelios en zonas residenciales, por encima de lo tolerable para descansar de madrugada.
La Plataforma Stop Festivales Villaverde lo dijo sin rodeos: «Las mejoras se están haciendo para los asistentes; para los vecinos, nada. No se puede dormir».
El conflicto ya salió del terreno de la queja. El Juzgado de Instrucción número 34 de Madrid abrió juicio oral contra el administrador y la promotora del festival, tras la denuncia de la Fiscalía por superar los niveles de ruido autorizados en la edición de 2023. El Ayuntamiento anunció que este año mantiene «dispositivo de medición como todos los años» para vigilar el cumplimiento.
Desde la dirección, Javier Arnáiz defiende el trabajo hecho: «Nos hemos reunido muchas veces con los vecinos y hemos ido intentando mejorar con cada edición». Los vecinos, en cambio, sienten que la balanza está decidida de antemano. «Nos han dado a entender que, dado que la Comunidad y el Ayuntamiento quieren que el recinto siga adelante, a los vecinos les damos exactamente igual», lamentó una portavoz.
El problema real no es el volumen de una noche. Es que el calendario de macroeventos convierte una molestia puntual en una rutina de verano.




