Bienal de Venecia: Giardini

Instalación artística en el pabellón de países nórdicos en la Bienal

Después del empacho del Arsenale y los pies destrozados, a pesar de la cercanía, tomamos un vaporetto rumbo a Giardini, la sede principal de la Bienal Internacional de Arte de Venecia. El Giardini della Biennale es el parque donde se concentra el núcleo histórico de la Bienal. Fue creado por orden de Napoleón a comienzos del siglo XIX, cuando transformó parte del este de Venecia en jardines públicos, y no lo hizo nada mal. En 1895, allí se celebró la primera Bienal de Venecia, y con el tiempo distintos países comenzaron a construir sus propios pabellones nacionales permanentes. 

Hoy los Giardini reúnen cerca de 30 pabellones históricos y son uno de los centros más importantes del arte contemporáneo mundial. A diferencia del Arsenale, los Giardini tienen una atmósfera más de parque y museo al aire libre, donde cada país presenta su propia exposición nacional. Los países con pabellón permanente son Bélgica, Alemania, Reino Unido, Francia, Países Bajos, Rusia, Estados Unidos, Dinamarca, Finlandia, Canadá, Japón, Australia, Austria, Hungría, Polonia, Suiza, Serbia, España, Grecia, Israel, Venezuela, Egipto, Corea del Sur, Rumanía, Brasil, Uruguay, República Checa y Eslovaquia. 

Además, hay un pabellón central de la propia Bienal donde se organiza parte de la exposición internacional curada en cada edición. Muchos otros países participan en la Bienal, pero sin pabellón fijo. Exponen en el Arsenale o en edificios repartidos por toda Venecia. Tras recorrer la treintena de pabellones entre maravillosos jardines y un paradisíaco canal, les presentamos nuestra selección de las mejores representaciones nacionales. 

ESPAÑA

Oriol Vilanova

“Los Restos”

Partimos por el pabellón de España no porque sea la casa, sino por dos motivos. El primero, porque literalmente es el primero que aparece ante los ojos de los visitantes al entrar al recinto de los Giardini, incluso antes que el pabellón principal de la Bienal donde se exhibe la exposición central “Minor Keys”. El segundo motivo, es porque el artista catalán Oriol Vilanova presenta una de las propuestas más celebradas de esta edición.

Instalación artística en la Bienal de Venecia con múltiples imágenes en las paredes

Comisariada por Carles Guerra, la muestra titulada “Los Restos” se trata de una instalación que cubre todos los muros del inmenso espacio. Se trata de un lugar que cuestiona cómo se construyen los relatos de la historia del arte y cómo se ordena la memoria visual colectiva. Vilanova trabaja desde hace más de dos décadas en la recopilación de un enorme archivo de postales compradas en mercadillos y tiendas de segunda mano, que superan las 25.000 piezas en este montaje de enorme prolijidad.

Esas postales, con motivos de imágenes turísticas, paisajes, monumentos, escenas cotidianas o clichés culturales, se reorganizan en una gran acumulación mural y espacial, donde lo importante no es la pieza aislada sino el conjunto, la repetición y el desgaste del tiempo. De esta manera, el pabellón se convierte en una especie de paisaje saturado de imágenes que remite tanto a un archivo como a un almacén o ruina visual.

Aparecen entonces esas postales como fragmentos de una memoria colectiva, pero también como vehículos de ideología, turismo, propaganda, colonialismo o imaginarios nacionales. La obra obliga a mirar esos objetos, aparentemente menores, con otra atención, desactivando su aparente inocencia. Funciona como una reflexión sobre la acumulación, la fragilidad de la memoria y la manera en que los museos construyen significado. El artista lo activa mediante un sistema abierto, casi infinito, donde el espectador se pierde entre capas de tiempo y repetición.

La propuesta también abre una ventana crítica hacia nuestro mundo contemporáneo dominado por las pantallas y una cultura universal de sobresaturación de imágenes, lo rápido, lo desechable, lo inmediato y lo banal. La obra de Vilanova nos obliga a dejar el móvil de lado y sentarnos en silencio a abrir la caja de los recuerdos con un nudo en la garganta. 

