La decimoséptima edición de JUSTMAD se celebró durante la primera semana de marzo en el Palacio Neptuno de Madrid, manteniendo su carácter de feria centrada en el arte emergente y en el descubrimiento de nuevos artistas. Al entrar a la feria se percibía una especie de adolescencia en el aire, en muchas de las obras que colgaban de los stands, en los propios expositores, en el espacio en general y las disposiciones espaciales en particular, algo que llamó poderosamente mi atención. Algo que, por ejemplo, no se veía por ninguna parte en ARCO, una cita de un peso institucional abrumador.
Bajo la dirección de Oscar García García y con la dirección artística y comisariado de Laura Darriba, el evento reunió a 42 galerías internacionales. Durante las cuatro jornadas de la feria se registraron más de 20.000 visitantes y cerca de 400 obras vendidas, cifras que reflejan un mercado activo en torno a artistas jóvenes y propuestas todavía en proceso de consolidación. El recorrido por la feria ofrecía un panorama heterogéneo de lenguajes y generaciones.

A diferencia de otros eventos más dominados por nombres consagrados, aquí predomina una sensación de búsqueda. Me encontré con galerías presentando artistas en momentos tempranos de su trayectoria y obras que todavía están explorando su forma definitiva. Esa energía experimental se percibía en la variedad de técnicas presentes y en la libertad con la que los artistas se aproximan a sus temas.
Como era de esperar, mi atención se focalizó hacia artistas y obras que demostraban una claridad técnica y conceptual ya definida, de talento incuestionable. Entre las propuestas más sólidas destacó la presentada por G.Gallery (Barcelona) con la tierna obra del artista ruso Danil Dege. Sus pinturas se articulan a partir de una fuerte presencia matérica. Capas densas de pigmento, raspados y gestos que quedan fijados en la superficie construyen composiciones donde la pintura se acerca al relieve. En ellas hay algo físico, que se revela mejor cuando el espectador se aproxima y descubre las irregularidades de la superficie.
En el stand del colectivo Dopermann Projects (Madrid), el artista Bertmann proponía un registro muy distinto. Sus piezas trabajan con una iconografía cercana a la cultura visual contemporánea, incluyendo símbolos, personajes ambiguos y referencias digitales que aparecen organizados dentro de composiciones irónicas de una fuerte influencia gráfica. El resultado es precisamente una obra que juega con ese lenguaje gráfico de internet y del diseño contemporáneo, pero lo hace introduciendo pequeñas distorsiones que generan extrañeza.
La participación latinoamericana tuvo uno de sus momentos más delicados en el espacio de TM Galería (Guayaquil, Ecuador) con la impresionante obra de Pedro Gavilanes. Sus pinturas, técnicamente espectaculares, construyen atmósferas suaves donde la figura se diluye entre veladuras cromáticas creadas con la ayuda de gel. Las imágenes parecen surgir de una memoria imprecisa, como si fueran fragmentos de escenas recordadas a medias. La pintura se desarrolla con una gran economía de gestos, privilegiando el clima emocional por encima de la descripción. Un artista imprescindible que tiene el mundo por delante.


Kate Contemporary presentó a Laura Herández Pérez con un conjunto de obras centradas en la relación entre el cuerpo y el espacio. Hernández muestra figuras que parecen desplazarse dentro de estructuras arquitectónicas o espacios fragmentados. La artista trabaja con una paleta contenida y con una organización visual muy precisa, lo que produce imágenes silenciosas pero cargadas de tensión conceptual. Sus obras cumplen.
Desde San Sebastián, Arteuparte apostó por Udatxo, cuya obra introducía una dimensión más lúdica dentro del recorrido. Combina elementos del cómic, el diseño gráfico y la cultura urbana utilizando colores directos y formas muy definidas. A primera vista parecen imágenes ligeras, casi humorísticas, pero al observarlas con atención aparece una mirada crítica sobre los códigos visuales que dominan la cultura contemporánea.
La galería La Esfera (Alicante) presentó al artista Eduardo Lastres con una serie centrada en el paisaje. Se trata también de otro notable descubrimiento el trabajo de Lastres, cuyas composiciones parten de estructuras geométricas que reorganizan la idea del horizonte y el territorio. En lugar de representar un lugar concreto, Lastres construye paisajes mentales a través de campos de color y líneas equilibradas, generando imágenes de gran serenidad formal.

El mapa de galerías participantes fue amplio e incluyó espacios como 25 & Art, Blacklight Gallery, Brispa, Claret Project, A Ciegas, Gallery Kent, Garaje Bonilla, Kate Contemporary, Materna y Herencia, Olga Julián y Viridian, entre otras. Estas galerías compartieron espacio junto a otras presentes en las secciones JUST Solo y JUST Latam como AF Galería, Anto Arte, Parallax, Galería Thema, Unbranded, Capital Art, Carmen Araujo, GalleryLabs, JAT Arts, Julia Baitalá, Matices, Skiascope + Valk Gallery y TM.
De cara a próximas ediciones, la feria puede reforzar algunos aspectos para enriquecer aún más la experiencia del visitante. Se trata de recomendaciones. Una agenda amplia de charlas, presentaciones y mesas de debate permiten profundizar en las propuestas artísticas y el coleccionismo más allá del recorrido por los stands. También puede ser especialmente bienvenida un área de descanso pensado para el público que facilite pausas durante la visita, así como una mayor presencia de servicios de comida y bebida dentro del recinto. Son detalles logísticos que, sin alterar la esencia del evento, contribuyen a hacer la experiencia más cómoda y prolongar el tiempo de permanencia del público dentro de la feria, que puede traducirse en un aumento de ventas. JUSTMad es una feria correcta que cumple su objetivo y que valdrá la pena visitar en su próxima edición para celebrar su mayoría de edad, con la responsabilidad y visión de mundo que conlleva tras diecisiete años de camino.





