Meraki, nominado en los MEM Awards: “Estar entre los candidatos ya es un premio” 

Conocido por su pseudónimo de Meraki, Jordi Riutort (Muro, 1997) lleva media vida pinchando. Su pasión por la música le llevó a ser copropietario de la mítica Sala Fónica antes de su cierre. Nominado a mejor deejay de techno de 2025 en la segunda edición de los MEM (Mallorca Electronic Music) Awards –los Premios de la Música Electrónica de Mallorca- hemos conversado con él para conocer su trayectoria.
Retrato de un hombre con barba en un fondo neutro

Lo primero es darte la enhorabuena por la nominación en la segunda edición de los MEM Awards…  

Mil gracias. Para mí, el estar nominado ya fue un premio. Cuando me llamaste para comunicarlo no me lo creía. Verme allí, entre los nominados junto a dos “monstruos” como Álex Losa y Kiko Fernández, fue una pasada. 

Daros las gracias por esta iniciativa, que en esta segunda edición superó a la primera. Espero que dure muchos años, puesto ya que además de poner en valor el talento de la isla, también sirve como nexo de unión entre toda la escena. Es muy bonito que tengamos una noche para reunirnos todos.

– Por cierto ¿De dónde viene tu nombre artístico?

Después de buscar durante mucho tiempo un pseudónimo con el que me identificase, escogí “Meraki”. Se trata de una palabra griega que significa hacer las cosas con amor y pasión, que es mi filosofía. 

Me lo puse tres años después de empezar a pinchar, a los 17. Antes, usaba el nombre de “Cabo”, que es como conocen a la familia de mi padre en Muro. Es nuestro ‘mal nom’ desde hace bastantes generaciones (risas).

– Pues sí que empezaste joven a pinchar… 

Comencé cuando tan solo tenía 14 años con música comercial. Inspirado por lo que hacían en Flaix FM, la mezclaba en bucle con ‘house’. También ponía muchas remezclas. Y así me pasé tres años. 

Recuerdo que antes, cuando era un niño, me encantaba escuchar casetes de rock y pop en el coche de mis padres. Luego, a los 9 años, me regalaron por mi comunión un ordenador, donde mi tío me metió una carpeta llena de música. Ni te imaginas las horas que me pasaba delante de la pantalla viendo el espectro de las canciones. 

Poco después, a los 12, descubrí Tomorrowland en internet. Aquello me cautivó, hasta el punto de pedirles a mis padres que me regalaran una mesa de mezclas. Finalmente, les convencí y me compraron una Numark. Eso sí, la logística la tuvo que hacer mi padrino, ya que comprar por internet en casa en aquellos tiempos era impensable. 

Me acuerdo que al principio fue algo complicado, porque no sabía ni cómo empezar (risas), empecé a experimentar con Traktor y poco a poco, escuchando muchas sesiones le fui cogiendo el truco.

Más tarde, Geroni, el dueño del Skau, le regaló a mi padre dos platos Technics y decenas de discos. Aquel fue uno de los días más felices de mi vida (risas). Tengo muy buenos recuerdos de aquella época en la que Daltonic y JAMC me abrieron las puertas de su casa para enseñarme a mezclar. 

– ¿Recuerdas tu primer bolo?

Claro (risas). Fue en un ‘tardeo’ en el ‘Sis Tons’, un bar de Muro. Antes, había pinchado en muchos cumpleaños y fiestas privadas, pero ese es el que considero como el primero oficial. 

Tras varios bolos, me fichó Óscar Romero. Así, pude pinchar en mil sitios, desde Tito’s o el Hydropark de Alcudia hasta en decenas de verbenas por toda Mallorca. Aquello fue una escuela. Por ello, siempre le estaré agradecido.

Retrato de un hombre con barba y camiseta negra en un entorno moderno
Fotos: J. Fernández Ortega

– ¿Y en qué momento cambió todo?

Pues fue después de una fiesta de ‘quintos’, la última en la que pinché música más comercial. Yo ya por entonces salía mucho a eventos de música electrónica y aquel rollo me fascinaba. 

Durante los siguientes bolos, concretamente en el Café Milano, sigue usando el nombre de “Cabo” hasta que decidí romper con mi pasado y apostar por el de “Meraki”, ya en 2017.

– ¿Cuál ha sido, de momento, la fiesta de tu vida?

Una de ellas, cuando todavía utilizaba el nombre de “Cabo”, fue una fiesta de Elephank en Sant Vicenç, . Era la primera vez que pinchaba con ellos. Había tanta gente, que desde la cabina, que estaba sobre un escenario, no se veía el final. Tengo un recuerdo imborrable de aquel día, en el que todos mis amigos estaban en primera fila. 

