El Centro Cultural CENTROCENTRO, ubicado en el corazón de Madrid, en la mismísima plaza de Cibeles (en un monumental palacio donde aún sigue funcionando la oficina de correos), en su programación invernal abre las puertas a una propuesta singular, que llama la atención por sobre el resto. Se trata de “fueradentro”, la exposición del artista conocido simplemente con el pseudónimo de FOD.
En la exposición el artista propone un triunvirato compuesto por pintura, escultura e instalación. Es lo primero que llama mi atención, en unos tiempos donde los pintores de oficio no están muy por la labor de indagar en el campo instalativo. Parece ser que FOD camina por diferentes lenguajes artísticos con cautela, pero a su vez con determinación. Esto se aprecia primero en sus objetos escultóricos, donde tiene un ímpetu por traspasar la pintura a lo bidimensional de manera muy concreta, con tornillos bien apretados, con materiales muy concretos. Y desde ese ejercicio, pasa a lo instalativo, a través de estructuras metálicas tubulares que dialogan en armonía con sus otras obras pictóricas y escultóricas.

Lo suyo es una investigación entre la forma, los materiales y el color para aludir a una realidad donde los referentes espaciales, arquitectónicos e incluso urbanísticos se despliegan en escenarios abiertos, acogedores, por donde el espectador puede desplazarse libremente. Sus instalaciones podrían estar ubicadas perfectamente en un parque público. En esta oportunidad las ubica en espacios cerrados y los contrapone a pinturas de enorme prolijidad, desde lienzos de gran formato a dibujos de pequeño formato, que logra provocar ambientes íntimos, reflexiones pausadas. Dentro de un caos de lineas y formas, propone un orden claro, que permite sentarse a ordenar las ideas al espectador de manera muy generosa.
El trabajo del artista aborda desde la pintura, la escultura, el dibujo y la instalación una revisión de los principios estéticos del constructivismo, el cubismo, la Bauhaus y esa amplia estela de la tradición moderna ligada tanto a la geometría como la abstracción. En tiempos tan convulsos y veloces, sentarse a observar las obras de FOD es un ejercicio de relajación, donde se puede inhalar profundamente, exhalar y comenzar a poner en orden las ideas, o al menos intentarlo.

Sus obras levantan y desarman estructuras, situando nuestra mirada frente a complejas y muy ambiguas figuras que están, pero no están ahí: casas, edificios, pasajes, patios, contenedores, fachadas, andamios, medianeras, calles, vallas publicitarias. FOD nos pone a funcionar la memoria, tanto para recomponer lo que ya no está presente como para distorsionarlo en su reaparición. Sus análisis parten de una experiencia vivencial y sensitiva de la realidad física que traduce a figuras, colores, planos y esquemas, dando lugar a una lectura sobre la ciudad y su desarticulado imaginario contemporáneo, disolviendo ejes y coordenadas. Es una obra increíblemente interesante.
Esta veintena de piezas expuestas en Centrocentro, propone un recorrido que se apoya en un diálogo dinámico y tranquilo con la majestuosidad del edificio que las acoge. Y no es tarea fácil, nada fácil, porque hablamos de un palacio tan imponente y de una arquitectura tan espléndida que es fácil que cualquier obra que entre ahí, corra el peligro de desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, las obras de FOD logran algo notable: Aparecer en silencio con particular belleza entre sus pasillos de manera silenciosa y al mismo tiempo, hacerse notar, quizás, por esa misma sencillez que caracteriza a cada una de ellas y a todas como conjunto, que las vuelve notorias.
Esa notoriedad la logra encajando cada una de las piezas atendiendo a los elementos estructurales que la rodean, con el objetivo de que entablen un diálogo con los ejes de perspectiva, las alturas, las vistas a través de las barandillas, las diagonales visuales o la sucesión de planos truncados que se dan en la planta. Lograr que sus obras aparezcan como una amante formidable y hacerse notorias en ese palaciego ambiente, es el mayor logro de esta exposición y del artista.

El resultado es un fenómeno donde el artificio estético desdibuja sus límites, expansivo, desdibujando sus límites. ¿Y cómo? A través de obras que se desmontan, recomponen y reutilizan en un juego de ensamblajes, donde las nociones de desecho y ensamblaje van de la mano, en una ludicidad de primera, cruzando disciplinas artísticas.
La propuesta de FOD es una invitación a que el visitante entre y salga de lo específicamente plástico para abordar lo arquitectónico, disfrutando ambos en un viaje de ida y vuelta, en una lectura de sus obras en paralelo con la tectónica, las ornamentaciones, el hierro, la piedra, los cromados y el cristal del Palacio de Cibeles. Se trata de una exposición embrujante.
FOD (Francisco Olivares Díaz, Puerto Lumbreras, Murcia, 1973) es Licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Granada y reside sucesivamente en Madrid, París y Roma, donde recientemente ha sido becario en la Real Academia de España. Mantiene su estudio en Nave Oporto, Madrid, de la que es socio fundador. En la actualidad está representado por las galerías T20 (Murcia y Madrid) y Juan Silió (Santander y Madrid). Desde sus primeras exposiciones en las galerías españolas T20, Ad Hoc y la brasileña Ybakatu, lleva a cabo ambiciosos proyectos en distintas salas institucionales (La Conservera, Sala Verónicas, Tabacalera), así como para Next Art Fair Chicago (Solo Project, con T20). Ha participado en numerosas colectivas de La Casa Encendida, Scan Project y otras galerías más allá de las que le representan. Desde el cambio de siglo su presencia ha sido constante en ferias y bienales (ARCO, Manifesta, Artissima, Maco, SP Arte, Volta NY y Volta Basel). Comisariada por Óscar Alonso Molina, la muestra podrá visitarse hasta el próximo 15 de marzo en el corazón de Madrid. Una cita imperdible.







