Amnesia Ibiza, 50 años: la finca que cambió la historia de la música electrónica

Amnesia abrió sus puertas en 1976 en una finca payesa del siglo XVIII. Lo que nadie podía prever es que aquella sala al aire libre, sin techo y con cuatro barras, se convertiría en el punto cero de la música electrónica global.
Amnesia discoteca de Ibiza en los años 80

Hay clubes que cierran y dejan nostalgia. Y hay clubes que cierran —o sobreviven— y dejan una historia que otros países, otras industrias y otros géneros musicales reclaman como propia. Amnesia pertenece al segundo tipo. Este año cumple medio siglo.

LA FINCA, EL FILÓSOFO Y EL NOMBRE QUE LO EXPLICA TODO

En 1976, Antonio Escohotado firmó un contrato de arrendamiento sobre una casa de campo ibicenca y la convirtió en sala de espectáculos. Escohotado no era promotor ni empresario nocturno: era filósofo, ensayista, figura de la contracultura española que había llegado a Ibiza buscando otra cosa. Quería llamar al local «El Taller del Olvido». Fue Manolo Sáenz de Heredia, uno de los cofundadores, quien propuso el nombre griego que resumía la misma idea con una sola palabra: Amnesia.

La finca donde se instalaron había pertenecido durante cinco generaciones a la familia Planells, que la vendió en 1970 a una viuda de origen aristocrático. Antes de convertirse en club, el lugar funcionó como punto de encuentro para hippies, idealistas y músicos de paso. Ibiza no era todavía la industria que es ahora. Era otra cosa: un refugio, un margen, un lugar donde las reglas del continente no llegaban con la misma fuerza.

Lo de Escohotado duró poco. El negocio no daba grandes beneficios —o los precios eran demasiado bajos, o había demasiados gorrones, según su propio relato— y el proyecto original cerró al cabo de ocho meses. Pero el nombre quedó. Y la licencia. Y la idea.

EL HOMBRE QUE INVENTÓ UN GÉNERO SIN PROPONÉRSELO

Alfredo Fiorito nació en Rosario, Argentina, en 1953. Emigró a Ibiza en 1976 huyendo de la dictadura. Trabajó fabricando velas, repartiendo y diseñando moda. No era DJ. Cuatro años después de su llegada, encontró su primer mezclador mientras servía copas en un bar del puerto. El aparato tenía dos platos y un funcionamiento sencillo: subir un cursor o el otro para que sonara el disco. 

Ahí empezó todo lo demás.

En 1984 se incorporó como residente de Amnesia. Su estilo combinaba rock, pop europeo, soul, música latina, electrónica temprana, italo disco y el primer house. Se alejaba de los cánones de género y respondía a la dinámica emocional de la pista. No construía sets por géneros. Los construía por estados de ánimo, por la luz que entraba desde la terraza descubierta, por la hora del amanecer. Ponía Kraftwerk junto a Bob Marley, The Human League junto a Marvin Gaye. Lo que no encajaba en ninguna categoría era exactamente lo que funcionaba.

Lo que nadie explica del todo es que el «balearic beat» no fue un género que Alfredo decidió inventar. Fue el nombre que otros pusieron a lo que él ya hacía.

EL VERANO DE 1987 Y EL MOMENTO QUE LO CAMBIÓ TODO

En septiembre de 1987, cuatro DJs londinenses —Nicky Holloway, Paul Oakenfold, Danny Rampling y Johnny Walker— pasaron una semana en Ibiza. Iban a celebrar el 24 cumpleaños de Oakenfold. Habían oído hablar de Amnesia: una antigua granja reconvertida, alejada de los pubs ingleses y de las zonas más pobladas de la isla, con un DJ argentino que no se parecía a nada de lo que conocían.

Llegar al club era complicado —estaba en una zona remota— y tuvieron que juntar el dinero entre todos para pagarse el transporte. Mereció la pena.

Rampling lo describió años después sin ambigüedades: «Amnesia y DJ Alfredo lo cambiaron todo. Sabíamos después de la primera noche que aquello era algo muy especial.» De vuelta en Londres, Rampling abrió Shoom el 5 de diciembre de 1987, en el sótano de un gimnasio en Southwark. Oakenfold lanzó Spectrum en abril de 1988. Holloway, Trip en mayo del mismo año. El acid house se extendió por el Reino Unido con la velocidad y la desorientación de algo que no tiene nombre todavía cuando empieza. 

Pero hay que ser precisos. No fueron los primeros en llevar el house music al Reino Unido —el DJ Jazzy M ya tenía un programa en la emisora pirata London Weekend Radio desde 1986—, aunque sí hicieron más que nadie por popularizarlo. La historia tiene épica suficiente sin necesidad de simplificarla.

DE LA TERRAZA ABIERTA AL TECHO Y LA INDUSTRIA

Amnesia en los ochenta era, físicamente, otra cosa. La pista estaba al aire libre. La luz del amanecer caía sobre los cuerpos. No había normativa que dijera cuándo parar. Esta forma de programar sesiones prolongadas, con horarios que se extendían hasta las primeras horas de la mañana, convirtió a Amnesia espontáneamente en uno de los primeros after-hours.

Eso acabó. Las regulaciones llegaron, las terrazas se cerraron, los horarios se acotaron. El 22 de junio de 1991, Amnesia reabrió bajo la gestión de MFC, ya con techo, ya con otra escala. Las cuatro barras originales se multiplicaron hasta dieciséis. El personal pasó de 16 a más de 200 empleados en temporada.

Y sin embargo, algo no cambió. O al menos eso es lo que defienden quienes llevan el club. En una Ibiza que evoluciona hacia propuestas cada vez más visuales y espectaculares, Amnesia mantiene la música electrónica y la pista de baile como núcleo de la experiencia. No es una afirmación neutral —la hace el propio club—, pero tampoco es solo marketing. Amnesia ganó el título de Best Global Club en los IDMA Awards de Miami en 2007, 2008, 2009 y 2011. Cuatro veces en cinco años. Algo sostenía esa reputación.