Veinte años del primer tuit: la historia de cómo Twitter cambió el mundo y cómo Elon Musk cambió Twitter

Hace veinte años, el 21 de marzo de 2006, Jack Dorsey tecleó "just setting up my twttr" y sin saberlo inauguró una nueva gramática de la comunicación pública. Dos décadas de política, escándalos, revoluciones y un magnate que mató al pájaro azul para enterrarlo bajo una X.
Captura del primer tuit publicado por Jack Dorsey en Twitter.
El primer tuit de Jack Dorsey marcó el inicio de Twitter. Un hito en la comunicación moderna.

Siete palabras. Eso fue todo. El 21 de marzo de 2006, Jack Dorsey —entonces un diseñador de 29 años dentro de una empresa de podcasting llamada Odeo— publicó el primer tuit de la historia con el mensaje «Just setting up my twttr», sin vocales, sin mayúsculas, sin demasiadas esperanzas de que aquello fuera a llegar muy lejos. Hoy, dos décadas después, esa frase vale 2,9 millones de dólares —precio al que Dorsey la vendió como NFT en 2021— y la plataforma que nació de ella ha transformado guerras, elecciones, mercados financieros y la propia definición de lo que significa estar informado.

Pocas veces en la historia reciente una idea tan aparentemente trivial —escribir mensajes cortos como si fueran SMS pero visibles para todo el mundo— ha derivado en un instrumento tan poderoso y tan perturbador al mismo tiempo.

EL FRACASO QUE LO HIZO POSIBLE

Twitter no nació de una visión luminosa en un garaje de Silicon Valley, sino del naufragio de otro proyecto. Odeo, la empresa donde Dorsey trabajaba junto a Evan Williams, Biz Stone y Noah Glass, había apostado por el podcasting, pero Apple anunció que iTunes incorporaría su propia plataforma de audio y dejó a Odeo sin suelo bajo los pies. Los fundadores necesitaban reinventarse. Y rápido.

Fue entonces cuando Dorsey propuso usar el protocolo SMS para crear conversaciones entre pequeños grupos de personas. La idea se llamó primero Twiiit, luego Twich, luego Stat.us. Fue Noah Glass quien eligió finalmente «Twttr», imitando el trino de un pájaro, siguiendo la tendencia de las startups de la época de suprimir las vocales de sus nombres —Flickr, Tumblr, Scribd.

El primer tuit se publicó el 21 de marzo, pero la plataforma no se abrió al público hasta el 15 de julio de ese mismo año. Desde aquel lanzamiento, la red ha crecido hasta generar alrededor de 65 millones de tuits diarios y contar con más de 500 millones de usuarios registrados.

LOS AÑOS DEL PÁJARO AZUL: TRAICIONES, HASHTAGS Y PODER

Crecer rápido y a golpes. Eso hizo Twitter durante su primera década. En 2007 la plataforma pasó de 20.000 a 70.000 tuits al día y ganó el premio South by Southwest Web Award en la categoría de blog. Ese mismo agosto, un usuario llamado Chris Messina inventó por accidente el hashtag al querer organizar conversaciones por grupos temáticos. Nadie en la empresa lo había pensado. Lo creó un usuario. Así de viva era aquella plataforma.

Pero dentro de la compañía el ambiente era otra cosa. Williams terminó expulsando a Dorsey del cargo de CEO, y el nombre de Noah Glass fue borrado deliberadamente de la historia oficial de Twitter. El pajarito azul tenía plumas, pero también uñas. Para 2009, con Evan Williams al timón, el número de usuarios únicos creció un 1.300% y pasó de 5 a 71 millones.

En paralelo, Twitter se convertía en algo que nadie había diseñado del todo: una plaza pública global en tiempo real. Las revoluciones árabes de 2011 se coordinaron y documentaron en sus líneas de tiempo. Barack Obama ganó adeptos y votos en sus 140 caracteres. Los mercados financieros aprendieron a temblar ante ciertos tuits. Y la prensa, incapaz de ignorarlo, acabó citándolo como si fuera una fuente oficial.

Era una red que amplificaba tanto las mejores como las peores pulsiones humanas. Y eso, tarde o temprano, siempre pasa factura.

LA LLEGADA DE MUSK: 44.000 MILLONES Y EL FIN DEL PÁJARO

El 27 de octubre de 2022 fue el día que Twitter dejó de ser Twitter, aunque aún tardara unos meses en saberlo. Elon Musk completó ese día la adquisición de la plataforma por 44.000 millones de dólares, tras meses de idas y venidas que incluyeron una reestructuración del consejo y un intento fallido de echarse atrás en la compra.

Lo que vino después fue veloz y convulso. Musk despidió a los principales ejecutivos y a gran parte de la plantilla, reinstauró la cuenta del expresidente Donald Trump, y convirtió el check azul de verificación —antes símbolo de relevancia pública— en un producto de pago de ocho dólares mensuales.

En julio de 2023 mató al pájaro. Literalmente. El logo azul fue sustituido por una X, y las palabras «tuit» y «retuit» fueron eliminadas del vocabulario oficial de la plataforma. Musk llamó a aquello liberación. Muchos lo llamaron de otra manera.

Los números contaron su propia historia. Entre agosto de 2022 y agosto de 2023, los usuarios diarios activos cayeron un 9%, mientras el resto de plataformas —Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat— crecieron en ese mismo periodo. Los ingresos publicitarios, que rondaban los 4.140 millones de dólares en 2022, se contrajeron hasta los 2.900 millones en 2023, según estimaciones de Insider Intelligence. Y el valor de la empresa, que Musk compró por 44.000 millones, cayó a unos 15.000 millones según estimaciones de la firma Fidelity.

Pero la plataforma no murió. Agonizó, se reinventó a trompicones y siguió ahí.

UNA RED QUE RESISTE, AUNQUE YA NO SEA LA MISMA

Veinte años después del primer tuit, X —como se llama ahora— sigue siendo el lugar al que el mundo acude cuando ocurre algo. Más del 60% de sus usuarios afirma utilizarla principalmente para mantenerse informado, una cifra que ninguna otra red social iguala. El perfil dominante sigue siendo el de un varón de entre 18 y 34 años, pero la base global es más diversa y más difícil de clasificar que nunca.

En 2025, X contaba con más de 611 millones de usuarios activos mensuales, una cifra que sus propios datos internos inflan con metodologías que los analistas independientes no siempre validan. Sea cual sea el número real, la plataforma genera más de 500 millones de publicaciones diarias y sigue siendo, para bien y para mal, el termómetro más rápido del estado del mundo.

Lo que se perdió en el camino es más difícil de cuantificar. El sentido de comunidad de los primeros años, la sensación de que cualquier usuario con una idea podía captar la atención del planeta, la promesa de que 140 caracteres eran suficientes para decir algo que importaba. Todo eso existió. Y algo de ello todavía subsiste, aunque enterrado bajo capas de algoritmos, polarización y cambios de marca.

El pájaro azul ya no vuela. Pero el impulso que lo creó —la necesidad humana, profunda e irrenunciable, de decir algo al mundo en el menor tiempo posible— sigue tan vivo como hace veinte años.

MÁS ARTICULOS