Vivir en el Mediterráneo no es sinónimo de inmunidad frente al polen. Baleares tiene su propio mapa alergénico, con especies autóctonas y ornamentales que activan los síntomas de miles de personas cada año, y esta primavera de 2026 no promete tregua.
La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) ha situado al litoral mediterráneo —Baleares incluida— entre las zonas con previsión de niveles leves de gramíneas, por debajo de los 2.000 granos por metro cúbico, frente a los más de 7.000 que se esperan en Madrid, Extremadura o Sevilla. Almería, Cádiz, Málaga, Baleares, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y el norte peninsular no superarán los 2.000 granos por metro cúbico de gramíneas. La cifra da cierta ventaja comparativa, pero no absuelve a las islas. Aquí, otros pólenes toman el relevo.
EL PERFIL POLÍNICO DE LAS ISLAS, EXPLICADO ESPECIE POR ESPECIE
En el litoral mediterráneo, que engloba Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana y Murcia, los pólenes más relevantes durante la primavera son la parietaria, las gramíneas, el olivo y el plátano de sombra. Esta combinación dibuja un calendario de exposición secuencial, donde raramente hay un mes de descanso real para el alérgico.

La parietaria —esa planta menuda que brota entre muros, grietas y aceras de los pueblos de interior— es quizás el alérgeno más característico del arco mediterráneo y, por extensión, de Mallorca, Menorca e Ibiza. Las urticáceas, como la parietaria y la ortiga, tienen su máxima polinización entre abril y agosto. Cinco meses de exposición continuada para quienes están sensibilizados a ella. Un periodo que casi nadie llama «leve» si lo vive desde dentro.
El olivo, omnipresente en el paisaje balear, lanza su carga entre mayo y junio con picos que en zonas con alta densidad arbórea pueden ser significativos. Y el plátano de sombra —tan frecuente en los paseos y calles de Palma como en las grandes ciudades peninsulares— concentra su polinización en pocas semanas de marzo y abril, pero con una intensidad que sorprende a quienes no la anticipan.
Las gramíneas también están presentes, aunque en menor concentración que en el interior peninsular. Su periodo de polinización se extiende de abril a julio, y pueden localizarse en el césped, los parques, los campos y los bosques. En un archipiélago con zonas rurales activas y campos de golf, la exposición es más cotidiana de lo que sugieren los datos provinciales.
CUÁNDO EMPIEZA Y CUÁNDO TERMINA: EL CALENDARIO MES A MES
La temporada alergénica en Baleares no tiene un arranque único. Empieza antes de lo que muchos pacientes esperan.
Febrero-marzo: El ciprés y otras cupresáceas abren el año para los alérgicos. El plátano de sombra se incorpora a partir de mediados de marzo, con picos cortos pero contundentes en las zonas urbanas de Palma y los municipios más poblados.
Abril-mayo: Llega el grueso de la temporada. Las gramíneas alcanzan su máxima concentración, el olivo empieza a liberar polen y la parietaria, ya activa desde semanas antes, se consolida como amenaza persistente.
Junio-agosto: La parietaria prolonga la exposición hasta bien entrado el verano, un rasgo distintivo del perfil mediterráneo que diferencia a Baleares de las zonas del interior, donde la temporada suele cerrarse antes.
Este año, además, el patrón se ha adelantado. Las temporadas de polinización ya no se limitan a la primavera y tienden a comenzar antes debido al aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones meteorológicos, mientras que diversos estudios apuntan a que la temporada de polen podría prolongarse cerca de un 19% y que la concentración anual de granos en el aire podría aumentar entre un 16% y un 40%. Para quien ya lleva semanas con síntomas en marzo, ese dato no es una abstracción estadística.

EL FACTOR QUE LO COMPLICA TODO: CAMBIO CLIMÁTICO Y CONTAMINACIÓN
Las islas no son ajenas a la tendencia que los alergólogos describen como una verdadera aceleración del riesgo. Pedro Ojeda, alergólogo y coordinador de la Comisión de Comunicación de la SEAIC, advierte que la mayor duración e intensidad de la exposición a pólenes aumenta la oferta alergénica al sistema inmunitario, mientras que los contaminantes ambientales actúan como disruptores de las barreras cutáneo-mucosas, haciendo el epitelio más permeable al paso de alérgenos.
El resultado práctico: las personas que antes toleraban niveles moderados de polen ahora reaccionan antes y con más intensidad. Y quienes nunca habían desarrollado alergia empiezan a hacerlo. Las enfermedades alérgicas ya afectan a cerca del 35% de la población española y podrían alcanzar el 50% en el futuro, según la SEAIC.
Esto no es alarmismo. Es biología.
DIEZ MEDIDAS PRÁCTICAS PARA REDUCIR LA EXPOSICIÓN EN LAS ISLAS
El tratamiento farmacológico —antihistamínicos como cetirizina, ebastina o loratadina; corticoides nasales; colirios— sigue siendo la primera línea de defensa para la mayoría. Pero la gestión del entorno marca la diferencia entre una primavera llevadera y semanas de miseria respiratoria.
En casa: Se recomienda ventilar el hogar solo por la mañana y por la noche, evitando mantener las ventanas abiertas durante todo el día, especialmente en zonas altas donde el polen circula con mayor facilidad. No tender ropa al exterior es igual de importante: las prendas actúan como imanes de polen, ya que los tejidos modernos, al estar expuestos al sol y al aire, se cargan electromagnéticamente y atraen partículas que después se introducen en la vivienda.
En la calle: Las horas de mayor polinización van de las 05:00 a las 10:00 y de las 19:00 a las 22:00, por lo que conviene evitar salir durante esas franjas cuando los niveles son altos. Si el plan es hacer ejercicio, mejor alejarse de parques y jardines en los picos de polinización. En caso de salida inevitable, las mascarillas FFP2 y las gafas de sol reducen significativamente la exposición.
Con lentillas: quien las use debe valorar suspenderlas en los días de alta concentración polínica. El polen acumulado alrededor de la lente puede provocar daño ocular serio, según advierten los especialistas.
En el coche: ventanillas cerradas y filtro de aire del habitáculo revisado. Un detalle menor que marca una diferencia notable en los trayectos largos por el interior de la isla.
A largo plazo: la inmunoterapia —vacuna de la alergia administrada por vía sublingual o subcutánea en dosis progresivas— puede lograr en algunos casos que la alergia desaparezca tras varios años de tratamiento. Es la única opción que actúa sobre la causa y no solo sobre los síntomas. Pide cita con el alergólogo antes de que llegue la temporada, no en plena crisis.









