Sote de Lino: “Si el Social fuese un teatro, jamás sería derrumbado”

Conocido por todos como Sote de Lino, Rubén Rincón Sotelino (Palma de Mallorca, 1983) lleva más de media vida pinchando. Empezó en la zona del Llevant, antes de pegar el salto a Palma para convertirse en residente de salas como Level Club o Pachá. Propietario del sello Esouh junto a Álex Caro, hemos charlado con él de su trayectoria y, de paso, sobre el cierre del Social Club por la reforma del Passeig Marítim. Y es que, el deejay mallorquín es uno de los afectados por el nuevo proyecto que deja la zona casi huérfana de lo que ahora se empeñan en llamar ocio nocturno.

¿Cómo y cuándo empezaste a pinchar?

La verdad es que por pura casualidad, puesto que en mi familia no hay tradición musical. De hecho, hasta ahora no he tenido un equipo en casa. Aprendí gracias a mi amigo Manuel, que tenía dos Technics y una mesa Vestax. Allí, en su casa, nos pasamos horas y horas practicando. Yo tenía unos 17 años.

Mi primer bolo creo recordar que fue una fiesta de amigos en el Centro Cultural de Cala d’Or. En aquella época, pinchábamos, con el ‘pitch’ al límite, temas de artistas como Marco Bailey, Bens Sims, Marco Carola… Luego, ya me decanté por el ‘house’ (risas).

– ¿Recuerdas la primera vez que pinchaste en una discoteca?

Por supuesto, fue en Cala Figuera. Yo durante esos años, de los 17 a los 20, organicé varias fiestas en la zona del Llevant con mis amigos. Gracias a eso, he podido desarrollar mis dos ramas profesionales, ya que soy diseñador gráfico y siempre me he encargado de hacer los ‘flyers’.

En 2004 llegó mi primera residencia, que fue en el Farah’s de Cala d’Or. Fue una época en la que aprendí mucho, ya que estaba prácticamente solo. Recuerdo que empezaba con R’n’B para luego seguir con algo de ‘house’. Un año más tarde, me fui al Sound Republic, que era la discoteca más grande de la zona. Allí, conocí a Miguel Ángel, que por desgracia falleció hace unos. Él fue clave para que diera el salto a Palma, ya que me presentó a Ángel Kailasa y Ángel Ávila, quienes me dieron la oportunidad de ir a Level Club, lo que hasta ahora era el Social.

– Imagino que ese fue un punto de inflexión…

– Sin ninguna duda. Esa, la de Level en 2006, fue mi primera residencia en Palma. Yo pinchaba los jueves, que eran exclusivos de música electrónica. El resto de días, me encargaba de las luces, ya que ponían ‘pachanga’. En total, estuve tres años si bien luego hice otro cuando abrieron como El Divino.

Después, salió el proyecto de Pachá en lo que era el Gallery Club y hasta allí nos fuimos casi todo el equipo. Aquella fue una gran experiencia, si bien acabó en drama por culpa de los problemas de pago.

– Una lástima…

– Desde luego, sobre todo porque la sala funciona muy bien. Pero bueno… Después de un breve paso por el Cavart, Gabi Triquet y Fernando Pareja nos llamaron a Álex Caro y a mí para incorporarnos al Pachá del Paseo Marítimo, donde estuvimos cuatro años. Aquella fue la última parada antes de llegar al Social Club en 2017.

– A lo largo de tu carrera, has pinchado con algunos de los más grandes… ¿Quién te ha llamado más la atención?

– Little Louie Vega, de los Masters At Work, me ha dejado siempre impresionado por sus mezclas, técnica y transiciones. De los locales, te diría que Kiko Navarro. Me fascina su creatividad a la hora de pinchar. Tampoco quiero dejarme a Paco Belucci o a César del Río, quienes tienen muchas horas de vuelo y eso se nota a la hora de leer la pista.

– Imagino que tendrás alguna anécdota que contar… 

– Te voy a contar un consejo que me dio David Morales, otro que me encanta como pincha. Recuerdo que me dijo que, pasara lo que pasara, incluso si la pista estaba vacía, que siguiéramos porque hay que tener confianza en lo que uno hace. Él, cuando venía a Pachá del Paseo Marítimo, pinchaba a partir de las 01.00 horas. Ten en cuenta que no era una sala fácil, ya que competía con la terraza y la sala de ‘pachanga’. Pese a ello, acababa con la pista llena y la gente totalmente volcada.

