La escena tiene algo de postal y algo de ajuste de cuentas: Bad Bunny, en el centro del escenario, con el trofeo más pesado de la noche entre las manos y una idea flotando en el aire. Que el pop global ya no pide permiso; directamente entra y se queda.
UN ÁLBUM DEL AÑO QUE CAMBIA EL IDIOMA DEL PREMIO
La gran noticia no es solo que “Debí Tirar Más Fotos” ganara Álbum del Año. Es lo que implica: fue la primera vez que un álbum íntegramente en español se lleva el galardón principal de la Academia. Y eso, en un premio que históricamente ha mirado la música latina como “categoría aparte”, es una grieta (de las buenas) en el muro.
La ceremonia —celebrada en Crypto.com Arena— coronó un año en el que la conversación cultural ya venía calentita: lo hispano dejó de ser “tendencia” para convertirse en norma, incluso cuando algunos todavía intentan tratarlo como invitado.



El dato que define la noche
Bad Bunny no ganó “un Grammy latino”: ganó “el Grammy”. Y con ese gesto, la vitrina cambia de forma.
DOS TROFEOS, UN MISMO MENSAJE
Además del premio mayor, Bad Bunny se llevó Mejor Álbum de Música Urbana, como si la Academia quisiera subrayar que su victoria no fue un accidente estadístico.
Y luego estuvo el discurso: emotivo sin melodrama, orgulloso sin postureo. Se habló de Puerto Rico, de identidad, de perseverar… y también de humanidad en un momento político áspero. No fue un brindis al sol: fue una declaración de “aquí estamos” con el micrófono en la mano.
Cuando el escenario se vuelve editorial
Hay artistas que agradecen, sonríen y se van. Y hay otros que entienden que una gala masiva también es un editorial en prime time. Bad Bunny convirtió su premio en un recordatorio: la cultura no se deporta.
¿POR QUÉ “DEBÍ TIRAR MÁS FOTOS” CONECTÓ TANTO?
El álbum venía con narrativa desde antes: tributo a su tierra, mirada social, y una mezcla de géneros que no pide perdón por existir en el mismo tracklist. La Recording Academy no premió solo canciones; premió una visión.
Y hay un detalle que suma contexto: el disco ya había sido reconocido con Álbum del Año en los Latin GRAMMYs 2025. En otras palabras: no fue un “boom” pasajero, sino una obra con recorrido y consenso.
La fórmula que no es fórmula
No es solo reguetón, ni solo pop, ni solo “música urbana” como etiqueta comodín. Es música popular de verdad, la que se vuelve banda sonora de gente que no se conoce pero canta lo mismo. Y eso —aunque cueste admitirlo en ciertos despachos— también es “mainstream”.
LOS GRAMMY 2026, ENTRE EL SHOW Y LA SEÑAL DE ÉPOCA




El resto del palmarés dibujó un mapa claro: Kendrick Lamar junto a SZA se llevó Record of the Year por “Luther”, y Billie Eilish ganó Song of the Year con “Wildflower”. Competencia durísima, sí; pero el titular de fondo fue otro: el premio grande ya no tiene un único acento.
El “rey” no es un apodo: es un síntoma
Llamarlo “rey de los Grammy 2026” suena a hipérbole de fan… hasta que miras el resultado. Ganó donde la historia decía que no se podía ganar. Y, de paso, obligó a la industria a actualizar su diccionario: lo global no se traduce; se escucha.






