A finales del año pasado se celebro el 300 aniversario de la fundación de GORDIOLA, también, el 50 aniversario del establecimiento de GORDIOLA en Algaida, cuando los padres de los actuales propietarios construyeron el característico edificio, réplica del castillo de los Reyes de Mallorca en Perpignán, con la colaboración del maestro constructor Francesc Antich y sus operarios, todos de Algaida.

En el 2019, Gordiola recibió  el nombramiento a la candidatura a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, juntamente con La Real Fábrica de Cristales de La Granja en Segovia, de titularidad estatal.

La historia del vidrio se remonta mucho más lejos, a unos 3.000 años antes de Cristo, cuando unos mercaderes de un material de sosa, llamado Natrón, en su ruta hacia Egipto, quisieron preparar su comida en una fogata, a las orillas del rio Belus, y, al no encontrar piedras donde apoyar sus ollas, lo hicieron sobre trozos del natrón que transportaban. Al día siguiente, comprobaron que este se había fundido al estar en contacto con la arena silícea del suelo, y se había convertido en un material brillante y duro. Era el vidrio.

Egipcios y fenicios , impulsaron su uso para la conservación y almacenamiento de líquidos y especias, llegando a su cenit en el Imperio Romano, cuando se popularizó. Sin embargo, fueron los venecianos de las islas de Murano y Burano, quienes desarrollaron magníficamente la técnica del soplado del vidrio, y la transmitieron de generación en generación, con un secretismo extremo, hasta que un antepasado de la familia Gordiola, viajó hasta allí, y se casó con la hija de un conocido Maestro vidriero, entrando como aprendiz en los hornos del suegro. Cuando hubo tenido acceso a todos los secretos de composiciones químicas y temperaturas de fusión, regresó a Mallorca, con su mujer veneciana, un pequeño varón, y todas las fórmulas bajo el brazo, que implantó en los hornos Gordiola del momento, dando lugar a lo que producen hoy en día.