ESTADOS UNIDOS

Alma Allen

“Call me the Breeze”

El pabellón de los Estados Unidos de América está protagonizado por la obra del escultor Alma Allen con una exposición que convierte el espacio en un recorrido inmersivo dedicado a su trabajo escultórico centrado en la materia, la forma y la transformación. Presenta una selección de esculturas en bronce, piedra, madera y materiales volcánicos, combinando piezas nuevas creadas específicamente para la Bienal con trabajos anteriores.

Esculturas en la exposición de Marina Abramovic en la Bienal de Venecia

Su lenguaje formal se caracteriza por formas orgánicas y biomórficas que evocan elementos naturales como rocas erosionadas, cuerpos en mutación o siluetas casi vegetales. El artista genera una relación coherente entre peso y volumen a través de piezas de gran escala que ocupan el espacio exterior y otras más íntimas y experimentales que dialogan en el interior del pabellón.

El eje conceptual de Allen gira en torno a la idea de la materia en estado de cambio, sugiriendo ligereza y fluidez, en contraste con la densidad de los materiales utilizados, severos, pesados, planteando una tensión entre lo sólido y lo etéreo, entre lo artesanal y lo casi espiritual.

La propuesta estadounidense consiste en una escultura profundamente material y sensorial basada en procesos manuales y físicos, pero abierta a una lectura contemporánea sobre la transformación de la materia, reforzando el carácter táctil y casi primitivo de la escultura. Es una declaración de intenciones y una reivindicación de las prácticas clásicas del oficio escultórico dentro de las Bellas Artes tradicionales.

DINAMARCA

Maja Malou Lyse

“Things to come”

Una de las apuestas más escandalosas y comentadas de la Bienal, además de la austríaca, es la instalación inmersiva de la artista Maja Malou Lyse en el espacio del pabellón danés. En ella, combina arquitectura, video, imagen digital y narrativa especulativa para explorar cómo la cultura visual contemporánea influye directamente en la forma en que entendemos el cuerpo, la sexualidad y el futuro.

El punto central de la obra es la relación entre pornografía, ciencia y tecnología, especialmente en cómo las imágenes, incluidas las sexuales, ya no son sólo representaciones, sino fuerzas activas que afectan a la realidad física. La pieza parte de estudios recientes que sugieren que la exposición a estímulos sexuales virtuales podría incluso tener efectos medibles en la biología humana, como la fertilidad masculina.

Instalación artística en la Bienal de Venecia con imágenes de bocas y un pasillo azul

La instalación se presenta como un entorno sintético, donde la arquitectura del pabellón se fusiona con el contenido audiovisual. En colaboración con el estudio Common Accounts y la curaduría de la española Chus Martínez, el espacio se convierte en un ecosistema cerrado semi circular sin esquinas donde el espectador entra en un flujo continuo de imágenes, sonido y ficción científica.

El proyecto toma prestada referencias de la ciencia ficción, incluido el imaginario futurista desde H. G. Welles, para ensamblar una historia pornográfica conceptual como una mezcla entre distopía tecnológica, reflexión biológica y crítica cultural. No trata la sexualidad como tema provocativo aislado, sino como un sistema de poder ligado a la economía de las imágenes digitales. Se centra en una idea clave, que es el futuro del cuerpo humano ya no en la dimensión biológica, sino además en el terreno de lo visual y lo tecnológico, moldeando percepción, deseo y reproducción.

PAÍSES NÓRDICOS (FINLANDIA-NORUEGA-SUECIA)

Benjamin Orlow, Klara Kristalova, Tori Wranes

”How Many Angels Can Dance on the Head of a Pin”

Puede que se trate de una de las propuestas más lúdicas de toda la Bienal el universo que han construido los artistas Benjamin Orlow, Klara Kristalova y Tori Wranes en el amplio y estupendo pabellón compartido por Finlandia, Noruega y Suecia en los Giardini, celebrado por niños y adultos. 

Los creadores nórdicos elaboran un espacio centrado en la mutación, lo corporal y lo mítico, donde la curaduría se ha esforzado por elaborar un único sistema narrativo donde materia, sonido y figura se entrelazan. Benjamin Orlow aporta el eje más arquitectónico y material. Sus esculturas e instalaciones de gran escala evocan ruinas contemporáneas y estructuras en proceso de colapso o reconstrucción. Su obra crea en el impoluto pabellón una sensación de paisaje industrial orgánico, donde lo urbano parece erosionarse y volverse casi biológico, generando una constante tensión entre construcción y descomposición.

