Dos o tres cafés al día, menos demencia: qué se sabe (y qué no)

Beber dos o tres tazas de café con cafeína al día se asocia con un menor riesgo de demencia en un estudio de seguimiento prolongado publicado en JAMA. El resultado no se observa con el descafeinado. Los autores insisten: es un hallazgo observacional y el efecto, si existe, es modesto.
Tazas de café con espuma decorativa sobre una bandeja

Un trabajo publicado el 9 de febrero de 2026 en JAMA sugiere que un consumo moderado de café con cafeína (en torno a dos o tres tazas al día) se asocia con un menor riesgo de demencia a largo plazo. La misma relación no aparece en quienes toman café descafeinado.

El matiz importa: se trata de un estudio observacional —no un ensayo clínico— y, por tanto, no demuestra causa-efecto. Además, los propios investigadores subrayan que, incluso si hay un beneficio real, la magnitud sería pequeña y compatible con otras explicaciones ligadas a hábitos y estilo de vida.

QUÉ DICE EL ESTUDIO

El análisis se basa en dos cohortes históricas de Estados Unidos: el Nurses’ Health Study y el Health Professionals Follow-up Study, con datos dietéticos repetidos cada 2–4 años durante décadas. En total, incluye 131.821 participantes (mayoritariamente profesionales sanitarios) seguidos durante un periodo muy prolongado —mediana cercana a 37 años—, en el que se documentaron 11.033 casos de demencia.

Vista de la tienda Cafés Llofriu en el Mercat del Olivar

El resultado central es una asociación: quienes declararon una mayor ingesta de café con cafeína presentaron un riesgo menor de demencia frente a quienes consumían poco o nada (en el análisis por cuartiles, con un hazard ratio de 0,82). En paralelo, el estudio observa una menor prevalencia de “deterioro cognitivo subjetivo” (autopercepción de empeoramiento) entre los consumidores más habituales.

Otro detalle relevante para la lectura pública del hallazgo es la forma de la curva: no parece un “cuanto más, mejor”. La asociación más marcada aparece en consumos moderados: aproximadamente 2–3 tazas diarias de café con cafeína, y 1–2 tazas de té; más allá, el beneficio se estabiliza.

POR QUÉ “NO VALE” EL DESCAFEINADO

La conclusión más llamativa —y la que ha alimentado titulares— es que el descafeinado no se asocia de forma significativa con menor riesgo de demencia en este trabajo.

A partir de ahí, la tentación es atribuir el efecto a la cafeína. Esa hipótesis es plausible, pero no única. Expertos que han valorado el estudio recuerdan que, en investigaciones observacionales, puede haber confusión residual: por ejemplo, personas que evitan la cafeína por insomnio, hipertensión, ansiedad u otras condiciones (algunas relacionadas con riesgo vascular o con el propio envejecimiento) podrían diferir en factores difíciles de capturar del todo.

También existe un elemento de “realidad cotidiana”: lo que cada uno entiende por “taza” cambia, al igual que el contenido de cafeína según variedad, tueste, método de preparación o tamaño. En la práctica, el descafeinado no equivale a “cero” —pero sí a una exposición muy inferior—, de modo que el contraste entre grupos puede estar captando diferencias de dosis y, a la vez, diferencias de hábitos asociadas a elegir o no elegir cafeína.

HIPÓTESIS, NO VEREDICTOS

En la literatura científica se han propuesto varias vías por las que café, té y cafeína podrían relacionarse con salud cerebral: desde efectos sobre receptores de adenosina y estado de alerta, hasta impactos indirectos en inflamación, metabolismo y salud vascular. A ello se suman compuestos bioactivos presentes en el café y el té —como polifenoles— que podrían contribuir a un perfil cardiometabólico más favorable.

Pero conviene no invertir el razonamiento: que existan mecanismos plausibles no implica que expliquen por sí solos lo observado. Precisamente, uno de los límites señalados por expertos es que, sin ensayos clínicos (difíciles de sostener durante décadas), no se puede aislar con certeza qué parte corresponde a la bebida y cuál al conjunto de conductas que suelen acompañarla.

Máquina de café en una cafetería con un barista trabajando
Una máquina de café en una cafetería activa.

LA LECTURA DE SALUD PÚBLICA: MODERACIÓN, CONTEXTO Y GRUPOS ESPECIALES

En términos de recomendaciones poblacionales, este tipo de resultados suele interpretarse como “reaseguramiento”: para muchas personas, un consumo moderado de café con cafeína puede encajar en un patrón saludable, sin necesidad de verlo como una intervención preventiva por sí misma.

¿Dónde está la moderación? La FDA cita 400 mg de cafeína al día como cantidad que, para la mayoría de adultos, no se asocia generalmente con efectos negativos; la propia agencia la traduce de forma orientativa a “dos o tres” tazas grandes (12 oz), subrayando que la sensibilidad individual varía. En Europa, la evaluación de la EFSA llega a umbrales similares para adultos sanos, y recomienda límites más bajos en embarazo.

Hay, además, escenarios donde el “café como hábito” exige prudencia: trastornos del sueño, ansiedad, palpitaciones o ciertos problemas cardiovasculares pueden hacer que la cafeína empeore síntomas, especialmente si se toma tarde o en dosis altas. Y, en embarazo, las guías de ACOG hablan de menos de 200 mg/día como consumo moderado.

La consecuencia práctica es sencilla: si alguien tolera bien el café y le gusta, el estudio no ofrece razones para demonizarlo; si alguien no toma cafeína o la evita por salud, no hay base para “prescribir” café como estrategia antidemencia.

MÁS ALLÁ DEL CAFÉ

Barista vertiendo leche en una taza de café con arte latte
Un barista vierte leche en una taza de café, creando arte latte.

El interés mediático por el café convive con un consenso más amplio: la prevención (o el retraso) de la demencia se juega, sobre todo, en un conjunto de factores acumulados durante la vida. La Comisión de The Lancet estimó en su actualización de 2024 que alrededor del 45% de los casos podrían ser potencialmente prevenibles o retrasables actuando sobre factores modificables (desde educación y audición hasta hipertensión, tabaquismo, sedentarismo o contaminación).

En esa misma línea, la OMS recomienda intervenir sobre hábitos con beneficios transversales: actividad física regular, no fumar, evitar el consumo nocivo de alcohol, controlar peso y factores de riesgo cardiovascular, y sostener una dieta saludable. El café, si aporta algo, lo haría como una pieza menor dentro de un tablero mucho más grande.

MÁS ARTICULOS