Botero, rotundo

Dibujo en grafito de naturaleza muerta con frutas y jarra

El Salón de Arte Moderno de Madrid (SAM) en su novena edición, da el puntapié inicial a las actividades de la semana del arte de la capital, que se extenderán hasta el próximo 8 de marzo en diversos puntos de la ciudad. En el histórico y por estos días polémico Círculo de Bellas Artes de Madrid, SAM presenta uno de los acontecimientos de la semana, con diferencia. Se trata de la exposición “Fernando Botero: 1973-2023”, comisariada por Jaime Vallaure, Elena Rosauro y posible gracias a la colaboración del galerista Fernando Pradilla.

Instalado por primera vez en el salón de baile del espectacular edificio, un espacio monumental de 800 m2 y diez metros de altura, el proyecto de SAM transforma la arquitectura clásica en un escenario ideal para redescubrir la potencia silenciosa de uno de los artistas más reconocibles del arte contemporáneo y nuestro tiempo. 

La muestra propone una lectura retrospectiva e íntima de cinco décadas de producción, reuniendo alrededor de una veintena de obras que recorren distintas etapas creativas del maestro colombiano. Lejos de limitarse a la imagen popular del boterismo, la selección revela a un artista profundamente reflexivo, capaz de convertir el volumen en lenguaje emocional. Dibujos, pinturas y esculturas dialogan entre sí para demostrar cómo la monumentalidad formal puede convivir con una sensibilidad casi doméstica, especialmente visible en sus piezas tardías.

Las acuarelas realizadas entre el 2020 y 2023, en los últimos años de su vida, aportan un tono meditativo que contrasta con la exuberancia habitual de su imaginario. En ellas, el volumen deja de ser únicamente una afirmación estética para convertirse en un gesto de la memoria. Los cuerpos parecen contener el tiempo, como si cada figura fuese una pausa frente al vértigo contemporáneo.

El recorrido enfatiza además la coherencia conceptual del artista. Sus personajes de proporciones amplificadas, lejos de la caricatura, funcionan como instrumentos de observación social. En el contexto de SAM, concebido como un salón para coleccionistas donde cada obra aspira a nivel museístico, las piezas de Botero adquieren una nueva dimensión, donde no sólo celebran la belleza formal, sino también la permanencia de la pintura dentro del arte moderno.

La escala del salón de baile potencia especialmente las esculturas, cuyo peso físico dialoga con la verticalidad del espacio. Aquí, la rotundidad característica de Botero encuentra un equilibrio casi clásico; las curvas suaves y los volúmenes cerrados generan una sensación de calma que invita a una contemplación pausada, poco habitual en el ritmo acelerado de las ferias de arte, que en esta oportunidad se acerca a lo demencial. 

Escultura de una mujer recostada con un pájaro sobre su pie

El espectador no atraviesa la exposición, sino que la habita. Esa es la invitación. El contexto madrileño añade una capa simbólica adicional. Y es que la ciudad mantiene desde hace décadas una relación especial con el artista, visible en esculturas públicas que forman parte de su paisaje urbano. Esta nueva presentación no funciona como homenaje nostálgico, sino como reafirmación de la vigencia de su lenguaje, capaz de dialogar con generaciones distintas sin perder claridad ni identidad estética. 

Fernando Botero (Medellín, Colombia, 1932 – Mónaco, 2023), fue uno de los artistas latinoamericanos más influyentes del siglo XX y comienzos del XXI. Reconocido internacionalmente por su estilo de figuras volumétricas y proporciones expansivas, desarrolló una extensa carrera que incluyó exposiciones en algunas de las instituciones artísticas más reconocidas del mundo, como el Grand Palais de Paris, el Palazzo Venezia de Roma o el MoMA de Nueva York. Realizó incontables retrospectivas en Europa y América. Recibió importantes distinciones internacionales y su obra forma parte de colecciones públicas y privadas de referencia, consolidándose como una figura central de la modernidad figurativa. 

“Rotundo e íntimo” logra algo poco frecuente, y es humanizar a un artista universal sin reducir su grandeza. De este modo, la exposición demuestra que la obra de Fernando Botero no se sostiene únicamente en una estética reconocible, sino en una profunda reflexión personal sobre el equilibrio, la memoria y la condición humana. En el marco de SAM, esta muestra que podrá visitarse sólo hasta este domingo, confirma que su legado sigue expandiéndose sereno, monumental y profundamente cercano hacia las nuevas lecturas del arte contemporáneo. Para los artistas y comisarios que estarán por Madrid, de visita obligatoria. Es Botero, rotundo.