“No durarán ni tres conciertos”. “Verlos al principio, por si acaso”. “A ver cuánto tardan en pelearse otra vez”.
La vuelta de Oasis a los escenarios en 2025 ha desatado un fenómeno cultural, económico y emocional sin precedentes, y eso que todavía no han tocado una sola nota. Los Gallagher, conocidos tanto por su música como por su legendaria enemistad, están a punto de dar el primer concierto de una gira que parecía un mito. Lo que empezó como un rumor improbable se ha convertido en el evento musical del año, y quizás de la década.
La improbable reconciliación
Cuando en agosto de 2024 los hermanos anunciaron su regreso con 14 conciertos “únicos e irrepetibles”, la reacción fue unánime: incredulidad. Pero algo cambió. La promesa de una experiencia compartida con el público, de esas que “valen más que las diferencias internas”, según el vídeo promocional, caló. Los conciertos se multiplicaron. Primero fueron 17. Luego 41. Todos programados para 2025. Ninguno en España.
Y con ello llegó la lluvia de millones. Según estimaciones de la prensa británica, los primeros 14 conciertos podrían generar más de 50 millones de libras para cada Gallagher solo por entradas. Con 41 fechas confirmadas, la cifra se dispara. Marcas como Adidas han sabido leer el momento y se han lanzado a una colaboración nostálgica, recuperando el logo del grupo para nuevas líneas de ropa, mientras los fans hacen colas virtuales de hasta seis horas para comprar entradas.
En Polymarket, la plataforma de predicciones sobre todo lo imaginable, la posibilidad de que la banda se disuelva antes de su primer concierto en Cardiff ha caído del 10% al 1% en los últimos meses. Parece que esta vez va en serio.
Manchester: cuna de una furia melódica
Para entender el peso de Oasis, hay que volver a Mánchester, esa ciudad obrera, gris y musical. Aquí nacieron The Smiths, Joy Division y, claro, Oasis. Aunque su verdadero germen no incluía a los Gallagher: la banda se llamaba The Rain y estaba formada por Paul Arthurs, Tony McCarroll y Paul McGuigan. Fue Liam quien, al entrar como vocalista, propuso el nombre definitivo: Oasis. Luego llegó Noel, guitarrista autodidacta, compositor nato y hermano mayor.
Juntos moldearon un estilo directo, arrogante y visceral que quedó plasmado en dos discos clave del britpop: Definitely Maybe (1994) y (What’s the Story) Morning Glory (1995). Temas como ‘Wonderwall’, ‘Live Forever’ o ‘Don’t Look Back in Anger’ se convirtieron en himnos generacionales y símbolos de una era que oscilaba entre el descontento y la euforia.
La batalla del Britpop y el declive
Durante años, Oasis lideró una escena musical vibrante pero profundamente polarizada. El duelo con Blur, los sofisticados rivales londinenses, fue parte del folclore cultural británico de los noventa. Años más tarde, Damon Albarn revelaría que se sintió acosado por los Gallagher, y con razón: la prensa vendía más con cada provocación, y ellos lo sabían.
Mientras Blur y Pulp evolucionaban, Oasis se mantuvo fiel a un estilo que, aunque exitoso, acabó por volverse repetitivo. En total lanzaron siete discos, pero ninguno igualó el impacto de sus dos primeros. A falta de novedades musicales, se impusieron las peleas internas, los escándalos y la separación final en 2009. Fue el cierre de una historia que, sin embargo, nunca se dio por concluida del todo.
Una gira que apela al alma de toda una generación
El fenómeno de este regreso no se explica solo con cifras. Se trata de una nostalgia perfectamente canalizada. Para millones de fans, Oasis no es solo una banda: es un recuerdo encapsulado de adolescencia, de rabia, de identidad. En un mundo cada vez más inestable, volver a Oasis es volver a casa.
Y ahí radica la clave de este fenómeno. El grupo ha sabido convertir su historia de odio fraternal en un espectáculo narrativo irresistible. Cada concierto no es solo un show, sino una especie de reconciliación catártica entre el público y su pasado. Como si cada acorde fuera capaz de hacer olvidar los desencuentros, las peleas, los años de silencio.
¿Una última oportunidad?
Tal vez el tour no dure. Tal vez vuelvan a discutir. Pero mientras tanto, Oasis ha vuelto. Y con ellos, una parte irrepetible del imaginario colectivo. Por unas noches, todos podremos tener treinta años menos y cantar como si fuera 1995. Quizás sea la última vez. Quizás no. Como siempre con los Gallagher, nunca se sabe.



