Arco se centra

Manos y brazos en diferentes posiciones artísticas en blanco y negro

La 45ª edición de ARCOMadrid 2026 volvió a transformar durante cinco días a Madrid en uno de los principales centros del mercado internacional del arte contemporáneo en Europa. Protagonista de un ecosistema de ferias que dinamizaron la ciudad durante la semana del arte, la cita reunió un total de 211 galerías de 30 países y alrededor de 1.300 artistas, confirmando su peso dentro del circuito global de ferias. El balance final fue positivo, con cerca de 95.000 visitantes y un impacto económico estimado en 195 millones de euros para la ciudad.

Desde su apertura, el ambiente de ARCO combinó el entusiasmo del mercado con un trasfondo político. Las cosas no estaban para transformar aquello en el tradicional festival de risas y brindis, primero por la terrible guerra desatada en Medio Oriente con bombardeos diarios. En segundo lugar, porque numerosos galeristas aprovecharon la visibilidad de la feria para protestar por el 21% de IVA aplicado al arte en España, una de las tasas más altas de Europa y considerada por el sector como un obstáculo para competir con países vecinos como Francia, Italia o Portugal. Este debate fiscal se convirtió en uno de los grandes temas de conversación en los pasillos de IFEMA.

En el terreno del mercado, algunas obras históricas concentraron la atención de los grandes coleccionistas. La pieza más cara presentada en la feria fue “El racimo de uvas” (1917) de Juan Gris, ofrecida por 4.2 millones de euros, mientras que otras obras de gran valor incluyeron esculturas y pinturas de maestros del siglo XX como Eduardo Chillida o Pablo Picasso en distintos stands de la feria. Aunque muchas galerías mantienen en privado sus cifras exactas, los especialistas estimaron que el volumen total de ventas alcanzó decenas de millones de euros durante los días profesionales.

Entre los stands más sólidos destacó el de la Galería Fernández-Braso (Madrid), con una pintura de Antonio Saura. La obra del artista aragonés, con su inconfundible gestualidad dramática y figuras fragmentadas, volvieron a demostrar la vigencia de la tradición informalista española dentro del mercado contemporáneo. Saura se repetía en otros puntos de la feria. 

En el ámbito internacional, PACE Gallery (Nueva York), presentó la obra de Paulina Olowska, cuyas pinturas reinterpretan la estética modernista desde una perspectiva feminista. Tres obras destacaban por su fuerte presencia visual y un enfoque que mezcla historia del arte, cultura popular y crítica social. 

Una de las propuestas conceptuales más comentadas fue la de Sophie Calle en el stand de Perrotin (París), con una obra donde la artista exploraba de nuevo los límites entre intimidad, archivo y autobiografía. Su obra, siempre cercana a la investigación personal, atrajo a críticos y coleccionistas.

El diálogo con la historia del arte moderno se hizo especialmente visible en la mítica galería Mayoral (Barcelona), que reunió obra de figuras fundamentales del siglo XX como Alexander Calder, Joan Miró o Roberto Matta, este último, con un lienzo de gran formato que pasaba casi inadvertido, entendiendo que prácticamente no existen pinturas del artista en el mercado español. Este stand se convirtió en uno de los puntos de atracción para coleccionistas interesados en piezas históricas de alta calidad. 

La memoria política latinoamericana tuvo también una presencia destacada en Galería Memoria (Madrid) con obras de Roser Bru y Guillermo Núñez, dos artistas prácticamente desconocidos en España. Sus trabajos, marcados por el exilio y la historia reciente de Chile, aportaron una dimensión histórica y crítica que contrastaba con el tono más comercial de otros espacios.

Entre las obras más polémicas de la feria se situó la presentada por Kubra Khademi en Galerie Eric Mouchet (París-Bruselas), donde la artista afgana proponía una crítica directa a la pasividad de ciertas figuras de poder ante la situación de las mujeres en Afganistán. La obra generó intensos debates por su tono satírico y provocador. En otro registro, T20 (Murcia-Madrid) presentaba obras de Julia Santa Olalla o FOD, quien actualmente presenta su más reciente obra en CentroCentro Madrid.

La fotografía y la instalación también tuvieron un papel relevante. Studio Trisorio (Nápoles), reunió obras del recién desaparecido fotógrafo británico Martin Parr y de la artista alemana Rebecca Horn, mientras que MAI 36 (Zúrich-Madrid) presentó piezas de Robert Mapplethorpe, Pedro Cabrita Reis y John Baldessari, además de otros nombres esenciales del arte contemporáneo, embrujantes. En paralelo, Galerie Lelong mostró una emotiva pieza de Ernest Pignon dedicada a Federico García Lorca. 

El panorama español contemporáneo también estuvo presente con propuestas interesantes como las de Galería Espacio Mínimo (Madrid) con Antonio Montalvo, Galería Rafael Ortiz (Madrid-Sevilla) con piezas de Curro González y Galería Senda (Barcelona) con el estupendo artista urbano Aryz. A ellos se sumaron proyectos de Gratin (Nueva York) con el berlinés Max Jahn, la barcelonesa Prats Nogueras Blanchard con piezas de Christo y Jeanne-Claude, proyectos no realizados por los artistas, parte de la reciente exposición dedicada a la pareja que fue una de las imperdibles de la temporada, y Eric Mouchet con las propuestas políticamente incisivas de Khademi.

En el capítulo institucional, el Ministerio de Cultura y el Museo Reina Sofía realizaron compras por 402.760 euros, adquiriendo 17 obras de 14 artistas (en su mayoría mujeres) para ampliar su colección pública. Al cerrar sus puertas, ARCO Madrid confirmó una vez más su doble naturaleza, la de feria comercial y laboratorio cultural. Entre sus transacciones millonarias, debates políticos y proyectos experimentales, la cita madrileña cruzó las aristas de mercado, memoria e imaginación. La gran interrogante, una vez más, quedó respecto al IVA, un tema pendiente en una feria que se centró en lo importante.