Era una noche clara. La luna asomaba entre las montañas y alumbraba la carretera. Feli, una mujer de unos treinta y cinco años, volvía a casa después de una cena con sus compañeras de trabajo. Había sido una semana muy dura y necesitaban relajarse.
Nuestra protagonista vivía en una ciudad dormitorio: lo bastante cerca de la gran ciudad como para acudir a cualquier evento, pero lo bastante lejos como para poner la excusa de “vivir lejos” ante cualquier eventualidad laboral.
La carretera secundaria por la que circulaba casi todos los días era ancha, aunque sinuosa, llena de curvas y con árboles a ambos lados. A lo lejos, unas luces azules se reflejaron en el asfalto. Tras una curva, un control de la Guardia Civil le indicó que se detuviera. Era un control rutinario de alcohol y drogas.
Feli no bebía desde su boda, siete años atrás, así que no tenía motivos para preocuparse. Tras revisar la documentación y comprobar que todo estaba en orden, la Guardia Civil la dejó continuar.
La semana en el trabajo había sido dura, como ya se ha dicho. Una pequeña discusión con su compañera y vecina, Mónica, por el reparto de las vacaciones las había distanciado. No hablaron en lo que quedaba de semana y, en la cena de aquella noche, ni siquiera se saludaron. Feli estaba arrepentida de esa discusión y de cómo le había gritado a su vecina y compañera de trabajo.
En un momento de lucidez, pensó que Mónica venía detrás de ella, en su coche, y que sí la había visto beber. De pronto, una idea —rápida y mal planteada— se le coló como un rayo. Sacó el móvil del bolso y escribió en el grupo de Telegram de la oficina el siguiente mensaje:
—Cuidado por la carretera: hay un control de alcoholemia camino de casa.
Al teclear la última palabra, alzó los ojos hacia el asfalto. El camino había desaparecido. Frente a ella solo estaba el tronco grueso de un árbol, demasiado cerca, demasiado tarde. Fue lo último que vio.
Dos semanas más tarde, el marido de Feli recibió una carta dirigida a su esposa, enviada por la DGT. Dentro, una multa de 3.000 euros por avisar de un control de alcoholemia.







