Noche de Sant Joan en Mallorca: cuatro menús para cenar en la playa sin que nada falle

La noche del 23 de junio exige comida que viaje bien, aguante el calor y no necesite microondas. Cuatro menús completos —desde el más mallorquín hasta el más festivo— para celebrar Sant Joan en la orilla sin complicaciones.
Mesa con comida variada y hoguera en la playa durante Sant Joan
Disfruta de una noche mágica en la playa con deliciosa comida y buena compañía.

La hoguera no espera. Y si llegas a la playa con la comida mal planificada, acabas el 23 de junio comiendo patatas fritas de bolsa mientras otros descorchan cava. Hay una forma mejor de hacerlo.

La noche de Sant Joan —que en Mallorca se celebra con hogueras en primera línea de mar, música y el salto ritual sobre las llamas— es, también, una ocasión para comer bien. El problema es que la playa impone condiciones: calor, arena, ausencia de nevera eléctrica y la certeza de que nadie va a ponerse a cocinar. Lo que no se prepare en casa antes de las ocho de la tarde, no existe.

La lógica es sencilla. La comida de hoguera tiene que cumplir tres condiciones: viajar en frío sin perder textura, comerse sin cubiertos complejos y aguantar dos horas dentro de una nevera portátil sin convertirse en algo irreconocible. A partir de ahí, hay margen para hacerlo bien o hacerlo regular.

Multitud en la playa durante la noche de Sant Joan en Mallorca
La playa se llena de vida durante la celebración de Sant Joan en Mallorca.

MENÚ 1: MEDITERRÁNEO Y LIGERO

Para quien quiere comer sin pesadez y llegar al final de la noche sin lamentar las decisiones.

Los entrantes funcionan sobre una base doble: ensalada de pasta con tomate cherry, mozzarella y albahaca —que aguanta perfectamente en recipiente hermético y mejora si se aliña con dos horas de antelación— y un bol de aceitunas aliñadas que ocupa poco espacio y soporta cualquier temperatura. El plato principal son bocadillos de jamón ibérico con tomate rallado y aceite de oliva: preparados en el momento o envueltos en papel de aluminio, resisten el trayecto sin problema. El postre son brochetas de frutas —sandía, melón, piña— que también funcionan como refresco natural cuando el calor aprieta.

La bebida: agua fría y tinto de verano en botella térmica. El tinto de verano —media parte de vino tinto, media de gaseosa o refresco de limón— se mantiene fresco más tiempo que la cerveza y es más fácil de transportar que una mezcla elaborada.

Mesa con comida variada para la noche de Sant Joan en Mallorca
Disfruta de deliciosos menús para la celebración de Sant Joan en la playa.

MENÚ 2: MALLORQUÍN

El más coherente con el lugar. Y el que más conversación genera.

La coca de trampó —masa fina con pimiento, tomate y cebolla, sin carne— es el entrante natural de cualquier celebración mallorquina de verano. Se corta en porciones antes de salir de casa y viaja bien envuelta en papel de horno. Una tabla de quesos mallorquines —el semiseco de oveja tiene presencia suficiente para no necesitar acompañamiento complicado— completa la entrada sin esfuerzo.

El plato principal combina empanadas mallorquinas de carne y guisantes con mini llonguets —panecillos locales— rellenos de sobrasada y queso. Las empanadas mallorquinas se preparan con antelación, aguantan perfectamente a temperatura ambiente y no necesitan recalentarse; de hecho, frías están mejor que tibias. El postre es una ensaimada pequeña para compartir, que en junio todavía no ha llegado al nivel de caricatura turística y sigue siendo lo que siempre fue: un bollo de manteca que cierra bien cualquier comida.

Para beber, vino blanco bien frío —un Binissalem joven aguanta mejor el calor que un tinto con cuerpo— y refrescos variados para los que no beben alcohol.

MENÚ 3: PICNIC GOURMET

Para quien prefiere alejarse de lo convencional sin caer en lo pretencioso.

El hummus con bastones de zanahoria y pepino funciona como entrante fresco y visualmente decente, y los nachos artesanos añaden textura sin complicar el transporte. El plato principal combina wraps de pollo —con lechuga, tomate y salsa de yogur mezclada en casa— con tortilla de patatas cortada en cuadrados. La tortilla, que resiste el calor mejor de lo que parece, es el comodín de cualquier picnic: densa, saciante y universalmente aceptada.

El postre son brownies caseros. Los brownies aguantan mejor que cualquier pastel con nata y no necesitan frío para estar buenos —al contrario, a temperatura ambiente están en su punto.

MENÚ 4: SAN JUAN TRADICIONAL Y FESTIVO

El más clásico. Y probablemente el que genera más ambiente.

Tortilla de patatas y croquetas frías forman la entrada; las croquetas, que normalmente se sirven calientes, sorprenden bien a temperatura ambiente si son de buena calidad. El plato principal combina empanada gallega de atún —densa, fácil de cortar, perfecta para compartir— con mini bocadillos variados. El postre es, inevitablemente, la coca de Sant Joan: un dulce plano, esponjoso, con fruta confitada o piñones, que en Mallorca se vende en cualquier panadería durante los días previos al 23 de junio.

Para beber, cava bien frío. El cava es el marcador simbólico de la noche de Sant Joan más que ningún otro elemento: cuando suenan las doce y las hogueras están en su punto más alto, la botella ya tiene que estar abierta.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA QUE NADA FALLE

La nevera portátil con acumuladores de frío no es opcional. En junio, en Mallorca, con temperaturas que a las diez de la noche pueden seguir por encima de los 25 grados, cualquier alimento proteico —tortilla, croquetas, empanadas con carne— necesita mantenerse por debajo de los cuatro grados para no convertirse en un riesgo. Los recipientes herméticos son la segunda inversión imprescindible: la arena entra en cualquier tupper mal cerrado con una eficiencia admirable.

Un detalle que se olvida con frecuencia: si la noche se alarga hasta las dos o las tres de la madrugada —que en Sant Joan es lo habitual—, hace falta algo dulce para el tramo final, después de las hogueras. La coca, la fruta o el chocolate negro funcionan. Lo que no funciona es haber consumido todo antes de medianoche.

Lo que nadie explica es que el éxito de la cena de Sant Joan no depende del menú elegido, sino de cuánto se ha preparado en casa antes de llegar a la playa. El que improvisa en la orilla come mal. El que llega con la nevera ordenada y los recipientes etiquetados come bien y, además, tiene las manos libres para saltar la hoguera cuando toca.