La influencer Violeta Mangriñán ha generado una oleada de críticas tras compartir en TikTok una imagen acompañada del mensaje “Feliz Ramadán” junto a un plato de jamón —y, según algunas informaciones, también cerveza—, una combinación que muchos usuarios interpretaron como una burla hacia la comunidad musulmana.
Mangriñán eliminó la publicación y difundió un comunicado de disculpas, pero el episodio ha seguido creciendo en redes: denuncia amenazas dirigidas a ella y a sus hijas, y afirma haber trasladado la situación a la policía local.
QUÉ PUBLICÓ Y POR QUÉ HA GENERADO CRÍTICAS
La secuencia, según varios medios, arranca con una publicación compartida en TikTok que vinculaba un saludo por el inicio del Ramadán con una imagen de jamón. En redes, donde el contexto suele diluirse y los contenidos circulan en forma de pantallazo o “meme”, ese gesto fue leído por parte del público como un mensaje ofensivo: el cerdo es un alimento prohibido para los musulmanes practicantes, y el Ramadán es un periodo de ayuno y recogimiento.
Conviene situar el marco temporal. El Ramadán —determinado por el calendario lunar y el avistamiento de la luna— comenzó en numerosos países el 18 de febrero de 2026, de acuerdo con EFE; en España, algunos calendarios y piezas informativas sitúan el inicio en la noche del 17 de febrero y el final del ayuno hacia el 19 de marzo, con la festividad de cierre prevista en torno al 20 de marzo (fechas que pueden variar según la observación local).
En paralelo, medios y usuarios han señalado que en los últimos días han circulado en redes mensajes “anti-Ramadán” que recurren precisamente a imágenes de jamón y alcohol para provocar. Ese contexto contribuye a explicar por qué el contenido atribuido a Mangriñán fue encuadrado, para muchos, en una lógica de mofa.
LA RESPUESTA: BORRADO, DISCULPAS Y “NO ERA MI INTENCIÓN”
Tras el aluvión de críticas, Mangriñán eliminó la publicación y compartió un mensaje de disculpa. En declaraciones recogidas por Telecinco, sostuvo: “No tengo nada en contra de los musulmanes y su religión” y pidió perdón “si alguien se ha sentido ofendido”, insistiendo en que no era su intención.
La influencer también ha enmarcado lo ocurrido como un error de juicio amplificado por la dinámica de las redes. “Nunca me imaginé que un meme (…) me iba a amargar la existencia”, llegó a afirmar en el programa ‘El tiempo justo’, al describir el impacto emocional del episodio.
En este punto, el caso se bifurca en dos debates que suelen ir de la mano: el del contenido compartido y el de la reacción social. Lo primero —una publicación considerada ofensiva— no justifica lo segundo cuando deriva en hostigamiento, insultos o amenazas.
AMENAZAS Y MEDIDAS DE SEGURIDAD: “VOY A TENER UN ESCOLTA”

Mangriñán asegura que, pese a las disculpas, ha recibido mensajes “de extrema gravedad”, incluidas amenazas contra ella y su familia. La Razón informa de que llegó a mostrar capturas con frases violentas dirigidas a sus hijas y que también habló de una oleada de reseñas negativas y advertencias sobre posibles ataques a sus locales.
En Telecinco, además, explicó que contrataría una empresa de seguridad y que prevé contar con “un escolta” durante el mes de Ramadán “porque no me fío”, según el relato publicado por el medio.
HuffPost España, por su parte, añade que la influencer sostuvo haber puesto los hechos en conocimiento de la policía local de las zonas donde se encuentran sus negocios y que lamentó que las disculpas públicas no frenen a quienes “quieren odiar por encima de todo”.
CÓMO SE AMPLIFICA UNA POLÉMICA EN REDES (Y QUIÉNES ENTRAN EN ESCENA)
El episodio ilustra un patrón recurrente: un contenido breve, de lectura ambigua o deliberadamente provocadora, se convierte en catalizador de un conflicto identitario. A partir de ahí, se suman capas —interpretaciones, acusaciones, contraacusaciones— y el foco se desplaza del hecho inicial a la guerra de bandos.
Telecinco apunta, en ese sentido, a la intervención de otros perfiles: menciona que otra influencer, Barbie Gaza, la acusó de islamofobia y defendió el boicot pese a la rectificación, lo que habría contribuido a intensificar la conversación pública.
La lógica de plataforma hace el resto: capturas, clips y reacciones generan más interacción que una disculpa sobria. El resultado es un circuito de retroalimentación donde el alcance se multiplica y la desescalada cuesta más.
LÍMITES DEL HUMOR Y MARCO LEGAL: QUÉ DICE LA NORMATIVA SOBRE EL “ODIO”
Que algo sea polémico no implica automáticamente que sea delito. Pero España sí cuenta con un marco penal para conductas de provocación a la discriminación, al odio o a la violencia: el artículo 510 del Código Penal (y su desarrollo interpretativo) regula este ámbito, con matices sobre intencionalidad, contexto y efectos del mensaje.
En paralelo, el Ministerio del Interior publica informes sobre delitos e incidentes de odio, con datos que muestran la sensibilidad del fenómeno y su evolución, especialmente cuando hay menores victimizados.




