10 años sin Prince: el músico que no cabe en ninguna categoría y al que nadie ha sabido reemplazar

Prince Rogers Nelson no murió rodeado de gente. Lo encontraron solo en el ascensor de Paisley Park, su estudio-fortaleza en Chanhassen, Minnesota, la mañana del 21 de abril de 2016. Tenía 57 años. En la autopsia apareció fentanilo —dosis masivas, distribuidas por todo su organismo— procedente de píldoras falsificadas que el músico tomaba creyendo que […]

Prince posando con flores de fondo, mostrando su estilo único.

Prince Rogers Nelson no murió rodeado de gente. Lo encontraron solo en el ascensor de Paisley Park, su estudio-fortaleza en Chanhassen, Minnesota, la mañana del 21 de abril de 2016. Tenía 57 años. En la autopsia apareció fentanilo —dosis masivas, distribuidas por todo su organismo— procedente de píldoras falsificadas que el músico tomaba creyendo que eran Vicodin. No era una historia de excesos ni de decadencia: era la historia de un hombre con dolor crónico en las caderas, consecuencia de décadas bailando sobre tacones de diez centímetros, que confió en medicación sin receta y murió por ello.

Diez años después, el 21 de abril de 2026 marca un aniversario que la industria musical celebra con la inevitable mezcla de reverencia y oportunismo.

QUÉ HIZO PRINCE QUE NADIE MÁS HIZO

La pregunta no es retórica. En una época en que el pop se especializa —artistas de nicho, colaboraciones calculadas, sonidos de temporada—, Prince fue una anomalía estructural. Tocaba más de veinte instrumentos. Producía, mezclaba, componía, diseñaba la escenografía, elegía los tejidos de sus trajes. Grababa de noche, solo, y dejaba instrucciones a los ingenieros para la mañana siguiente. Purple Rain, publicado en 1984, es simultáneamente un álbum de rock, una banda sonora de película, un documento de soul y un manifiesto sexual que —tres décadas más tarde— todavía suena como si hubiera llegado de otro sitio.

Pero no fue solo Purple Rain. Fue la consecuencia de ese álbum: los años en que Prince se permitió ser más extraño, más político, más hermético. Sign ‘O’ the Times (1987) es, según muchos críticos de música, el mejor doble álbum de la era post-Beatles. Lovesexy (1988) se publicó como un único track de noventa y tres minutos porque así lo exigía la experiencia de escucharlo. La industria puso el grito en el cielo. Las ventas fueron menores. A Prince no pareció importarle demasiado.

EL HOMBRE QUE PELEÓ POR SUS MASTERS ANTES DE QUE FUERA UNA TENDENCIA

En 1993, Prince apareció en público con la palabra «SLAVE» escrita en la mejilla. No era performance art abstracto: era una declaración de guerra contra Warner Bros., el sello que controlaba sus grabaciones maestras. Cambió su nombre a un símbolo impronunciable —conocido popularmente como «The Artist Formerly Known as Prince»— y empezó a publicar música directamente a sus fans a través de internet, años antes de que la industria musical entendiera qué era internet.

Ganó esa batalla, al menos parcialmente. Recuperó sus masters de Warner en 2014, dos años antes de morir. Lo que Taylor Swift o los herederos de los Beatles han discutido públicamente en la última década, Prince lo protagonizó en solitario —y en silencio mediático comparativo— veinte años antes.

Es uno de esos datos que el texto podría mencionar de pasada. No merece pasada.

EL VAULT, EL TESTAMENTO QUE NO EXISTIÓ Y LA BATALLA LEGAL

Prince murió intestado. Sin testamento. Para un hombre obsesionado con el control de su obra —que retiró su catálogo de Spotify, que demandó a fans por subir vídeos a YouTube, que guardaba grabaciones en una cámara acorazada climatizada en Paisley Park— la ausencia de cualquier instrucción legal resulta, cuanto menos, desconcertante.

