Hay desfiles que enseñan ropa y hay desfiles que enseñan una isla. En el Teatre Principal de Palma —ple de gom a gom, sin espacio para la distracción— la moda artesana mallorquina se presentó como lo que es cuando se la toma en serio: patrimonio vivo con ambición de presente. No fue una pasarela al uso, sino una gala concebida como experiencia sensorial, con escenografía, movimiento, música y una dramaturgia que empujaba a mirar las piezas no como “producto típico”, sino como lenguaje creativo.

La cara de asombro entre el publico se hacia notar. En total, 18 artesanos y artesanas reunidos bajo la nueva marca de garantía Moda Artesana de Mallorca desplegaron más de un centenar de creaciones, seis looks por participante, organizados en cinco familias de oficio. La idea era clara —y casi política—: si el trabajo manual suele quedarse en el margen, aquí se le dio el centro, el foco y el aplauso largo.
MODA ARTESANA DE MALLORCA: UNA MARCA PARA BLINDAR LO AUTÉNTICO
Detrás del brillo hay una intención práctica: certificar origen, calidad y autenticidad. La marca de garantía nace para diferenciar lo artesanal de lo que solo lo parece, reforzar la proyección del sector y protegerlo —también— del intrusismo y la copia fácil. Porque lo “inspirado en” sale barato, pero vacía talleres.
El Consell de Mallorca la ha presentado como una apuesta estratégica: sostenibilidad, proximidad, transmisión de saber hacer y reconocimiento de la artesanía como expresión cultural contemporánea. Y es interesante que se diga así, sin complejos, en un momento en que la palabra “artesanal” se usa como etiqueta decorativa en medio catálogo digital.

Embajadoras: dos generaciones para contar el mismo hilo
El presidente del Consell, Llorenç Galmés, puso el acento en el simbolismo de las embajadoras, Carolina Cerezuela y su hija Carla Moyà: una imagen de legado y continuidad que encaja con la lógica del oficio, donde las manos enseñan a otras manos. No es solo una cara conocida: es un relato.
CINCO FAMILIAS DE OFICIO, UNA MISMA IDENTIDAD


















































































Si la gala funcionó fue porque no intentó homogeneizar. Al contrario: celebró la diversidad de técnicas y materiales como quien abre un mapa de Mallorca y lo traduce a textura.
Tejidos y confección: tradición que no pide permiso
Feel Mallorca, Bujosa Artesania Tèxtil, Maria Genovard, Moraduix, Teixits Riera, Teixits Vicens y Vius Esporles reinterpretaron la indumentaria tradicional y la tela de llengües desde una mirada contemporánea, más cercana al diseño responsable que al souvenir.
Ornamentación: joyas que cuentan paisaje
A. Fuster Joiers, Alicia Forteza, Carlos Tellechea, Damià Mulet y Javier Vallori transformaron símbolos como la cruz mallorquina, la flora y el territorio en joyería actual: piezas que no solo decoran, también narran.
Fibras vegetales, piel y calzado: diseño con raíz
Espai Kamàndalu, Antic Mallorca, Paumes i Brins y Yolitas elevaron la llata y el garballó a objeto de diseño. Mastrenat llevó el trenat mallorquí al terreno de la reutilización y la sostenibilidad. Y Ben Calçat recordó que la tradición sabatera puede adaptarse al uso real, al día a día, sin perder carácter.
CUANDO UNA PASARELA SE CONVIERTE EN DISCURSO CULTURAL
La coordinación (con Carme Coll al frente, como pegamento entre creadores, institución y equipo artístico) fue clave para que el conjunto no se sintiera como un catálogo, sino como una obra coral. La moda, aquí, no fue solo moda: fue identidad puesta a caminar.
Y quizá esa sea la victoria silenciosa de la noche: demostrar que la artesanía no es un refugio nostálgico, sino un motor creativo contemporáneo. Mallorca, al menos por unas horas, se miró en el espejo del escenario y se reconoció: elegante, trabajada, paciente. Y con futuro.