Klara Kristalova introduce un registro más íntimo y psicológico a través de sus esculturas cerámicas figurativas. Sus personajes híbridos, entre humanos y criaturas fantásticas, funcionan como presencias ambiguas que remiten a la infancia, el inconsciente y la transformación emocional. Aportan una narrativa silenciosa, reposada, casi como habitantes en un mundo interior fracturado.

El tercero, Toni Wranes, completa este conjunto con una práctica performativa y sonora que altera la percepción del espacio. Sus intervenciones convierten el pabellón en un entorno sensorial cambiante donde la voz, el cuerpo y la acción generan una atmósfera ritual y onírica. Wranes introduce una energía viva que rompe la estabilidad del recorrido expositivo. Entre los tres artistas crean un ambiente donde se funden en una experiencia continua, bien lograda, coherente. El pabellón deja de ser un contenedor neutral para convertirse en un organismo móvil atravesado por imágenes de constante metamorfosis, fragilidad y extrañeza.  El proyecto es además coherente en el diálogo con los imaginarios nórdicos y con cuestiones contemporáneas sobre la identidad y el cuerpo.

AUSTRIA

Florentina Holzinger

“Seaworld Venice”

Florentina Holzinger ha desatado la locura en la Bienal, con filas interminables para ver su espectáculo imposible en el pabellón austríaco, que ha provocado profundas divisiones críticas. Y no es para menos. Mezcla de performance, instalación, ritual físico extremo, humor grotesco y crítica ecológica, ha transformado el espacio en un parque acuático caótico y decadente. 

Performers desnudas, agua reciclada, estructuras metálicas, campanas gigantes, jetskis y cuerpos sometidos a acciones físicas agotadoras son la materia prima de su propuesta. Cada hora, una performance desnuda suspendida dentro de una enorme campana, actúa literalmente como el badajo humano que la hace sonar. Otro elemento es un sistema que recolecta orina de los visitantes, la filtra y la reutiliza como agua dentro de una instalación donde una mujer hace snorkeling. 

Instalación artística de Marina Abramovic en la Bienal de Venecia

Se trata del cuerpo femenino llevado al límite a través del dolor, la resistencia, la sangre, el riesgo físico y la vulnerabilidad. En Venecia lo lleva a una escala casi operística. La pieza habla del colapso climático, del espectáculo contemporáneo y de cómo el cuerpo humano queda atrapado entre entretenimiento, supervivencia y catástrofe ecológica. La campana humana funciona como una alarma física ante el desastre ambiental. 

La recepción crítica ha sido extremadamente polarizada. Muchos la consideran una de las pocas propuestas realmente memorables y radicales de esta Bienal. Otros, ven el proyecto como una confusión entre intensidad física y profundidad conceptual. También ha habido críticas feministas, afirmando que la obra reproduce una economía del espectáculo donde el cuerpo femenino sigue siendo consumido visualmente. Sin embargo, la propuesta de Holzinger ha sido una de las más visitadas, con una viralidad constante de imágenes y videos que la han convertido en un fenómeno cultural y polémico. 

SERBIA

Predrag Djakovic

“Through Golgotha”

El pabellón serbio, a un costado del polémico austríaco, presenta a Predrag Djakovic y su trabajo centrado en la memoria, el trauma histórico y la reconstrucción de la identidad. No es una exposición convencional, sino un entorno que mezcla archivo, instalación y material audiovisual. La obra se articula como un archivo expandido en el que conviven fotografías, documentos, mapas y objetos vinculados a procesos de desplazamiento y pérdida. 

En lugar de ofrecer una narrativa lineal, Djakovic propone fragmentos dispersos que obligan al espectador a reconstruir el sentido de lo que ve, como si se tratara de una memoria rota. Uno de los temas principales es el impacto del trauma histórico y las migraciones forzadas tras el conflicto bélico de los Balcanes. A través de objetos simbólicos como maletas, restos documentales y acumulaciones materiales, la obra aborda la experiencia del exilio y la fragilidad de la identidad individual y colectiva bajo la presión de la historia.

El segundo gran tema es la idea de transformación, sugerida en el concepto de “resurrección”. Más que una referencia religiosa literal, funciona como metáfora de reconstrucción, de la posibilidad de reorganizar lo perdido a través del recuerdo, de la narración y del archivo. Se trata de memoria fragmentada para pensar la historia como algo inestable y en permanente reconstrucción.