Hablar de momentos es hablar de sensaciones, instantes donde algo importante sucede, aunque sea solo durante unos pocos segundos, como un subidón. Otros duran tiempos más prolongados, donde las sensaciones se amplían como un efecto placebo. Eso es lo que he experimentado con “El Momento Preciso”, la nueva exposición del artista Caros Tárdez en la galería Seltz by Ritter Ferrer, en la ciudad de Barcelona.
Fui directamente a ver esta exposición con un especial interés, incrédulo con lo que me iba a encontrar y algo escéptico, con una sensación incómoda. Había visto anteriormente algunas obras sueltas del artista en una galería mallorquina donde abunda el brillo, las obras rimbombantes, jetseteras, con mucho oro, mucha marca de lujo integrada, obras destinadas a decorar segundas residencias de nuevos millonarios. Esas obras también me remitían inmediatamente a la obra del archiconocido Mark Tennant, con una pincelada fabulosa. Iba con cuidado.
Con ese escepticismo entré directamente a su sala, pasando completamente por alto la propuesta colorida de otro artista que le acompañaba en la misma galería. Al entrar a su sala quedé paralizado unos momentos, con un escalofrío que me erizó la piel. Y es que estaba frente a la obra de un hombre importante. Un hombre importante en el sentido de que hablamos de un hombre de pintura, que sabe perfectamente lo que hace.
La exposición de Carlos Tárdez integra una serie de pinturas que desde pequeños formatos transita hasta lienzos de gran formato, donde el dominio de su pincelada se repite con un talento insolente, soberbio. Sus obras, apreciadas desde corta distancia, exponen un universo imposible de manchas donde la paleta cromática dialoga a la perfección, transformándose a mediana y larga distancia en retratos sobrecogedores, repletos de luz. Tárdez logra dominar esa misma técnica pictórica de la utilización de la mancha que hizo tan característica la obra de Diego de Velázquez, reinterpretada en un lenguaje contemporáneo.
En su propuesta aparecen personas, pero no se trata de retratos en sentido estricto, sino de figuras utilizadas como pretexto narrativo, como puntos de partida desde donde construye escenas cargadas de intención, sumamente poéticas. La narrativa y la composición ocupan un lugar central; cada imagen parece suspender un instante significativo, abierto a múltiples lecturas.




En estos trabajos incorpora además palabras escritas en el lateral de los lienzos utilizadas como título. Este elemento textual no describe la imagen, sino que la acompaña o desplaza, generando un diálogo entre lo que se muestra y lo que se nombra, un pequeño desajuste que activa la interpretación del espectador.
La narrativa y la composición se convierten en herramientas esenciales, la imagen no explica, sino que insinúa. Muchas de sus pinturas adoptan la apariencia de una fotografía capturada al vuelo, como nocturnos iluminados por un fogonazo de flash o interiores detenidos en un gesto mínimo, imágenes en silencio que revelan más de lo que cuentan y que atrapan al espectador en la tensión emocional del momento.
Las representaciones infantiles se repiten en sus obras, de una carga enternecedora. Niños descubriendo cosas maravillosas, juventudes repletas de energía, exploradores dispuestos a descubrir y comerse el mundo. Cada una de sus piezas posee vida propia y buena salud, rebosantes de emoción y talento, emocionantes.
Carlos Tárdez (Madrid, 1976) ha ampliado de forma notable su presencia internacional en los últimos años, con una creciente visibilidad en el circuito artístico de Europa y Asia. Su obra ha viajado a ciudades como Taipéi, donde ha participado en Art Taipei (Taiwán), así como a Bélgica, Alemania y Portugal. Desde sus inicios ha recibido numerosos reconocimientos, entre los que destacan tres Medallas de Honor en el Premio de Pintura BMW, recibidas en 2010, 2018 y 2021. Por estos días es acogido en Barcelona, donde se erige como una de las apuestas más notables en la agenda expositiva de la ciudad condal. Visitela, porque experimentará un momento de felicidad, suspirando en la existencia de la verdadera belleza de la pintura y su oficio.







