La primera vez que entras al Prado, lo normal es que te pase algo muy humano: te abrume. Tantas salas, tantos nombres propios, tanta historia colgada con marco dorado. La visita virtual del Museo del Prado viene a hacer lo contrario: quitar ruido, regalar tiempo y permitir algo casi subversivo en un museo famoso… mirar despacio.
¿QUÉ OFRECE LA VISITA VIRTUAL DEL MUSEO DEL PRADO?
Un museo en 360º, planta por planta
La propuesta principal es clara: pasear por el Prado recorriendo plantas baja, primera y segunda mediante panorámicas 360º que muestran obras y disposición real en sala. Es, literalmente, caminar con el ratón (o el dedo) por pasillos y estancias, con rutas sugeridas y un minimapa para saltar de un punto a otro.
El “superzoom” y la tecnología gigapíxel
Aquí llega la parte adictiva: además del paseo, puedes entrar en una selección de 89 obras digitalizadas en gigapíxel, incluyendo 5 esculturas en 3D-Photo. La tecnología —asociada a Second Canvas— permite acercarte a detalles con una nitidez que, en la sala física, te impediría el propio sentido común (y las barreras). Se ven pinceladas, transparencias, arrepentimientos y minucias que suelen pasar de largo entre codazos turísticos.
CÓMO NAVEGAR SIN PERDERTE (NI PERDER EL GUSTO)
Tres formas de moverse por la visita libre
El Prado lo plantea con una lógica sencilla: minimapa para teletransportarte por plantas y salas, flechas que te llevan por un itinerario sugerido y miniaturas de panorámicas para elegir el siguiente salto. La sensación es la de un museo “domesticado” a tu ritmo: hoy cinco minutos; mañana, una hora entera sin prisas.
Diez recorridos temáticos con audio
Si prefieres que alguien te lleve de la mano (sin empujarte), hay diez recorridos por la colección: selecciones temáticas que empiezan con una introducción locutada y luego te invitan a entrar en cada obra. “Obras maestras”, “Un paseo por el Olimpo”, “La mirada del artista”… títulos que funcionan como excusa para aprender sin sentir que estás en un examen.
Un consejo práctico que casi nadie hace
Mejor en pantalla grande. La visita virtual luce más en ordenador o tablet. Y si te apetece alternar dispositivos, el sistema permite enviar un enlace de acceso por correo para abrirlo en un segundo aparato (con un límite de dos dispositivos). Ideal para quien quiere el mapa en una pantalla y el detalle gigapíxel en otra.
LO QUE NO VES (Y POR QUÉ NO ES UN PROBLEMA)
No todo está digitalizado, y el museo cambia
Hay honestidad en la letra pequeña: la digitalización se realizó entre noviembre de 2022 y marzo de 2023, y desde entonces el museo sigue moviendo obras por montajes, préstamos o restauraciones. Resultado: la visita virtual no siempre coincide al 100% con la visita física. Además, por motivos de tiempo, no se incluyeron la planta sótano ni el Tesoro del Delfín. Aun así, el resto de plantas sí recoge salas y espacios con obra de colección, incluyendo zonas de paso.
La emoción es distinta… pero el aprendizaje puede ser mejor
El Prado real tiene escala, silencio y esa tensión leve de estar ante algo irrepetible. En digital, pierdes cuerpo, pero ganas otra cosa: repetición. Volver a una obra tres veces, comparar detalles, leer con calma, escuchar un audio sin sentir que estorbas. Y, de paso, democratizar un lujo: que el arte no dependa de billetes de avión ni de horarios.
UN PRADO DIGITAL CON HISTORIA (ANTES DE QUE FUERA MODA)
Mucho antes de que “virtual” se convirtiera en palabra comodín, el Prado ya probaba caminos: en 2009 presentó con Google un proyecto para ver 14 obras maestras en mega alta resolución a través de Google Earth, con niveles de detalle pensados para estudiar lo que el ojo no pesca a simple vista. Era una declaración de intenciones: el museo como institución pública también se juega su futuro en la pantalla.









