Voigt introspectiva

La artista alemana Jorinde Voigt aterriza en la planta noble del Casal Solleric con ‘Introspection’, el nombre que titula una gran exposición monográfica con 126 obras que incluyen pinturas, esculturas, muebles y obras mixtas, de cuidada manufactura y que estará abierta al público hasta el próximo 6 de julio en el espacio municipal.

Un primer recorrido por la exposición de Voigt entrega completo sentido al título de la muestra, que grafica un proceso de completa soledad por parte de la artista, donde participa un incontable número de horas de trabajo que roza lo obsesivo, riguroso y pausado, pulcro y reposado, a ratos con picos de éxtasis, que nos habla del mundo interior de la creadora. El trabajo de Voigt es ante todo una obra femenina, que nos habla de la feminidad y los mundos que componen el universo de las mujeres, y en especial de una aparente timidez de la creadora, que en silencio pasa al otro extremo a través de sus piezas, algunas tremendamente arrolladoras, como quien pasa sobre un coche arriba de un tractor.

La propuesta comienza con una serie de 14 obras mixtas, donde plumas negras de aves inundan el espacio a través de composiciones de gran y mediano formato. En ellas, Voigt trabaja cortando millares de plumas para confeccionar texturas que crean paisajes que se asemejan a la visión del anochecer o el amanecer en un bosque, visto desde el interior de un tupido follaje. Podría tratarse de una gigantesca bandada de cuervos que descansan sobre las ramas de los árboles dispuestos a dormir, o por el contrario, esa misma bandada se despierta de un sueño reparador con las primeras luces de la mañana. Se trata de un trabajo inmenso en obras que son de una tremenda frialdad, pero a su vez, de una reconfortante y emocionante calidez. En las piezas, Voigt expresa una obsesión extrema en las indicaciones de los recorridos, como una modista elaborando los patrones de un traje. Permitiéndome la osadía, Voigt podría haber sido la perfecta patronista de la mítica colección de alta costura inspirada en las aves del desaparecido diseñador británico Alexander McQueen.

El recorrido continúa con pinturas elaboradas en tinta china, pasteles y pan de oro, este último, repetido con insistencia en el resto de sus obras. En ellas, la artista parece haber realizado un juego libre de pigmentación de papeles extensos, que una vez secos, interviene en una suerte de automatismo, como en trance, creando composiciones con reminiscencias surrealistas a través del pastel, que trabaja con formidable delicadeza. Le siguen esculturas de figuras orgánicas, algunas encastradas entre sus piezas, como quien intenta solucionar un rompecabezas de la historia propia. Otras son piezas enteras, creadas en madera, cobre y bronce, de perfectas terminaciones, que invita a acariciarlas.

Una de las piezas clave de la exposición es la titulada ‘La suma de las mejores prácticas’. Se trata de una caja negra acristalada donde un tupido follaje de hojas de papel negro se anteponen a un espejo en el fondo, donde el visitante puede verse reflejado. Esta pieza-objeto, me confirma la impresión de los cuervos entre el follaje de un bosque donde la exposición recibe a los visitantes. Se trata de ver el mundo exterior y tu propio reflejo desde la protección de la oscuridad, desde el anonimato, desde la más absoluta tranquilidad. 

La exposición continúa con la serie ‘Vuelos’, compuesta por nueve dibujos elaborados en lápices de colores, de nuevo el pan de oro y bolígrafos. En esta serie, Voigt elabora obras que parecen ascensiones hacia el cielo pero que son truncadas por pensamientos o situaciones vitales de la artista, que la mantienen en lo terrenal. Un ímpetu de elevación se ve abruptamente contenido por situaciones o impresiones muy específicas, casi científicas o por un sentido común que imposibilita la ascensión, que la devuelve a la tierra, a lo concreto.

La siguiente serie, ‘Hills’, donde la creadora se involucra en el universo de las montañas, transmite el mismo efecto que la serie anterior. Esa relación arriba-abajo, el elevarse y volver a bajar, se percibe en seis dibujos pintados en tonos pasteles que sin embargo representan en su mayoría explosiones volcánicas contenidas en el cielo.