Ya como Meraki, sería difícil destacar solo una. Por ejemplo, cuando trajimos a Vitalic a la Sala Fónica fue una pasada. También una tarde en el ‘Moai’, un chiringuito de la zona norte, que me tocó cerrar. Lo hice con “Opus” de Eric Prydz. Fue espectacular, la playa llena de gente… Guardo un vídeo increíble del momento. 

Tampoco puedo olvidarme del cierre de la Fónica. Aquella noche fue muy especial.

La Fónica significa mucho para ti… 

Por supuesto, es la discoteca de mi pueblo. Para empezar, aprendí a montar en bici por esas calles, cuando creo que aún no estaban asfaltadas. Yo tendría unos 6 años, pero todavía me acuerdo de que la fachada era de color naranja. 

Allí empecé a salir y descubrí la electrónica. Así que imagínate que significó para mí ser su propietario. Fue una decisión arriesgada, pero no me arrepiento. Recuperamos el nombre de ‘Sala Fònica’ e invertimos una importante suma de dinero en el sonido. 

Fueron dos años muy intensos, y bastante difíciles a nivel personal, en los que aprendí muchísimo. Desde fuera, las cosas se ven distintas. Llevar una sala te exige mucho.

– Cambiando de tema… ¿Te atrae el mundo de la producción?

Ya he hecho algunas cosillas, en analógico porque con el ordenador soy un negado (risas). Tengo amigos que me animan a publicarlas, pero a mí todavía no me convencen. 

Amo y respeto demasiado la música para sacar cualquier cosa. Quiero producir música que me represente y de la que me sienta orgulloso. Y supongo que para eso, todavía me queda algo de tiempo. De todas maneras, no tengo prisa. Tengo 28 años y sé que tengo mucho camino por recorrer. De momento, tengo pensado ponerme en serio cuando tenga el estudio en mi nueva casa.

– Imagino que tendrás alguna anécdota que contar… 

Te contaré una que me pasó cuando, además de ser residente, también ayudaba  con el ‘bookeo’ de la Sala Fònica. Una artista, de la que respetaremos su anonimato, nos pidió por contrato una camita pequeña para su perrita (risas).

– ¿Cómo ves la escena la isla?

Para serte sincero, creo que hay demasiada oferta y, salvo excepciones, muy poca profesionalidad. Desgraciadamente, ahora se valoran más los ‘likes’ en las redes que la experiencia. 

Evidentemente, todo el mundo merece tener oportunidades. Pero comprarte una controladora no te convierte en discjockey. Por desgracia, la imagen vende más que la música y eso es una pena. La escena ha cambiado mucho y en poco tiempo. 

Por otra parte, hay otras cosas que despiertan mi optimismo. Hay gente joven con mucho talento y, por otra parte, me ilusiona ver cómo, poco a poco, está volviendo el vinilo. Te lo dice uno que cada vez que viaja hace todo lo posible para desviarse y visitar tiendas de discos. Vuelvo con bolsas llenas y con unos 400 euros menos (risas).

– Por último, ¿Qué consejo le darías a alguien que quiera aprender a pinchar?

Le diría que se empape de música, de todos los estilos y épocas. También que conozca la historia de la escena de nuestra isla, que tan bien recuerda los MEM Awards. 

Además, le aconsejaría que, si se lo puede permitir económicamente, se compre dos platos Technics. Yo no concibo la escena sin discos, aunque soy consciente de que pinchar con vinilos siempre será más caro. Pese a ello, no hay nada más real que poder tocar la música con tus manos.

FAST CHECK 

  • Un deejay: John Talabot
  • Un productor: Gesaffelstein
  • Un tema: “Rocker” de Alter Ego
  • Un estilo que no sea electrónica: rock
  • Un club: Sala Fónica
  • Un festival: Sònar
  • Una comida: ‘Rostit’ de mi abuela
  • Una bebida: vino
  • Una película: “Interstellar” (Christopher Nolan, 2104)
  • Una serie: Prison Break
  • Un lugar para perderse: mi nueva casa
Imagen de Tommy M. Jaume

Tommy M. Jaume

Licenciado en periodismo, y con experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Mallorquinista de cuna y de tercera generación. Apasionado de la música (en especial la electrónica), del cine, de la historia, del deporte (sobre todo del wrestling, la lucha libre americana) y de todo lo que tiene que ver con el misterio.

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