Rebautizada como Can Art Fair Madrid, la antigua feria Urvanity llegó a su décimo aniversario con otro nombre, con otro modelo y otro sentido, pero con la misma dirección y en la misma ciudad. En esto es importante aclarar un matiz para entender bien la feria. La actual CAN Madrid no es la misma feria, sino un proyecto nuevo impulsado también por Sergio Sancho tras cerrar la etapa de Urvanity, activa entre 2017 y 2022, centrada en el “nuevo arte contemporáneo”. CAN nace con una orientación que amplía el foco hacia prácticas contemporáneas más diversas, con un criterio más técnico y menos ligado a una escena concreta. Hay que aclararlo, porque con tanta feria al mismo tiempo y encima con cambios de nombre, esto es un lío y nadie se entera.
Ahora entremos de lleno a la que fue CAN, porque fue bastante espectacular. Con una inauguración donde corrieron ríos de cerveza y ginebra gratis para los asistentes (a diferencia de ARCO, donde los visitantes debían pagar la escandalosa suma de 19 euros la copa de cava, impresentable), ya de entrada la cosa pintaba diferente en el Matadero. La primera jornada continuó con su fiesta en el mítico Lula Club en plena Gran Vía, a pasos de plaza España y con un lleno total, donde el artisteo cool juvenil y el postureo nacional intentó dar lo mejor de sí. Nadie nos lo contó. Lo vimos y vivimos todo.


Pero volvamos a la feria, donde sucedieron cosas interesantes. Celebrada en el Matadero de Madrid, la feria se amplió a 4.000 m2 y la participación de 53 galerías internacionales de un nivel altísimo, que a pesar del número, han permitido una presentación sin saturación. Superando los 12.000 visitantes, registró un volumen de ventas estimado en varios millones de euros, con especial fluidez en el tramo medio del mercado.
Este crecimiento no ha sido solo cualitativo. La incorporación de secciones como Counterflow, CAN Design Madrid, SOLO/DUO, junto con el refuerzo de Young Galleries y FOCO Latam, ha organizado mejor los contenidos. Esto ha facilitado una lectura directa de las obras, donde los procesos técnicos se pueden identificar sin interferencias.
En MXM Galería, Helen Bur presentó una pintura figurativa construida desde el dibujo. La imagen se levanta a partir de capas de óleo bien controladas, sin excesos de materia. Las transiciones de color están ajustadas y la estructura de la figura se mantiene firme en todo momento. No hay correcciones visibles ni zonas sin resolver.
Twin Gallery apostó por Manuel Franquelo-Giner, cuyo trabajo parte de procesos digitales. La clave técnica está en el tratamiento del archivo y en la calidad de la impresión. Las superficies son limpias, sin ruidos y el resultado depende de un control preciso del proceso desde la pantalla hasta el soporte físico.
En el stand de la Galería Siboney, Ángel Mateo Charris trabaja con una pintura estructurada. Utiliza capas finas de óleo, sin empaste, lo que permite una lectura más clase de la composición pictórica. El color está medido y aplicado de forma y uniforme sobre sus propuestas, evitando desequilibrios.
SC Galería destacó por la alta presencia de talentos presentados, incluyendo a Nieves Gonzalez con sus mujeres actuales como sacadas del mismísimo Renacimiento, de un talento notable. Además de González, los estupendos Iván Floro y Fernando Tinoco. Nieves González trabaja con veladuras, aplicando óleo muy diluido en capas sucesivas, generando profundidad sin volumen físico. Iván Floro utiliza un trazo más directo, pero controlado, donde la pincelada se mantiene visible sin romper la forma. Fernando Tinoco construye su obra desde una base sólida de dibujo y composición, con un uso equilibrado de los negativos y una distribución clara de los elementos, Una selección notable.
En Veta by Fer Francés (Madrid) , Atanda Quadri Adebayo desarrolla patrones repetitivos con precisión. La regularidad del gesto es clave para que la imagen funcione. Juan de Morenilla, por su parte, trabaja con ensamblajes donde cada elemento está colocado con intención estructural, sin piezas accesorias.
La galería francesa B3 PDP (París) apostó por la pintora andaluza Virginia Bersabé, cuya pintura se apoya en un dibujo firme. Las figuras están bien construidas desde la base, y las capas de óleo respetan esa estructura. El volumen se consigue por ajuste de tono, no por acumulación de materia. Una mujer de oficio, que acompaña su propuesta de elementos más escultóricos y experimentales.
En DI Gallery (Sevilla), Pepe Domínguez destaca por sobre el resto con un óleo que nos recuerda inmediatamente a la tradición pictórica sevillana trasladada a un lenguaje contemporáneo, sumamente provocador y a la vez inquietante.
La galería catalana Víctor Lope (Barcelona) fue otra de las galerías que destacó en la feria presentando la obra del muy reconocible pintor Juan de la Rica, que desarrolla una pintura gestual muy contenida, con reminiscencias claramente picassianas. A pesar de que De la Rica es muy libre en sus trazos, crea resultados muy equilibrados, ordenados. Controla la cantidad de pintura y la distribución del gesto para evitar saturación en obras que ya de por sí son muy luminosas. De la Rica hace una pintura que activa inmediatamente la creatividad más escondida del observador que no ha pintado ni dibujado en su vida. Tiene una obra que encanta hasta a las serpientes.


