Fotos J. Fernández Ortega
Lo primero es darte la enhorabuena por la nominación en la segunda edición de los MEM Awards…
Muchas gracias. ¡La verdad es que no me lo esperaba! Además, tampoco nos conocíamos de antes, así que, como puedes imaginarte, fue una sorpresa cuando me llamaste para darme la noticia. Recuerdo que me puse muy contenta, sobre todo teniendo en cuenta el poco tiempo que llevo en la escena.
Sentí la nominación como una forma de reconocimiento al trabajo duro que hay detrás. Fue un regalo, como también lo fue compartir esa gala con tanta gente de la escena y grandes artistas. Sin duda, fue una experiencia muy linda de la que guardo un gran recuerdo.
¿Cómo nació tu relación con la música?
Pues te diría que desde que me alcanza la memoria, la música siempre ha estado presente en mi vida y ha sido de lo más importante.
A lo largo del camino, tomé clases de danza y otras disciplinas como hip hop, ballet o jazz. Luego, ya de preadolescente, iba a bailar a las discotecas para menores que había en mi Uruguay natal (risas). Supongo que la necesidad de empezar a pinchar comenzó allí, estando al otro lado, en la pista de baile. Para mí, ese siempre fue un lugar sagrado. Es donde conecto con mi verdadera esencia.


¿Y cuándo empezaste a pinchar?
Pues hace tan solo tres añitos. Fue algo repentino. Después de una fiesta, justamente al acabar el último set, me senté a descansar y lo vi muy claro. Fue algo así como una epifanía (risas), una especie de revelación. De repente sentí que tenía algo para compartir desde otro lugar. Había pasado muchos años viviendo la música desde la pista de baile, y por primera vez me vi a mí misma al otro lado, construyendo esa experiencia para los demás.
Un año más tarde, ya estaba pinchando en fiestas. Entonces, es cuando decidí ponerme como nombre artístico ‘Belucha’, que es la derivación de un apodo por el que conocían en mi adolescencia. Ahora, en esta nueva etapa, prefiero utilizar mi nombre y el apellido de mi madre: Belén Pacífico.
¿Con qué estilo te sientes más cómoda?
Te diría que principalmente con el ‘house’ y sus subgéneros, desde el ‘minimal’ hasta el ‘deep’. Mi sonido también tiene influencias de los ochenta y los noventa, y me gusta explorar distintos matices dentro de esos estilos. Claro que también depende del lugar y de la hora en la que me toque tocar. No es lo mismo lo que pincho en un beach club por la tarde que lo que pongo de madrugada en un club.
¿Recuerdas tu primer bolo?
¡Cómo no acordarme! (risas). Mi primera vez fue en una fiesta privada, organizada por unos amigos, de disfraces. Fue un back to back con un amigo que también estaba empezando. Recuerdo que durante todo el día me temblaron las piernas de los nervios. Era muy novata en ese entonces (risas).
Mi primer bolo, ya profesional, fue en un restaurante en Cala d’Or al que llegué después de ver por redes que buscaban un deejay. Con valentía y confianza me postulé y lo conseguí (risas).
Aquello fue una tremenda aventura. Ese día justo estaba en un retiro de yoga. Cuando me quise dar cuenta ya iba tarde, así que tuve que irme a toda prisa en un coche prestado, secándome el sudor y cambiándome en el coche de camino (risas). Una escena muy de película. Por suerte, también todo salió fenomenal. Otro día clave en mi carrera que me guardo en el baúl de los recuerdos.


Menuda carrera meteórica…
La verdad es que ha ido todo bastante rápido. Al poco tiempo empezaron a surgir oportunidades para tocar en clubes, fiestas y agencias, y desde el verano pasado pude empezar a dedicarme profesionalmente a la música. Durante un tiempo lo compaginé con mi trabajo como profesora de yoga, pero cada vez dedicaba más tiempo y energía a este proyecto.
Siento que estoy aprendiendo constantemente. Cada etapa trae retos nuevos, no solo a nivel técnico o profesional, sino, y sobre todo, personal. Considero que hay mucho trabajo detrás de este camino que muchas veces no se ve.
Intento recordarme a menudo por qué empecé. En una industria donde pasan tantas cosas y todo se mueve tan rápido, es fácil perderse en las expectativas, las exigencias o en lo que viene después. Para mí es importante volver una y otra vez a la intención original: el amor y el respeto por la música, por el baile y por esa sensación que siempre encontré en la pista, incluso mucho antes de estar detrás de una cabina.
De momento, ¿Cuál ha sido la fiesta de tu vida?
Pues se me ocurren un par, pero me quedaría con una reciente de Pyramid Ibiza en el Over Club. Venía de un momento delicado a nivel personal y esa noche fue muy especial para mí. Además, pude compartir cabina con Traumer, un artista que me gusta mucho y al que admiro.
Lo disfruté muchísimo, y recibí muchísimo amor del público. Fue una noche muy significativa. Se sintió como una gran confirmación.

Por cierto, ¿Te llama la atención el tema de la producción?
Obviamente, me interesa. Y lo respeto mucho. Aprender a producir es algo que me atrae y no descarto para nada hacerlo en algún momento. Pero, ahora mismo, estoy enfocada en la mezcla a vinilo y dedicándole energía a ello.
Cambiando de tema ¿Cómo ves la escena la isla?
Creo que la escena está constantemente en crecimiento y transformación. Cada vez surgen más propuestas, colectivos y artistas con ganas de aportar algo propio, y eso me parece muy positivo.
Obviamente, Mallorca no deja de ser una isla, y no podemos comparar su tamaño ni su oferta cultural con la de grandes ciudades. Aun así, eso también tiene algo bonito: las escenas son más cercanas, las personas se conocen y existe una sensación de comunidad que se siente mucho.
Por otro lado, también creo que es natural que quienes vivimos y trabajamos aquí sintamos la necesidad de salir de vez en cuando, descubrir y nutrirnos de otras escenas, inspirarnos y volver más frescos. Al final, ese intercambio también forma parte del crecimiento de una escena.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiera aprender a pinchar?
Por un lado está lo técnico, claro. Hay una parte de la música que tiene estructura y lógica, y en cierta medida es matemática, y sí, entender lo básico de teoría musical ayuda muchísimo y da mucha libertad. Eso no se niega.
Escuchar música, ir a los clubes a escuchar y mirar al deejay. Todo eso también ayuda muchísimo.
Pero más allá de eso, me nace compartir que es un camino que, como cualquier proceso de aprendizaje o creativo, requiere paciencia. Como comenté antes, es importante no perderse ni olvidarse de por qué lo estamos haciendo. Reconectar constantemente con ese amor y ese respeto hacia la música es, para mí, lo principal.

Para acabar ¿Qué planes de futuro tienes?
Ahora mismo estoy haciendo la temporada de verano, con algunas residencias en beach clubs y diferentes fechas en clubes y eventos de la isla.
Tengo muchas ganas de seguir creciendo, desarrollándome como artista y ampliando horizontes. Me ilusiona poder llevar mi música a otros lugares, tocar fuera, conocer nuevas escenas… y así seguir creciendo.
FAST CHECK
- Un deejay: Tomoki Tamura
- Un productor: Glenn Underground
- Un tema: “Baby wants to ride” de Frankie Knuckles
- Un estilo que no sea electrónica: jazz
- Un club: Sisyphos Berlin
- Un festival: Garbicz Festival (Polonia)
- Una comida: una buena pasta
- Una bebida: agua de coco
- Una película: “El club de los poetas muertos” (Peter Weir, 1989)
- Una serie: “The Office”
- Un lugar para perderse: el bosque



