Zuloaga y Anglada-Camarasa: visiones modernas

La sede palmesana de Caixaforum abre las puertas de su primera planta a la exposición ‘Zuloaga y Anglada-Camarasa: Dues visions de la Modernitat (Dos visiones de la Modernidad)’, integrada por trece obras de Ignacio Zuloaga Zabaleta (Eibar, 1870 – Madrid, 1945) y catorce de Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona, 1871 – Pollença, 1957). La relación entre los creadores vasco y catalán fue más allá de la amistad. Traspasó las fronteras nacionales y los inscribió dentro de la historia del arte español e internacional del siglo pasado.

La muestra se centra en la relación de similitudes entre ambos artistas, que se centra más en sus inspiraciones a la hora de representar e interpretar la realidad que en paralelismos estilísticos, porque ciertamente ambos son diametralmente opuestos y el espectador puede comprobarlo de manera bastante clara al recorrer la selección de obras ubicadas a pasos del Teatro Principal. 

ANGLADA CAMARASA 2

La pincelada de Anglada-Camarasa es mucho más matérica, colorida y libre. Se inclina por una paleta de colores cálidos y brillantes. La pincelada de Zuloaga, en cambio, es más rigurosa, académica y profesional. Respeta los postulados de la pintura tradicional y el dibujo anatómico. Su paleta es más oscura, fría y opaca. Así lo demuestran las obras ‘Maja Española’ (1939), ‘Madame Souty echada’ (1915), ‘La Patiño’ (1941), ‘Retrato de la Oterito en su camerino’ (1936) o del torero Antonio Sánches, ‘El Tabernero’ (1944).

Ambos pintores representaron el gusto de la época por las gitanas, los toreros, las celebraciones populares y la vida bohemia, además de incursionar copiosamente en otros estilos como el paisaje o el retrato. Se trata de una dupla que tuvo vidas profesionales similares y se convirtieron en dos de los artistas europeos con mayor éxito hasta la Primera Guerra Mundial por su presencia en los mismos salones parisinos, europeos, latinoamericanos y estadounidenses, ambos participaron en distintas ediciones de la Bienal de Venecia y ambos pertenecían como miembros de la Academia de Bellas Artes de París. Es importante recordar que durante el siglo pasado eran los salones oficiales quienes determinaban qué era válido en el arte y qué no, compuestos sus jurados por artistas plásticos que evaluaban elementos técnicos además de discursivos o alegóricos. A partir de esos salones se inventaría la figura del historiador del arte – comisario – curador, que con el tiempo desembocaría hasta lo que hoy apreciamos en el arte contemporáneo con sus consecuencias. Antiguamente era distinto, el ejercicio de los salones exigía a los jurados, seleccionados y galardonados rigor técnico, histórico, temporal y académico.

Volviendo a esta dupla, que asimismo fue una de las más polémicas de su época, cabe señalar una de las más insistentes controversias fue la referida a Anglada-Camarasa, a quien muchos artistas acusaban de no saber dibujar basándose en su pintura directa (algo que no se le podía atribuir, en cambio, a Zuloaga, considerado en París el último gran maestro de la escuela de pintura española del siglo pasado). Esto es una acusación terrible, porque a un artista pueden culpar de lo que sea, menos de no saber dibujar. El dibujo es la base de las artes plásticas y su dominio un don que diferencia al artista de los demás mortales, la existencia palpable de un talento que el resto no posee y que lo valida como un verdadero artista. Molesto con estas acusaciones, Anglada-Camarasa llegó al extremo de exponer algunos de sus dibujos al lado de sus óleos para demostrar que si no dibujaba más era porque así lo había decidido. Y podemos observar en sus dibujos que es correcto, tanto en anatomía como en valores de luz y sombra. Lo apreciamos en la obra ‘Retrato de Francesc Costa’ (1935) o ‘Estudio de mujer con mantilla y abanico’ (1913), aunque no en el mismo nivel de maestría y dominio de Zuloaga. Se aprecia a simple vista en el retrato de un torero titulado ‘El Ídolo’, donde resulta evidente apreciar cómo la figura humana presente notorios defectos en su espacialidad compositiva, donde el personaje retratado parece inclinarse hacia un costado, en contraposición al torero de Zuloaga, plantado al centro del espacio con firmeza. Como bien decía Ramiro de Maeztu en 1903, tiene un modelado atrevido y seguro, sobriedad en el colorido, una buena ordenación, una elegancia severa y un realismo figurativo apasionado. Todo es firmeza, seguridad y fuerza en su pincel. Nada de líneas indecisas y de colores vagos. Es imposible olvidarse de sus lienzos. Zuloaga cumple extraordinariamente en todos sus lienzos.

Otras de las grandes polémicas a la que estos artistas se enfrentaron fue a causa de su exclusión del pabellón español en la Exposición Universal de París de 1900. A raíz de esta decisión, ambos se negaron a participar en eventos oficiales, por lo que fueron acusados de antipatriotas. Las guerras fueron también protagonistas en la vida de ambos pintores, desafortunadamente. En 1937 Zuloaga se posiciona pública e internacionalmente de parte del bando franquista una vez iniciada la Guerra Civil. Finalizada la guerra dedicaría parte de su tiempo a ser retratista, incluyendo al mismo general Francisco Franco. El año 1939, Anglada-Camarasa y su familia parten al exilio rumbo a París. El año 1945 fallecería Ignacio Zuloaga Zabaleta a la edad de 75 años y Anglada-Camarasa gestionaría su regreso a España, específicamente al puerto de Pollença, en Mallorca, donde viviría hasta el final de su vida.

ZULOAGA 3

La exposición compuesta por un total de veintisiete óleos es acompañada además por dos trajes de torero, pertenecientes a cada uno de los pintores y una serie de cartas enviadas entre ambos, que demuestran la amistad y complicidad que existía entre ellos. Se trata de una muestra pequeña, breve, pero sumamente valiosa no sólo por la importancia de sus dos protagonistas, por conocer su pintura, en especial la maestría técnica de Zuloaga, sino porque permite descubrir el paso del tiempo en la vida de dos artistas por una época durísima, en unos tiempos muy difíciles asolados por la violencia, donde sin embargo procuraron sacar lo mejor de ellos mismos y de sus momentos, auténticas visiones modernas pese al desastre que se desataba a su alrededor. La propuesta expositiva de la institución bancaria vuelve a convertirse en una de las más interesantes de la oferta artística para la temporada de verano en la isla. De visita obligatoria.