Hasta 1990, Lujiazui era barro, almacenes y astilleros. Hoy concentra la mayor densidad de superrascacielos del planeta y una de las postales urbanas más reproducidas del mundo. Todo eso ocurrió en poco más de tres décadas, en la orilla equivocada del río.
POR QUÉ ESTE SKYLINE NO SE PARECE A NINGÚN OTRO
La clave está en la geografía y en una decisión política. El río Huangpu parte la ciudad en dos: al oeste, el Bund (Waitan), el malecón colonial donde bancos británicos, franceses y estadounidenses levantaron sus sedes entre 1900 y 1937; al este, Pudong, que Deng Xiaoping declaró zona de desarrollo prioritario en 1990.
El resultado es un duelo visual sin equivalente. Un siglo de arquitectura neoclásica y art déco mirando de frente a tres torres que suman más de kilómetro y medio de altura acumulada. Nadie diseñó esa simetría. Simplemente pasó.
EL EDIFICIO MÁS ALTO: SHANGHAI TOWER, 632 METROS


La Shanghai Tower es el edificio más alto de China y uno de los tres más altos del mundo: 632 metros y 128 plantas, proyectada por el estudio estadounidense Gensler y rematada en 2015. Su forma retorcida —gira 120 grados sobre su propio eje— no es capricho estético: reduce la carga del viento en torno a un 24 %, un dato decisivo en una ciudad que recibe tifones cada verano.
Su doble fachada de cristal crea nueve atrios verticales que funcionan como plazas suspendidas. Y como aislante térmico.
El mirador de la planta 118, llamado Shanghai Summit, está a 546 metros sobre la calle y es el observatorio interior más alto del mundo abierto al público. La entrada general ronda los 180 yuanes (unos 22 euros), con tarifa reducida de 120 yuanes para estudiantes y mayores de 60 años, en horario aproximado de 8:30 a 21:30. Por unos 88 yuanes más se accede a las plantas 125 y 126, donde se exhibe el amortiguador de masa sintonizada, el contrapeso que frena el balanceo de la torre durante los tifones.
Se sube en el ascensor más rápido del mundo: 20,5 metros por segundo, unos 73,8 km/h, fabricado por Mitsubishi. Cincuenta y cinco segundos hasta el cielo.
LAS OTRAS TRES TORRES: CUÁL MERECE LA ENTRADA


Jin Mao Tower (420,5 metros, 88 plantas, 1999) es la más elegante del conjunto: un guiño explícito a la pagoda china traducido a acero y cristal. Su mirador de la planta 88 pierde en altura, pero gana en algo que la Shanghai Tower no puede ofrecer: desde ahí se ve la Shanghai Tower.
El Shanghai World Financial Center —492 metros, apodado el abrebotellas por su abertura trapezoidal— tiene el mirador visualmente más espectacular, con pasarelas de suelo transparente a 474 metros. Atención: figura como cerrado por obras de renovación desde 2023, así que conviene verificar su estado antes de contar con él.
La Torre Perla Oriental (468 metros, 1994) es la más antigua, la más kitsch y la más querida por los locales. Sus esferas rosadas envejecieron mal en las revistas de arquitectura y bien en el imaginario popular. La entrada de dos esferas cuesta unos 199 yuanes, e incluye la plataforma a 263 metros y el mirador de suelo de cristal a 259; por 220 yuanes se añade el módulo espacial a 351 metros. En su base, el Museo de Historia de Shanghái explica gratis lo que las torres callan.
LA MEJOR VISTA NO SE PAGA

Paradoja del turismo vertical: el mejor encuadre del skyline está a nivel del suelo. Desde el paseo del Bund, al atardecer, con las torres encendiéndose sobre el agua. Es gratis, está siempre lleno y funciona.
Las alternativas: el ferry público que cruza el Huangpu por unos pocos yuanes, muy superior en relación calidad-precio a los cruceros turísticos; las azoteas-bar de los hoteles del Bund; y el mirador de la Bund Sightseeing Tunnel si se busca algo genuinamente extravagante.
CÓMO ENTRAR: EL VISADO YA NO ES EXCUSA
China mantiene la exención unilateral de visado para los titulares de pasaporte ordinario español, prorrogada hasta el 31 de diciembre de 2026, con un máximo estricto de 30 días consecutivos por entrada. Quien viaje con un itinerario multipaís puede acogerse además al tránsito sin visado de 240 horas, vigente en Shanghái y en otras 23 provincias, siempre con billete confirmado hacia un tercer país.