El resultado fue predecible: años de litigios entre su hermana Tyka Nelson y media docena de medio hermanos, con Comerica Bank como administrador del estate. El patrimonio de Prince se estimó inicialmente en más de 200 millones de dólares, aunque las disputas sobre valoración se prolongaron hasta bien entrados los años veinte. Los herederos acordaron en 2022 una estructura de distribución después de años de bloqueo judicial.

Y luego está el vault. Estimado en más de 500 grabaciones inéditas —hay quien eleva la cifra hasta mil, aunque eso no puede verificarse con fuentes públicas—, el archivo de Paisley Park representa uno de los legados musicales sin publicar más grandes de la historia del pop. Desde su muerte se han lanzado algunas reediciones y un puñado de temas inéditos, pero la apertura sistemática del catálogo no ha llegado. A quienes esperaban una avalancha pòstuma de material, el estate ha respondido con cuentagotas.

LA CRISIS DEL FENTANILO QUE PRINCE NO PUDO NOMBRAR

Cuando Prince murió, la crisis de opioides en Estados Unidos llevaba años acelerándose —aunque todavía no dominaba los titulares con la intensidad que adquiriría después. Su muerte fue, entre otras cosas, un momento de inflexión informativa: un rostro conocido para una epidemia que hasta entonces la opinión pública asociaba con comunidades rurales, con otros.

El fentanilo que mató a Prince era sintético, cien veces más potente que la morfina, y venía en pastillas que imitaban a Vicodin. No procedía de una prescripción médica. La Agencia Antidrogas estadounidense (DEA) concluyó que no pudo determinarse con certeza el origen de las píldoras ni quién las suministró. Nadie fue procesado.

En el año de su décimo aniversario, el fentanilo sigue siendo la principal causa de muerte por sobredosis en Estados Unidos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de 73.000 personas murieron por sobredosis de opioides sintéticos en 2022, la cifra más alta registrada hasta entonces. La crisis que Prince encarnó, sin quererlo, no ha remitido.

QUÉ QUEDA DIEZ AÑOS DESPUÉS

Lo que no queda es un sucesor claro. Varios artistas han absorbido fragmentos de su estética —The Weeknd tomó prestada su teatralidad oscura, Bruno Mars recuperó su funk de los ochenta, Janelle Monáe heredó su ambigüedad de género y su rigor de productor—, pero ninguno de ellos ocupa el mismo espacio. Porque el espacio de Prince no era un sonido: era una postura ante la música popular que combinaba virtuosismo instrumental, control absoluto de la producción, provocación sexual sin humor irónico y una relación casi religiosa con el directo.

Sus conciertos duraban cuatro horas. Con frecuencia más. Y el público no se iba.

La muerte de Prince en 2016 no fue solo la pérdida de un artista. Fue el cierre de una forma de entender la autoría musical —el músico como entidad total, sin delegar, sin colaboraciones corporativas, sin imagen gestionada por terceros— que ya era una anomalía en vida y que, desde su muerte, no ha encontrado equivalente.

¿De qué murió exactamente Prince? De una sobredosis accidental de fentanilo. El músico ingirió píldoras falsificadas que imitaban a Vicodin pero contenían fentanilo sintético en dosis letales. La autopsia del Condado de Carver (Minnesota) lo confirmó el 2 de junio de 2016. No hubo intención suicida.

¿Cuántos álbumes grabó Prince? 39 álbumes de estudio entre 1978 y 2015, además de bandas sonoras, álbumes de colaboración y material en directo. Su primer disco, For You, llegó cuando tenía 19 años. El último, HITnRUN Phase Two, se publicó en diciembre de 2015, cuatro meses antes de su muerte.

¿Qué pasó con el catálogo inédito de Prince? El llamado vault de Paisley Park contiene centenares de grabaciones inéditas, aunque la cifra exacta no ha sido confirmada oficialmente. Desde 2016, el estate ha publicado reediciones y algunos temas, pero no ha ejecutado una apertura sistemática del archivo. La gestión del legado ha estado condicionada por años de disputas judiciales entre los herederos.

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