Ni siquiera el estricto protocolo sanitario ha impedido que los visitantes de Made in Mallorca, organizado por el IDI, disfrutaran de la muestra que tuvo que cerrar dos días antes de que se decretase el Estado de Alarma.

Cristina Santandreu, Cati Amores, Bernat Castor, Inmaculada Quetglas y Joan Castor (ladrilleria mallorquina)

A pesar del control y de la reducción del aforo a un máximo de 50 personas al mismo tiempo, a pesar de las mascarillas y a pesar de lo que implica mantener la seguridad de todos, el Aljub de Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma fue acogiendo de una forma tranquila y calmada a los invitados de Made in Mallorca, que disfrutaron de la muestra como si la vieran por primera vez. Incluso hubo visitantes que visitaron la muestra en marzo y no quisieron perdérsela en junio que pensaron que había cambios y novedades en los stands. No era así, todo estaba de la misma forma en la que se quedó cuando hubo que echar el cierre ante el inminente confinamiento que se advertía. La cuestión es que quizás ahora veamos y miremos de manera distinta.

Profesionales de la arquitectura, amantes del sector del hábitat y un buen puñado de personas atraídas por la curiosidad han hecho que la segunda edición de Made in Mallorca en Palma se cierre con la sensación de que ha sido una tercera edición aquí, en casa.

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