Otra que no me hace tanta gracia fue en el documental de ‘La Paca’ de IB3. En un momento dado, mientras hablaban de drogas, aparecí yo pinchando en el Social. Eso me molestó bastante, ya que no pidieron permiso ni nada. Al final, este tipo de cosas solo sirven para estigmatizar, todavía más si cabe, el mundo de la noche.

– Por cierto, ¿Cuál ha sido la fiesta de tu vida?

– Es una pregunta difícil, porque ha habido muchas. Los jueves en el Level Club eran increíbles, como también lo fueron muchas noches en Pachá y recientemente en el Social Club. También guardo grandes recuerdos de Le Club y de un after en la Playa de la Malvarrosa, en Valencia. También me viene a la mente una de Garage Rex en Il Chiringo de Palmanova.

– Por otra parte, también tienes un sello discográfico junto a Álex Caro… 

– Se llama Esouh, que es ‘house’ al revés. Empezamos el proyecto cuando todavía estábamos en Pachá del Paseo Marítimo. Yo me encargo del diseño gráfico y me intento inspirar en ‘flyers’ del pasado de discotecas como Factory o Zorba’s porque considero que antes se hacían cosas muy buenas. Intento revalorizarlo y que no se pierda en el tiempo.

En total, el sello cuenta ya con más de 30 referencias. La gran mayoría están en digital, pero también hay unos cuantos en vinilo. Eso sí, lo que sale en un formato no lo hace en el otro.

– ¿Qué echas de menos en la escena local?

– La noche en Mallorca sigue estando muy estigmatizada. Además, nuestra música, la electrónica, no es considerada como cultura, algo que también sucede en casi toda España. Así, es muy difícil que los políticos nos apoyen. Te pongo un ejemplo: si el Social en lugar de una discoteca fuera un teatro, jamás sería derrumbado.

A la escena le falta el apoyo gubernamental. En las discotecas, la gente socializa y se divierte. Allí, pueden olvidarse de quienes son y de que trabajan en una oficina de 08.00 a 19.00 horas. Salimos de Gomila y nos llevaron al Marítimo, hasta que hemos molestado y nos han echado a todo el mundo. Allí había seis discotecas. Ahora, solo quedará una, que no es accesible para todos los bolsillos.

Es muy difícil que, con todas estas trabas, un empresario se anime a abrir un club. Hablan de potenciar el turismo de calidad y nos envían a los polígonos. La gente con pasta no creo que vaya allí habitualmente. De hecho, se han quedado sin oferta. No tiene ningún sentido porque, en mi opinión, es pegarle un tiro a tu oferta complementaria.

Pachá, Social, Tito’s e incluso Riu Palace eran salas muy conocidas por los turistas. Ahora ellos también se van a quedar sin referencias. Supongo que muchos de ellos cambiarán Mallorca por Grecia o Malta.

– Para acabar, ¿Qué consejo le darías a un chico o una chica que quiere empezar a pinchar?

– Las cosas, desde nuestros tiempos, han cambiado mucho. Le diría que practicara mucho y que fuera a las salas pronto para ver cómo se desarrolla la noche. Creo que es muy importante aprender a que cada música tiene su momento. También le animaría a aprovechar las nuevas tecnologías, que dan la posibilidad de disponer de un abanico más amplio de opciones.

FAST CHECK 

  • Un deejay: Kiko Navarro
  • Un productor: David Morales
  • Un tema: “If I Ever Feel Better” de Phoenix 
  • Un estilo que no sea electrónica: hip hop, en concreto el de la costa este de Estados Unidos
  • Un club: Social Club
  • Un festival: Origen Fest
  • Una comida: curry
  • Una bebida: agua con gas
  • Una película: ‘Interstellar’ (Christopher Nolan, 2014)
  • Una serie: ‘Breaking bad’ 
  • Un lugar para perderse: Formentera, aunque ahora es difícil

Y tú, ¿Qué opinas?

Licenciado en periodismo, y con experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Mallorquinista de cuna y de tercera generación. Apasionado de la música (en especial la electrónica), del cine, de la historia, del deporte (sobre todo del wrestling, la lucha libre americana) y de todo lo que tiene que ver con el misterio.

Foto-Periodista especializado en politica, cultura y tendencias. Director de todo esto ( lasiestamagazine.com ). Vivo cerca del paraíso, escribo bajo la mirada de un objetivo, juego cabalgando sobre la luz, viajo para nutrirme de colores y siempre con poco equipaje.

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