Sofía Val y Asaf Kazimov: la pareja que puso a España a bailar sobre hielo en 2026

España no suele ser sinónimo de hielo, pero en Milano Cortina 2026 hay una excepción con nombre y apellidos: Sofía Val y Asaf Kazimov. Su historia mezcla mudanzas, burocracia, entrenamiento “en casa” y un objetivo que, hasta hace nada, sonaba a fantasía.
Sofia Val y Asaf Kazimov posando en la pista de hielo olímpica

Hay deportes que nacen con ventaja geográfica y otros que se construyen a pulso. En la danza sobre hielo, España ha vivido años mirando a Canadá (y a la realidad) con una ceja levantada. Hasta que llegaron Sofía Val y Asaf Kazimov: una madrileña y un patinador nacido en San Petersburgo que hoy compiten por España y han conseguido algo que parecía reservado a potencias con pistas infinitas.

QUIÉNES SON SOFÍA VAL Y ASAF KAZIMOV

Sofía Val (21 años) es una patinadora de Madrid que empezó en individual y acabó encontrando su sitio en la danza, donde el talento se mide también en confianza: la que depositas en alguien cuando te lanza al aire sobre cuchillas. Asaf Kazimov (25) nació en San Petersburgo, creció deportivamente entre cambios de país y parejas, y terminó recalando en Madrid para levantar un proyecto que ya es olímpico.

Sofía: del “yo” al “nosotros”

Su camino es el de quien busca una disciplina que le encaje como un guante. En 2018 se mudó a Lyon para entrenar en una escuela de referencia; antes de llegar a Kazimov, pasó por varias parejas (como Linus Colmor-Jepsen y Nikita Vitryanyuk) y por esa etapa inevitable de “probar, aprender, volver a probar”. La clave fue regresar a Madrid y entrar en la dinámica de una academia que quería hacer del hielo algo menos exótico en España.

Asaf: cambiar de país, cambiar de vida

Kazimov se mudó con su familia de Rusia a Alemania con 12 años y compitió allí durante años antes de dar el salto definitivo. En 2022, tras romper su asociación anterior, le llega un contacto que suena a casualidad y a destino a partes iguales: prueba en Madrid con Sofía, “encaja” y decide mudarse. Para poder ser olímpico con España, además, tuvo que completar el proceso de elegibilidad y ciudadanía, un recordatorio de que en este deporte no solo se compite en la pista.

EL PROYECTO MADRID: ENTRENAR EN CASA (Y NO PEDIR PERMISO)

Aquí está una de las claves menos vistosas y más importantes: Val y Kazimov han crecido en Madrid, dentro del SK International Ice Dance School, el proyecto impulsado por Sara Hurtado y Kirill Khaliavin/Jalyavin para formar parejas sin tener que emigrar siempre. En un país donde muchas veces el alto nivel “se va fuera”, que una pareja olímpica salga (de verdad) desde casa tiene algo de cambio de época.

EL MOMENTO CLAVE: PEKÍN 2025 Y LA CUOTA OLÍMPICA

El salto a la historia llegó en el Clasificatorio Olímpico de Pekín 2025 (Skate to Milano). Allí, con las plazas contadas y la presión de saber que no era “una competición más”, remontaron hasta el bronce y aseguraron para España una plaza olímpica decisiva. La propia ISU lo contó como lo que fue: una medalla que valía un país, y también una confirmación de que el proyecto madrileño no era un experimento simpático, sino competitivo.

MILANO CORTINA 2026: RICKY MARTIN, 64,98 PUNTOS Y UNA FINAL

Y luego llegó la escena que explica por qué este deporte engancha: ellos abriendo la competición, el público arriba, y una banda sonora que no pide disculpas por ser latina. En la danza rítmica, Val y Kazimov compitieron con música de Ricky Martin y se metieron en la final con 64,98 puntos y una 20ª plaza que sabía a victoria: era el último billete disponible para pasar el corte. España, por primera vez, tenía dos parejas en una final olímpica de danza.

MÁS ALLÁ DEL HIELO: DOBLE VIDA Y UN FUTURO QUE YA NO PARECE RARO

La parte menos “post” y más real: ambos compaginan entrenamiento y estudios universitarios. Y en ese equilibrio —pista, clases, viajes, burocracia— se entiende mejor su mérito. No es solo llegar: es sostenerse. Porque, en un deporte donde el error se paga en décimas y el miedo se paga en silencio, Val y Kazimov han hecho algo muy español y poco habitual: convertir lo improbable en rutina.