Lo primero es darte la enhorabuena por la nominación en la segunda edición de los MEM Awards…
Muchas gracias. Siempre hace ilusión que se valore el trabajo que hay detrás de un proyecto y agradezco la nominación. Al final, este tipo de iniciativas ayudan a dar visibilidad a los artistas y eso siempre es positivo. Dicho esto, para mí el mayor premio sigue siendo poder dedicarme a lo que me gusta, sacar música que conecte con la gente y seguir creciendo paso a paso.
¿Cómo nació tu relación con la música?
La música siempre ha estado muy presente en mi vida. Mi abuelo es cantante y mi madrina tiene una discoteca, así que de una forma u otra siempre he convivido con ella. Pero, curiosamente, de pequeño también me fascinaba todo lo relacionado con la tecnología: los botones, las luces y cualquier aparato que pudiera trastear.
Cuando descubrí el mundo del deejay encontré la combinación perfecta entre esas dos pasiones. Ahí fue cuando empecé a interesarme cada vez más por la música electrónica y, poco a poco, acabó convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida.

¿Y cuándo empezaste a pinchar?
Empecé muy joven. Con unos 12 años ya estaba haciendo mis primeras mezclas con unos reproductores y, un par de años después, di el salto a los platos de vinilo. Es algo de lo que sigo muy agradecido porque me obligó a aprender la parte más técnica de la profesión. Siempre he sido un apasionado de ese aspecto y creo que haber pasado por el vinilo me dio una base muy sólida que todavía hoy valoro muchísimo.
Mi primer bolo, si no me falla la memoria, fue en una fiesta en la playa cuando tenía unos 15 años. La verdad es que no pasó nada especialmente extraordinario, pero sí recuerdo la ilusión de poder compartir la música con la gente por primera vez.
¿Y a producir?
Empecé a producir por una necesidad de seguir desarrollando mi lado creativo. Pinchar me apasionaba, pero sentía que también quería crear algo propio y contar mi historia a través de la música.
Con 16 años publiqué mi primera canción dentro de un álbum de varios artistas. La verdad es que, ver que ese trabajo llegaba a ver la luz fue una motivación enorme. A partir de ahí tuve claro que quería seguir formándome, aprendiendo y evolucionando como productor, algo que sigo haciendo a día de hoy.
Por cierto, ¿Por qué Lord of Alchemy?
Lord of Alchemy representa un antes y un después en mi carrera. Es el proyecto con el que cierro una etapa y doy paso a una versión mucho más madura de mí como artista. En mis primeros años hacía música principalmente a través del sampling, la programación de ritmos y el diseño de sonidos con efectos. Pero llegó un momento en el que sentí la necesidad de profundizar mucho más.
Pasé cerca de tres años completamente obsesionado con la teoría musical y, sobre todo, con la síntesis de sonido. Ese proceso cambió por completo mi forma de entender la producción y fue ahí donde nació Lord of Alchemy.
La realidad es que nunca le he dado demasiada importancia al nombre en sí. Este proyecto nació sin expectativas, simplemente por la necesidad de hacer la música que realmente quería hacer. Si el nombre tiene algún significado, no es por la etiqueta, sino por todo lo que representa ese momento de evolución, aprendizaje y crecimiento como productor.
Como Lord of Alchemy habré publicado entre 15 y 20 temas hasta la fecha. Si cuento mi proyecto anterior, la cifra ronda las 200 publicaciones entre originales y remixes. Además, trabajo como productor adicional y como ingeniero de mezcla y mastering para otros artistas, así que cada año pasan por el estudio alrededor de 500 canciones.


Cuentas con el apoyo de grandes artistas, como un Joris Voorn que es asiduo a pinchar tus temas…
El apoyo de Joris Voorn ha sido muy importante para mí, especialmente por la continuidad con la que ha pinchado mi música. Con este proyecto también he tenido la suerte de recibir el apoyo de MRAK, Agents Of Time, Final Request, Innellea, David Guetta, Tiësto y Don Diablo, entre otros.
Siempre hace ilusión que artistas a los que admiras confíen en tu trabajo, pero también lo entiendo como una responsabilidad para seguir evolucionando y mantener un nivel en cada lanzamiento.
¿Cuándo empezó a cambiar todo?
Creo que uno de los primeros puntos de inflexión llegó cuando tenía 18 años. En un proyecto anterior, UMEK firmó una de mis canciones para 1605. En aquel momento era un sello con mucho peso dentro de la escena y aquello me abrió muchas puertas para publicar en otras discográficas importantes.
Más allá de las oportunidades que surgieron, lo que realmente cambió fue la confianza. Ver que alguien con esa trayectoria apostaba por mi música me dio un extra de motivación y adrenalina para seguir trabajando y tomándome la producción todavía más en serio.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiera aprender a pinchar?
Que no intente hacer lo mismo que hacen los demás. Siempre hay algo que mejorar: preparar mejor la música, perfeccionar el beatmatch, trabajar las transiciones, aprender a mezclar con más de dos canales, hacer scratch o desarrollar cualquier habilidad que te haga ser mejor que ayer.
Para mí, un deejay que deja de practicar es como una banda que siempre toca el mismo repertorio sin ensayar.
Para acabar, ¿Qué planes de futuro tienes?
Mi principal objetivo es seguir creciendo en el estudio. Quiero seguir desarrollando mi trabajo como ingeniero de mezcla y mastering, colaborar en proyectos cada vez más grandes y trabajar con artistas que me sigan suponiendo nuevos retos. Y, por encima de todo, seguir aprendiendo e intentando ser un poco mejor cada día.
FAST CHECK
- Un deejay: Cristian Varela
- Un productor: Skrillex
- Un tema: “Portal” de Rebüke
- Un estilo que no sea electrónica: pop
- Un club: UNVRS
- Un festival: Awakenings
- Una comida: Multipaste de Alcapone
- Una bebida: Cola Zero
- Una película: “Bohemian Rhapsody” (Bryan Singer, 2018)
- Una serie: “Entourage”
- Un lugar para perderse: Thomann Music Store



