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Nacho Almagro: «Mi pasión por la música es lo que me motiva a seguir pinchando»

Nacho Almagro (Palma de Mallorca, 1978) apenas necesita presentación. Formado como deejay en Madrid, lleva casi una década siendo uno de los habituales en las cabinas más importantes de la isla. Consolidado en la escena, es actualmente residente mensual en el R33, Brooklyn Club y Es Molí Club, además de en Agua Bendita e Impossible, dos clubs de la capital.

¿Cómo y cuándo empezaste a pinchar?

A mí siempre me ha gustado la música electrónica. Recuerdo que cuando empecé a salir subíamos hasta Menta para ver a artistas como Sandy Rivera. También íbamos mucho a El Garito. Siempre me ponía al lado de la cabina y me divertía reconociendo las melodías. No te puedes ni imaginar la cantidad de cintas que tenía en el coche (risas).

Años más tarde, mi amiga Concha Buika me dio el empujón que me faltaba para empezar a pinchar. Por entonces, ella estaba empezando su carrera. Yo, en esos tiempos, jugaba al fútbol. Lo hice en equipos como La Victoria, Platges de Calvià y Poblense, hasta que lo dejé por mis continúas lesiones de rodilla al mudarme de Mallorca a Madrid. Tenía unos 24 años. Allí empezó todo. Hice un curso de técnico de sonido y empecé a conocer a gente metida en el mundillo. Uno de ellos fue Sandro Bianchi, al que acompañaba a la emisora donde hacía su programa de radio.

Mi primer equipo me lo compré aquí, en Mallorca, y me lo llevé a Madrid. Lo recuerdo perfectamente: eran dos reproductores Pioneer 200 (los plateados) y una mesa Technics, que todavía tengo en casa. También me llevé dos platos Technics, ya que tenía muchos vinilos. Empecé a mezclar hip hop, rhythm and blues, funk, disco y soul.

¿Recuerdas tu primer bolo?

Por supuesto que sí. Fue en el Club Goldfield, el de Paz Vega en Madrid. Dos amigas que trabajaban allí, Neus y Silvia, me propusieron ir a pinchar allí a primera hora. Recuerdo que, en mis inicios, siempre arrancaba la sesión con una banda sonora. Eso llamaba mucho la atención.

Luego llegaron las residencias. Fui residente en el Museo Chicote, situado en la Gran Vía, en Evaristo y también en la Discoteca Charada, que me encantaba. En esos tiempos, formaba parte de la promotora Madactive Collective junto a otros cuatro deejays: Sandro Bianchi, Be.Lanuit, Bruno Le Funk y Salvatore Laesa. Nos íbamos turnando para ir a pinchar de dos en dos. Teníamos la premisa de arrancar a menos de 100 bpm con down tempo.

Madrid fue mi escuela como deejay. Allí aprendí mucho sobre como tratar de llevar una pista. En total, estuve 11 años. Te aseguro que lo que viví allí fue increíble, en todos los sentidos. Tuve hasta lipotimias (risas).

Y luego llegó tu regreso a Mallorca…

En Madrid, el mundo de la noche empezó a cambiar tras las muertes de tres chicas en el Madrid Arena durante la fiesta de Halloween de 2010. Poco tiempo después, tuvieron lugar otra serie de incidentes. Entonces, la Policía se puso seria y comenzaron los controles de aforos en las salas. Y no solo eso. También en los limitadores de sonido. Fueron momentos difíciles, en los que tuve que aceptar residencias en restaurantes para amenizar.

Llegó un momento en que tenía más bolos en Mallorca que en Madrid, así que decidí regresar. Además, acababa de ser padre y necesitábamos tener a la familia cerca.

No me arrepiento de esa decisión. Al llegar, pude vivir momentos inolvidables con Rex Party, que estaba en su apogeo, o con vosotros (Zulos Club) en Sa Possessió. Evidentemente, también he pasado ratos difíciles, pero, al final, mi pasión por la música es lo que me motiva para seguir pinchando.  Además, yo siempre he compaginado mi trabajo de día como técnico de las calderas Roca con el de la noche. 

A lo largo de tu carrera, has compartido cabina con grandes artistas. ¿Cuál ha sido el que te ha sorprendido más técnicamente?

Larry Heard, sin ninguna duda. Lo llevamos a pinchar con Madactive Collective al Charada y nos dejó con la boca abierta. El tío no tocaba para nada los discos, simplemente subía y bajaba el pitch. Me dejó alucinado.

¿Con qué estilo te sientes más cómodo?

Intento adaptarme a la situación. Como bien sabes, no es lo mismo pinchar de noche que en un after. Depende de la hora y del momento, me decanto por un rollo o por otro.

La verdad es que disfruto mucho mezclando deep house con afro, organic o indie dance. Eso sí, también reconozco que cada vez me gusta más el techno profundo y melódico.

En mis sesiones, nunca repito en tema. Eso te demuestra lo ‘freaky’ que soy con la música (risas). Me paso horas y horas buscando nuevos temas. Ten en cuenta, que son de varios estilos diferentes.

Una vez que has puesto una canción, ya sabes qué sensación transmite. Por eso, no me gusta repetir. Reconozco que, a veces, puede resultar hasta enfermizo (risas). El querer tener nuevas sensaciones me motiva para seguir buscando música unas ocho horas cada semana. Procuro organizarme con la niña para poder estar centrado.

Por cierto, ¿Cómo lleva tu peque que su padre sea deejay?

Aitana, que ahora tiene 8 años, está más que acostumbrada y le encanta. No me gusta agobiarla poniéndole todo el rato sesiones mías, aunque cuando lo hago sigue el ritmo con su cabeza. Y eso me encanta (risas).

