Gorillaz cumple 25 años: el disco debut que convirtió un experimento en un fenómeno global

Hace 25 años, una banda sin rostro humano visible irrumpía en las listas británicas con un disco que mezclaba hip hop, dub y punk. Gorillaz vendió siete millones de copias y entró en el Libro Guinness. La efeméride sigue siendo materia viva.
Los personajes animados de Gorillaz en un entorno vibrante y colorido.
Celebrando el 25 aniversario del álbum debut de Gorillaz, un fenómeno musical único.

El 26 de marzo de 2001, Parlophone ponía en circulación un álbum firmado por cuatro personajes de dibujos animados que nadie había visto actuar en carne y hueso, creados por un músico de Britpop en declive y un ilustrador de cómic que habían visto demasiada MTV y decidido que algo fallaba fundamentalmente en la industria. Ese álbum se llamaba Gorillaz. Y resultó ser uno de los debuts más influyentes del pop del siglo XXI.

Veinticinco años después, la efeméride no es solo nostalgia: es la constatación de que aquella apuesta funcionó con una eficacia que pocos anticipaban.

EL CONCEPTO: UNA BANDA QUE NO EXISTÍA Y LO CAMBIÓ TODO

Ilustración de los personajes de Gorillaz en un vehículo militar

Gorillaz nació de la colaboración entre el músico Damon Albarn y el artista Jamie Hewlett, que compartían piso en Londres a finales de los noventa y veían con creciente escepticismo el espectáculo vacío de las listas musicales de la época. La solución que idearon fue radical: construir una banda sin identidad física, representada por cuatro avatares animados —2-D, Murdoc Niccals, Russel Hobbs y Noodle— que actuarían como pantalla ante el mundo y como excusa para escapar de toda etiqueta previa.

Para Albarn, que venía de liderar Blur, el proyecto era también una fuga creativa. El álbum incorporaba un ecléctico abanico de influencias que incluía trip hop, dub, música latina y punk rock, géneros que difícilmente habrían encajado en el universo Britpop del que procedía. El resultado sonaba a collage deliberado, y eso era exactamente lo que pretendía.

EL DISCO: GÉNEROS EN COLISIÓN, COHESIÓN SORPRENDENTE

A través del álbum, la banda experimentó con trip hop, rap rock, art rock, hip hop, dub, reggae, música latina, psicodelia y punk rock. Una lista que en papel suena a caos y en reproducción funciona con una coherencia que todavía sorprende. El single «Clint Eastwood», con la participación del rapero Del the Funky Homosapien, fue el detonante: lanzado el 5 de marzo de 2001, alcanzó el puesto número 4 en el Reino Unido y abrió la puerta a un álbum que el público recibió con entusiasmo desproporcionado para un debut.

El disco debutó en el número 3 de las listas británicas y en el puesto 14 del Billboard estadounidense. Colaboraron en él figuras tan dispares como Miho Hatori, Ibrahim Ferrer, y Tina Weymouth y Chris Frantz de Tom Tom Club, estableciendo desde el principio el modelo colaborativo que definiría la carrera de la banda.

Siete millones de copias vendidas en todo el mundo. No es una cifra menor.

EL RÉCORD Y LA LEGITIMIDAD CRÍTICA

El éxito del álbum llevó al grupo a ser incluido en el Libro Guinness de los Récords como la banda virtual más exitosa del mundo. Una categoría que en 2001 prácticamente no existía como tal y que ellos inventaron al ocuparla. El álbum fue nominado al Mercury Music Prize de 2001, aunque la nominación fue retirada a petición de la propia banda. Un gesto que, en retrospectiva, dice mucho sobre el tipo de proyecto que era: uno que prefería construir su propio canon antes que validarse en el ajeno.

La prensa especializada respondió con generosidad. Spin, NME y Q lo situaron entre los mejores álbumes del año; Slant Magazine lo incluiría después entre los mejores de la década. El libro 1001 Albums You Must Hear Before You Die le reservó su propio hueco.

LA INFLUENCIA: LO QUE DEJÓ EN SU ESTELA

Lo que Gorillaz inauguró en 2001 no fue solo un formato discográfico. Fue una forma de entender la identidad artística en la era digital: la posibilidad de construir una narrativa de banda —con personajes, historia, conflictos internos ficticios— desvinculada por completo de la presencia física de sus autores reales. El álbum inspiró la música y la estética de proyectos posteriores como Dethklok, Tyler the Creator y otros.

La gira que siguió al lanzamiento fue coherente con esa lógica: Albarn y el resto de la banda tocaban en directo detrás de una gran cortina oscura sobre la que se proyectaban imágenes de las criaturas creadas por Hewlett. El espectáculo negaba al artista para afirmar al personaje. Fue, en cierto modo, una propuesta que anticipó debates que la industria musical no resolvería hasta muchos años después.

Hoy, con veinticinco años de distancia, el álbum debut de Gorillaz no suena anacrónico. Suena adelantado.

  • El legado en streaming: «Clint Eastwood» sigue acumulando reproducciones en las principales plataformas, con cifras que confirman que el álbum ha resistido con autoridad el cambio de soporte y de generación de oyentes.
  • El modelo que abrió: La figura del artista con identidad ficticia o avatar —desde virtual influencers hasta proyectos musicales recientes— bebe directamente de lo que Gorillaz formalizó en 2001.
  • La discografía activa: En marzo, la banda publico el álbum The Mountain, lo que mantiene el proyecto en plena vigencia.

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