En el punto de mira también estuvo la habanera galería The Cuba At Hub (La Habana) con la obra matérica del artista Arles del Río, quien presentó unas monumentales obras hechas en base a arena de playa, logrando unos efectos ópticos de una prolijidad considerable. Cuba, que vive en constante bloqueo económico por parte de Estados Unidos, imposibilitando el ingreso de materiales artísticos, parece activar cierta creatividad en sus artistas, a ratos por necesidad, a buscar otros elementos para crear logrando resultados admirables, que nada tienen que envidiar a otras obras hechas en la bonanza europea de la posibilidad, sobresaturada.
Al-Tiba 9 (Barcelona) también llamó la atención de los visitantes con la apuesta por la obra de la pintora Rebee Baghshani. Sus lienzos circulan al universo de VOGUE pero trasladado a su propio universo se hacen reconocibles por un valor técnico radicado en la constancia del trazo y en la acumulación controlada de detalles.
Galería Trinta también dio que hablar gracias a la obra sin excesos del pintor Emilio González Sainz y Colombo’s Gallery hizo lo suyo con la perturbadora obra de Ryan Heshka, cuya pintura nos remite a los probables e improbables sueños de El Bosco. La obra de Heshka combina ilustración y pintura con una linea limpia, el color utilizado de manera delimitada y un mensaje visual muy claro pero abierto a toda clase de elucubraciones.

Junto a estas propuestas, la feria registró ventas notables de artistas como Arturo Garrido (Arniches 26), Joaquín Reyes (Isabel Croxatto), Yutaro Inagaki (Shankay) Agus Díaz Vázquez (Arma Gallery) y María Ossandón (Galería Trinta), entre otros.
En general las galerías participantes de CAN Madrid han mantenido un nivel homogéneo en la calidad de sus montajes y presentación, muy profesionales. Estas, junto a otras dinámicas, han podido diferenciar a esta feria de las demás participantes de la Semana del Arte por su escala y claridad conceptual. No hay exceso de obras ni montajes saturados. Esto permite ver cómo están hechas las piezas, poder acercarse con cierta intimidad, casi imposible en una feria. Esto funciona porque deja espacio para observar la técnica, algo que no siempre ocurre en otros eventos más grandes.
Esta edición bautismal de CAN Art Fair Madrid ha sido consistente a ojos externos y ha logrado impresionar por su buena organización, la enorme cantidad de obras bien resueltas técnicamente y resultados comerciales cuantificables, manteniendo así una posición de ventaja como feria comercial centrada en el trabajo real de los artistas, más que en el impacto superficial o legitimidades políticas institucionales. Que se mantenga así, que le irá estupendo. Enhorabuena.





