Ciertamente, la inauguración de la exposición ‘La Fuerza Inicial’ fue la que gozó de más espectacularidad de las cuatro que se inauguraron para celebrar en la ciudad de Palma al artista catalán Joan Miró y su amplísima producción. Espectacular no solamente porque fuera la muestra insignia del Govern de les Illes Balears. Ni siquiera porque el espacio escogido para su montaje fuera uno de los edificios más bellos de la milla de oro de la ciudad, colindante al Consolat del Mar, la sede de la presidencia de la comunidad autónoma. Nos referimos a La Lonja. La espectacularidad de esta exposición fue gracias a las mismas obras que aparecieron flotando monumentales cuando se abrieron las pesadas puertas de madera a los asistentes, en un ambiente casi fantasmagórico mezclado con un calor abrasador, entrando a un sueño pesado y lúgubre que se transformó en una celebración de la belleza estética, esa que vale la pena admirar.

Comisariada por la Conservadora de Escultura e Instalaciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Carmen Fernández Aparicio, la Llotja acoge diez esculturas de bronce de quien es considerado uno de los artistas más importantes de la historia del arte español y universal. Joan Miró escribía en notas autobiográficas por allá en la época de los años 40’s “es en la escultura donde crearé un mundo verdaderamente fantasmagórico, de monstruos vivientes”, con la intención de que “mis esculturas se confundan con los elementos de la naturaleza”.
Y vaya que lo consiguió. Si bien estos diez bronces no los encontramos entre medio de bosques o rocas a orillas del mar, sí lo hacemos entre los pasillos creados para su contemplación, donde conviven con las columnas de piedra de la Llotja, ejemplo conmovedor de lo mejor de la arquitectura civil del siglo IV, que transportan al espectador en una especie de sueño tenebroso, donde estas piezas parecen monstruos divertidos y totémicos que observan al visitante en un silencio sepulcral pero a la vez curioso.
Las esculturas, creadas en bronce fundido a la arena con pátina negra, tienen una manufactura perfecta. Y es que fueron hechas en fundiciones que sabían lo que hacían, como la fundición Susse, de Arcueil, cerca de París, con la que trabaja desde la década de 1960 y en la Fonderia Artistica Bonvicini de Verona, donde produjo obras en los setenta, ambas elegidas por la elegante densidad de sus pátinas negras, logrando uniformidad y buenos acabados.

Esta reunión escultórica hace referencia hacia lo femenino y lo masculino, al lleno y al vacío, al cielo y la tierra, a los volúmenes y las grafías, el automatismo y la meditación. Ni humanas, ni animales, ni inertes. Se trata de figuras híbridas que aluden a lo ancestral, a lo verdadero y a lo real como a veces creemos que son los sueños. Potentes y evocadoras, aparecen como los habitantes oscuros, monstruosos y a la vez juguetones que se pasean por un templo burgués abandonado, demasiado pesados pero a su vez divertidos y rebosantes de energía entre ellos como para querer salir de ahí. Son como los amigos imaginarios, monstruos nocturnos con los que cuando somos niños jugamos a las cartas debajo de las sábanas a la luz de una linterna, siempre tramposos, con los que te tronchas de risa.
El conjunto de estas obras adquieren una atmósfera especial entre ellas promovida por su montaje expositivo. Gracias a extensas plataformas blancas de puntas cerradas que crean pasillos por el espacio interior del edificio y la iluminación dirigida, logran un ambiente que a pesar de sus tensiones, logra ser sumamente armonioso, que invita al recorrido, a conversar con cada una de ellas. Las curvaturas superiores de las columnas juegan con las formas redondeadas de los bronces y a su vez tensionan con la geometría de las plataformas. El montaje sin lugar a dudas merece un reconocimiento, porque logra un impacto visual único en un todo sobrecogedor. De acceso gratuito, es una de las citas imprescindibles dentro de la oferta programática que este verano ofrece a los visitantes y habitantes de la isla, de día y de noche. Perdérsela es un crimen.