Prefiero darle libertad y que escuche lo que quiera. Además, como a todas las niñas de esa edad, le gusta más el reggaetón.

Imagino que, tras tantos años pinchando, tendrás alguna anécdota….

La primera que se me viene a la cabeza tuvo lugar en Charada Madrid, cuando estaba pinchando y de repente me empezaron a tirar sujetadores (risas).

Otra muy buena fue en Felanitx, en una fiesta a la que nos invitaron a pinchar a mí y a Ralfus juntos. Nos tocó hacerlo antes de Erick Morillo, al que yo admiraba mucho. De hecho, había ido a BCM solo para verlo. Y cuando acabó su sesión, le di la mano. Pero aquella noche en la que pinchó detrás de nosotros, se me cayó un mito. Cogió un micro y no veas la que lio (risas).

Una que me sucede muy a menudo, más de lo que me gustaría, es la que tiene lugar cuando el amigo o la amiga de turno te dice que había dejado la chaqueta en la cabina y que ahora no estaba, como si yo fuera el del guardarropa. Eso me da mucha rabia y en ocasiones, hasta me ha cortado el rollo.

Con el paso de los años me he vuelto cada vez más serio cuando trabajo. Por ejemplo, no me gusta que la gente entre en la cabina. Me gusta tener mi espacio y estar solo, sin que nadie me moleste.

¿Cuál ha sido la fiesta de tu vida?

Hubo una con Madactive Collective en una fiesta Goa en la Sala Fabrik (Madrid) que fue espectacular. Y eso que no estábamos en la sala principal, donde estaba Seth Troxler pinchando con vinilos. Recuerdo que hicimos un ‘back to back’ con Simon Mobile Disco que fue apoteósico.

Aquí, en Mallorca, he disfrutado como un enano en El Garito, que fue como mi cuna. Y Nacho Velasco e Isaac Indart, mis maestros. Mi versatilidad musical a la hora de seleccionar y enlazar temas es en buena parte gracias a ellos.

Me gusta mucho pinchar con alguien siempre y cuando tengamos afinidad musical. Disfruté mucho con Ralfus en la época de Rex Party y lo hice hace poco con Isaac (Indart) en una sesión de siete horas en el Brooklyn Club con un rollo melódico. Nuestra conexión es brutal. De hecho, ni siquiera nos hace falta hablar (risas).

Imagino que este pasado verano, tras dos años marcados por la pandemia, ha tenido que ser muy especial…

Ha sido espectacular, con trabajo todos los fines de semana. Además, he tenido incluso la suerte de poder elegir los bolos. No obstante, déjame comentarte que los otros anteriores veranos tampoco dejé de pinchar ya en Madrid no había tantas restricciones como en Baleares. De hecho, iba una o dos veces al mes a pesar de los riesgos.

En el R33 la verdad es que he disfrutado mucho, tanto en las fiestas en Santa Catalina como en las de su nueva ubicación en el polígono. También he tenido alguna que otra fiesta clandestina al aire libre. En resumen, este verano ha sido maravilloso.

Cambiando de tema, ¿Te llama la atención el tema de la producción?

Me gusta tanto la música y soy tan exigente que cuando intento producir nunca consigo el resultado deseado. Nunca doy con el sonido adecuado y me frustra.

También es necesario invertir mucho tiempo. Creo que mi mente se bloquea con tantas repeticiones. Le tengo tanto respeto a la música que nunca me conformo con el producto final.

A pesar de todo, seguiré haciendo cositas a ver si sale algo, ya que son muchos los managers que me piden producciones propias.

Lo que tengo claro es que quiero que pongan un tema mío sin saberlo, que lo pinchen porque les gusta. No quiero sacar al mercado algo que me parezca mediocre o que, sencillamente, yo no seleccionaría para poner en alguna de mis sesiones.

¿Cómo ves la escena en la isla?

Muy bien dentro de lo que cabe. Tenemos una amplía oferta de clubs y hay movimiento en cuanto a artistas nacionales e internacionales de primer nivel que visitan la isla. Creo que Mallorca ha mejorado su nombre de cara al exterior aunque, eso sí, estamos a años luz de tener una escena como la de Berlín o Madrid.

A no ser que sea un evento mainstream como festivales, ahora mismo montar algo con música electrónica y que funcione en la isla es muy difícil. A la gran mayoría de la gente joven le interesa otro rollo de música, como el reggaetón.  Y a los que les gusta, prefieren a artistas como David Guetta.

Por último, ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?

Hace poco, mi sobrino de 21 años me dijo que quería ser deejay… de reggaetón. Le dije que se comprara una controladora porque no valía la pena que se gastara el dinero con un equipo.

También le aconsejé que le pusiera mucha pasión. Y que se empapara de la música que pinche, de sus orígenes y raíces. Recuerdo que el primer vinilo que me regalaron fue ‘Thriller’ de Michael Jackson. Tras oírlo, me moría de ganas de escuchar más de sus discos o de artistas similares. Ahora tenemos esa posibilidad y hay que aprovecharla.

Para pinchar en una sala tienes que tener una especie de don. O lo tienes o no lo tienes. No se trata de hacer lo que has ensayado en casa. Se necesitan muchas más cosas y no todo el mundo es capaz.

FAST CHECK

  • Un deejay: Solomun
  • Un productor: Christian Löffler
  • Un tema: Kato Change “Abiro” (Da Capo’s Dub Mix)  
  • Un estilo que no sea electrónica: rhythm and blues y soul
  • Un club: El Garito
  • Un festival: Sónar
  • Una comida: paella
  • Una bebida: agua
  • Una película: ‘La vida es bella’ de Roberto Benigni (1997)
  • Una serie: ‘Juego de Tronos’  
  • Un lugar para perderse: Madrid

Y tú, ¿Qué opinas?

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