De los vuelos y las montañas pasamos a la serie ‘Coincidencias’, donde la artista parece entrar en catarsis. Estas coincidencias de mundos antagónicos se ven reflejadas en obras mixtas que integran, en dos obras de gran formato, una explosión de mancha y color con la rigurosidad y esquematismo de las plumas negras. La artista explota, literalmente, pero inmediatamente se vuelve a controlar y recula a través de un nuevo trabajo riguroso y metódico a través de formas y texturas con las plumas. Se trata de dos obras imprescindibles para entender la exposición y el mundo de Voigt.

Continúa con ‘Arte Erótico Japonés’, una serie de 64 obras inspiradas en la representación de la práctica en el país asiático durante los siglos XVII y XIV. En esta propuesta, la artista deja salir a flote la sexualidad en total libertad, despojada de prejuicios, donde desarrolla esquemas obsesivos en cada uno de los dibujos, que acompaña con textos e imágenes de sexo explícito elaborados con calibradas composiciones de color que los despojan de una carga pornográfica.

A la representación de las prácticas sexuales le sigue ‘Inmersión’, una serie de cinco dibujos sobre papel donde figuras orgánicas se sumergen en líquidos, con lentitud, que transmiten una carga emocional relacionada con la feminidad y especialmente con la maternidad, con la formación inicial de la vida. Son obras sumamente conmovedoras.

La última sala del espacio consistorial acaba con tres pinturas en la serie ‘La Decisión’. Son óleos y pasteles sobre lienzo elaborados en tonos pasteles, suaves, que integran cada uno y como conjunto una alegoría que apela a la delicadeza, a la sexualidad y la feminidad. Saliendo de la exposición (o entrando en ella), nos recibe o nos despide la obra ‘Ritmo Rojo’, una inmensa caja circular acristalada en cuyo interior la artista representa formas que asemejan a ratos un gran incendio, a ratos al mismísimo sol, como queriendo recibirnos o despedirnos con la representación de una fuerza sobrenatural. 

La exposición de Jorinde Voigt (Frankfurt, 1977) merece ser visitada, no solo por su enorme calidad en la elaboración técnica de sus obras, además, estupendamente presentadas, sino también porque se trata de una artista que nos comparte de manera muy generosa su vida íntima, que es capaz de transmitir plásticamente. Y lo hace de una manera muy directa, concreta. Puede que este milagro se deba a que es una mujer que antes de dedicarse al arte, se formó en filosofía, en literatura y en música, tres prácticas de las humanidades que a diferencia del arte contemporáneo de la actualidad, son extremadamente directas.

Jorinde nos habla directamente a la cara a través de sus obras, nos cuenta en una conversación íntima de sus sueños, de sus anhelos y expectativas, pero también de sus traumas y sus frustraciones sin abandonar nunca un punto de vista femenino. En sus obras nos habla como mujer, con sus altos y bajos, de manera muy elegante, muy sutil, con mucha clase. En la obra de Voigt encontramos calidez, más allá de la calidad, que la hace importante y válida, también especial.

Eso que transmite la obra de Jorinde Voigt es probablemente lo que han percibido muchas otras personas, y que han permitido que esta creadora haya desarrollado una carrera que le ha permitido tantos logros. Máster en Bellas Artes en la Universität der Künste de Berlín (2004), actualmente es profesora de dibujo y pintura conceptual en la Universidad de Bellas Artes de Hamburgo. Ganadora del premio de dibujo contemporáneo Daniel & Florence Guerlain (2012), ha participado en la Bienal de Venecia (2011) o en la Manifiesta 11 de Zúrich (2016). 

Su obra ha sido posible ser vista en exposiciones individuales, entre otros espacios, como en el Kunsthistorisches Museum de Viena, The Menil Collection de Houston o el Museo de Arte Contemporáneo de Roma. Asimismo, su trabajo integra las colecciones permanentes de otros espacios como el Centro Pompidou de París, el MoMA de Nueva York o el Museo de Arte Contemporáneo de Oslo. Se trata de otra propuesta expositiva en la isla de Mallorca muy valorable, por su radical intimidad y generosidad. En tiempos de excesiva e innecesaria extrovertividad, la introspección de Voigt merece ser vista y disfrutada, con todas sus luces y sombras. No se la pierda, porque no se va a arrepentir.