Olvídate por un momento de las calas turquesas y el sol de agosto. El verdadero corazón de Mallorca late con fuerza en invierno. Es ahora, cuando el humo de las chimeneas se mezcla con la niebla de la Serra de Tramuntana, cuando la isla ofrece su cara más auténtica y exclusiva. Con el auge del vino local conquistando Europa y las fiestas de Sant Antoni a la vuelta de la esquina, te proponemos un plan irresistible: redescubrir la Mallorca de interior a través de sus bodegas, sus rutas de montaña y su gastronomía de cuchara.
EL RENACER DEL VINO MALLORQUÍN: ENOTURISMO DE CLASE MUNDIAL

No es casualidad que el Consell de Mallorca haya decidido doblar su apuesta por el vino isleño en la feria ProWein 2026. Las Denominaciones de Origen Binissalem y Pla i Llevant están viviendo una edad de oro. Para el residente o el visitante invernal, esto se traduce en una oferta de enoturismo sofisticada y accesible.
Visitar una bodega en enero o febrero tiene un encanto especial. Sin las aglomeraciones del verano, los viticultores ofrecen catas íntimas donde el protagonista es el Manto Negro o el Callet. Bodegas en Santa Maria, Consell o Felanitx han adaptado sus terrazas con estufas y zonas acristaladas para disfrutar del paisaje de viñedos dormidos mientras se degusta un vino tinto con cuerpo, ideal para las bajas temperaturas. El enoturismo ya no es solo beber vino; es entender el paisaje y la historia de la isla.
SANT ANTONI Y LOS ‘FOGUERONS’: EL FUEGO QUE UNE A LA ISLA







Si hay un evento que marca el calendario invernal es la fiesta de Sant Antoni. A mediados de enero, pueblos como Sa Pobla, Manacor y Artà se transforman. Pero la fiesta ha trascendido lo local para convertirse en un fenómeno cultural que atrae a gente de toda la isla.
La clave para disfrutar de los foguerons (hogueras) en 2026 es la planificación. La gastronomía aquí es la reina: la espinagada (de lomo o anguila) y las sobrasadas asadas al fuego son experiencias obligatorias. Participar en estas fiestas es conectar con la Mallorca ancestral, la de los dimonis y las glosas. Es una experiencia inmersiva de cultura popular que ofrece una calidez humana imposible de encontrar en la temporada turística alta. No seas un mero espectador; únete a las torradas vecinales y vive la fiesta desde dentro.
SENDERISMO EN LA SERRA: LA MEJOR ÉPOCA DEL AÑO

Con noticias recientes sobre las primeras nieves o el frío intenso en las cumbres, la Serra de Tramuntana (Patrimonio de la Humanidad) se convierte en el gimnasio natural más bello del Mediterráneo. El invierno es la única época segura para acometer rutas exigentes sin sufrir golpes de calor.
La Ruta de Pedra en Sec (GR-221) ofrece etapas perfectas para enero. Desde el embalse de Cúber hasta el Puig de l’Ofre, o la clásica subida al Castillo de Alaró, el paisaje verde intenso, el musgo y los torrentes cargados de agua ofrecen una estampa casi atlántica. Es fundamental, eso sí, ir bien equipado y consultar siempre la meteorología local antes de salir, ya que el clima en montaña cambia rápidamente. Terminar la ruta con un arròs brut en un restaurante de pueblo es la recompensa final perfecta.
GASTRONOMÍA DE CUCHARA Y PRODUCTO DE TEMPORADA
El invierno mallorquín se come con cuchara. Los restaurantes de interior, los famosos cellers de Inca o Sineu, recuperan recetas que reconfortan el alma. El ‘arròs brut’, las sopas mallorquinas o el frito de matanzas son platos contundentes diseñados para combatir el frío y aprovechar el producto local.
Esta temporada 2026, se observa una tendencia en la restauración local: la vuelta al origen. Muchos chefs están recuperando variedades locales de legumbres y verduras para sus platos de invierno. Buscar estos establecimientos donde se prioriza el producto de «kilómetro cero» no solo garantiza una experiencia culinaria superior, sino que apoya directamente a los payeses que mantienen vivo el paisaje rural de la isla.









