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Palma ciudad dormida

Ddespierta Palma como una ciudad, con el sueño y la legaña mañanera, lo malo es que no son las 6 de un nuevo día, ya han pasado varias horas desde el amanecer.
La gente resignada va ha comprar ataviada de mascarillas, guantes, gorros y liquido desinfectante para las manos. Los pasajeros del transporte publico miran por las ventanillas el mundo apocalíptico que un día deslumbraron tras una película de acción. Desde los balcones se observa la vida del confinamiento, como se puede imitar un tour de Francia con una bicicleta estática y un ventilador o tumbarse en una hamaca con bañador para tomar el sol.

Paseos ilegales artos de la oscuridad de un hogar toman el sol en un banco de la muralla. Los trabajos de limpieza se realizan con más aparatosidad de lo normal ya que los trajes dan muchísimo calor. Las verjas cerradas de las tiendas poseídas por alguna telaraña piden su apertura. Los monumentos, antes abarrotados de turistas, suplican con sus mejores galas una fotografia.

Un ticket nos enseña los productos de primera necesidad de alguien con problemas con las cucarachas y es que quizá ellas, como se decía hace apenas unos meses, serán las únicas que sobrevivan al fin del mundo.

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