El cóndor es probablemente una de las aves más majestuosas que existen al día de hoy, que habita en las alturas de la Cordillera de los Andes, al fin del mundo y que reparte igual majestuosidad a través de una interminable cadena montañosa por todo lo largo del continente latinoamericano, desde el norte hasta el extremo más austral del planeta. No es casualidad que el nombre de esta monumental especie del universo andino corresponda al apellido del fotógrafo ecuatoriano Leonardo Cóndor, y hace especial homenaje a su apellido. Y es que el trabajo de Cóndor posee idéntica belleza, que refleja en cada uno de sus disparos.


Convertido a base de esfuerzo y un pulcro trabajo en uno de los principales fotógrafos residentes en la isla de Mallorca, Leonardo Cóndor inaugura su nueva exposición en un lugar acorde a sus disparos: el Palacio Can Marqués. Inaugurada el pasado viernes 4 de julio, la muestra ofrece una cuidada selección de obras centradas en la representación del cuerpo femenino, explorando su belleza, fragilidad y fuerza a través de una mirada estética y profundamente sensible.
Las imágenes, caracterizadas por su minimalismo, su pureza compositiva y su alto impacto visual, reflejan la búsqueda constante por el equilibrio y la armonía. Una de las obras centrales de la exposición, es una impresionante imagen el blanco y negro de una bailarina, impresa sobre una tela de siete metros de altura. Colgada en el patio del palacio, la pieza interactúa con el viento, generando un sutil movimiento que evoca el mismo acto de bailar, dotando a la imagen de vida propia y una dimensión poética.
Cóndor, conocido por su enfoque artístico, fusiona la técnica fotográfica con una sensibilidad pictórica. Para Cóndor el cuerpo es un lienzo donde se escribe la historia de nuestra existencia y su objetivo es captar esa narrativa en cada imagen con respeto y delicadeza. Eso lo ha convertido en una de las voces más singulares de la fotografía contemporánea en el archipiélago.
Al recorrer esta muestra, el espectador descubre, además, un interés por parte de Cóndor en indagar en inspiraciones que van más allá del cuerpo femenino, ampliando sus referencias a los mundos de la danza clásica y contemporánea, la música, la literatura, la poesía y las artes visuales. El universo de las Bellas Artes en toda su amplitud se esparcen por los espacios del Palacio Can Marqués con elegancia, con el charme del saber estar. Se aprecia la poesía visual a través de la silenciosa instalación de postales en una de las ventanas con un frondoso jardín de fondo, al igual que una oda a la danza en la instalación de telas en el arco principal del palacio. Sus retratos intervenidos con pan de oro traspasan la fotografía para convertirlas en obras mixtas pertenecientes al espectro de las artes visuales. En otros disparos, el creador indaga en las posibilidades compositivas de la naturaleza a través del paisaje en armonía con el cuerpo humano.

La fotografía de Leonardo Cóndor es atípica, cuyo efecto se amplía magistralmente a través de formatos colosales, que dejan sin palabras. Su obra funciona no solamente por la representación y transmisión de la belleza estética, sino también por tener la capacidad de contar historias a través de composiciones poéticas y limpias, que marginan elementos superfluos o detalles innecesarios que distraigan la atención del espectador hacia lo esencial.
Su obra, por otro lado, adquiere un importante valor documental en la representación de una época en el mundo de la cultura y el oficio artístico en el caso de las bailarinas, que con el paso de los años permanecerán como un valioso testimonio visual de talentos y juventudes. Explorar esta exposición es una oportunidad única para conocer el universo artístico de uno de los fotógrafos clave de su generación y sin lugar a dudas, de uno de los mejores embajadores culturales del Ecuador. De visita obligatoria.
