Peratallada: el pueblo medieval que detiene el tiempo en el Baix Empordà

En el corazón del Baix Empordà, a pocos kilómetros de Pals y de la Costa Brava, Peratallada detiene el tiempo entre murallas literalmente talladas en la roca. Un núcleo medieval declarado Conjunto Histórico-Artístico que sobrevive con el patrimonio intacto y una fotogenia imposible de fingir.
Calle empedrada en un pueblo del Pirineo catalán con plantas

En el interior de la Costa Brava, donde el turismo de playa cede paso a la piedra y al silencio, Peratallada sobrevive como si el siglo X no hubiera terminado del todo. Sus murallas no se construyeron: se excavaron directamente en la roca. Su castillo lleva más de mil años en pie. Y sus calles empedradas, flanqueadas por casas de piedra con enredaderas que trepan sin pedir permiso, son el tipo de escenario que las redes sociales han redescubierto pero que el Baix Empordà nunca olvidó.

Peratallada es, junto a Pals y Monells, uno de los núcleos medievales mejor conservados de Cataluña, y el único de la región cuya estructura defensiva —murallas, foso y torres— permanece prácticamente intacta desde la Edad Media.

QUÉ ES PERATALLADA Y POR QUÉ IMPORTA SU NOMBRE

Peratallada no existe como municipio independiente desde finales de los años setenta. En 1977, la Generalitat integró el pueblo junto a otros núcleos para formar el actual municipio de Forallac, en la comarca del Baix Empordà (Girona). Pero el topónimo sobrevivió, y con razón: su origen es tan literal como elocuente. Peratallada significa, en catalán, «piedra tallada» —y eso es exactamente lo que son sus defensas medievales. El foso y las murallas que rodeaban la fortaleza no se levantaron piedra a piedra: se horadaron en la roca viva del promontorio sobre el que se asienta el pueblo.

La fundación de la fortaleza se remonta al siglo X, cuando la necesidad de defensa en el territorio de la marca carolingia hizo que las comunidades levantaran —o, en este caso, excavaran— posiciones dominantes sobre el paisaje llano del Empordà. Conforme la población creció, las murallas se fueron ampliando en torno al castillo, configurando el perímetro que todavía delimita el casco histórico.

Su valor patrimonial tiene reconocimiento oficial: Peratallada está declarada Conjunto Histórico-Artístico, una figura de protección que ampara la integridad del conjunto arquitectónico y urbanístico.

CÓMO VISITAR PERATALLADA: ACCESO, RUTA Y PUNTOS CLAVE

El acceso y el aparcamiento

Se puede llegar en coche desde la AP-7 o la C-66, y hay aparcamiento disponible en la entrada del pueblo, aunque no es gratuito —ninguno de los parkings de Peratallada lo es. El vehículo se deja en el exterior: el casco histórico no admite tráfico rodado, lo que contribuye decisivamente a la atmósfera del lugar.

La Iglesia de Sant Esteve, primera parada

Frente al parking, la Iglesia de Sant Esteve actúa como umbral involuntario de la visita. Levantada en el siglo XIII, es un templo románico de proporciones comedidas que llama la atención por tres razones: su espadaña de cuatro arcos, el pequeño rosetón de la fachada y, sobre todo, su posición fuera de la antigua ciudad amurallada —una anomalía para la época, cuando los templos se integraban casi siempre en el tejido urbano defensivo.

La entrada al núcleo medieval

Se penetra en Peratallada cruzando el Pont del Fossat —el puente que salva el foso tallado en roca— y atravesando el Portal de la Virgen, el único acceso superviviente de las antiguas murallas. Desde ese instante, la lógica del espacio cambia. Las calles no siguen una cuadrícula; siguen la huella de las murallas desaparecidas, convertidas ahora en callejuelas estrechas que serpentean entre casas centenarias.

La Calle de la Roca y las torres

La Calle de la Roca es probablemente el tramo más fotografiado del pueblo. Las fachadas se abren al camino sin solución de continuidad, y las plantas trepadoras —buganvillas en verano, ciclámenes en primavera— cubren la piedra con una densidad vegetal que parece estudiada. Al final de este eje se encuentran la Torre circular y, algo más adelante, la Torre de las Horas: construida en el siglo XIII, es la torre mejor conservada de la villa. En su interior se expone parte de la maquinaria original del reloj del pueblo, que data de 1919, y desde su parte superior se obtienen algunas de las mejores vistas del conjunto.

La ruta continúa hasta la Plaza de los Esquiladores, donde la esquina de una casa completamente cubierta de hiedra actúa como imán fotográfico casi compulsivo. Desde allí se divisan la Torre del Oeste y la Torre del Homenaje, esta última más antigua —construida presumiblemente entre los siglos XI y XII—, que fue la residencia histórica del señor de Peratallada.

EL CASTILLO: MIL AÑOS DE HISTORIA, INTERIOR CERRADO

El recorrido desemboca en la Plaza del Castillo, el corazón monumental del pueblo. El castillo de Peratallada, cuyo origen se remonta al siglo X, tuvo una trayectoria arquitectónica y simbólica de largo recorrido: comenzó como fortaleza defensiva, evolucionó hasta convertirse en una residencia palaciega de cierta prestancia y acabó reduciéndose, con el paso de los siglos, a una vivienda de campo.

El artesonado fue expoliado en gran parte, y el conjunto llegó al siglo XX en un estado de deterioro notable. En los años sesenta, el Condado de Torroella de Montgrí adquirió la propiedad y emprendió su recuperación. Hoy el castillo es de titularidad privada y no se puede visitar en su interior, pero desde la plaza puede contemplarse la entrada principal a la fortaleza y apreciarse la solidez de una arquitectura que ha resistido más de diez siglos.

USSIN ART: CERÁMICA QUE HA LLEGADO A LAS MEJORES MESAS

En el trayecto por la Calle de la Roca, Ussin Art interrumpe la ruta con la lógica inevitable de un taller que lleva décadas convirtiendo la cerámica local en objeto de deseo. El estudio trabaja piezas que han acabado en las vajillas de algunos de los restaurantes más reconocidos de la región del Empordà, pero también ofrece figuras de animales, jarrones, formas antropomorfas y vajilla doméstica. Sus talleres de cerámica representan una de las pocas formas de llevarse un recuerdo fabricado en el propio pueblo.