Un correo con un currículum adjunto. Eso fue todo al principio. En 2021, una joven valenciana llamada Paloma Ramón —35 años, aficionada declarada al trabajo de Frank Cuesta con los animales— le escribió al aventurero leonés para ofrecerse a colaborar en su santuario. Lo que empezó como una propuesta laboral se convirtió, cuatro años después, en un matrimonio sellado con rito budista en Tailandia.
La noticia la anunció la propia Paloma el 25 de mayo de 2026 a través de sus redes sociales, con varias fotografías de la celebración y un texto que no dejaba lugar a dudas: «El día más maravilloso, especial y perfecto de nuestras vidas. Estamos con quien queremos estar y donde queremos estar.»
DE UN CORREO ELECTRÓNICO AL SANTUARIO LIBERTAD

Lo que nadie explica es cómo una fan pasa de mandar un email a convertirse en pieza central de la vida de alguien. En el caso de Paloma Ramón, la respuesta tiene un nombre geográfico: Tailandia.
La historia de la pareja se remonta a 2021, cuando Paloma, ferviente admiradora del trabajo de Cuesta, decidió enviarle un correo electrónico con su currículum. Lo que empezó como una propuesta laboral terminó en un viaje al santuario de animales. A partir de ahí, la colaboración fue creciendo en la distancia —reuniones por videollamada, gestiones administrativas, presencia en el canal de YouTube— hasta que en 2024, Paloma se instaló definitivamente en Tailandia.
El problema real no es si la relación empezó antes o después de esa mudanza. Es que Frank Cuesta tardó en confirmarlo públicamente. Fue en marzo de 2025, en una entrevista concedida al canal de YouTube de Javi Olivera, cuando el propio Frank reconoció: «Paloma lleva un montón de tiempo ayudando en el santuario y claramente tenemos una relación personal.»
Nadie lo había negado. Pero tampoco nadie lo había dicho.
QUIÉN ES PALOMA RAMÓN

Paloma, valenciana de 35 años, era una fan absoluta del trabajo que Frank desarrollaba en el Santuario Libertad, el complejo de animales que tiene en Tailandia. Más allá de eso, los datos públicos sobre su trayectoria profesional previa son escasos. Lo que sí ha quedado documentado es su implicación progresiva en la gestión del santuario: aparece en vídeos del canal de YouTube de Cuesta, participa en directos y, según el propio aventurero, sus hijos respetan a Paloma, algo que Frank subrayó al afirmar que «cualquier mujer que estuviera a su lado que no fuera su madre les caía mal».
Esa aceptación de Zape y Zorro —dos de los hijos que Frank tuvo con su exmujer Yuyee Alissa— no es un detalle menor. Los dos estuvieron presentes en la boda.
UNA BODA SIN ALFOMBRA ROJA
La pareja apostó por una ceremonia muy personal, alejada del foco mediático. Paloma eligió un Chut Thai —vestido de novia tradicional tailandés— en color blanco. Frank Cuesta apareció con un traje rosa, también de tradición tailandesa, y sus inseparables zapatillas Crocs. Sin protocolo. Sin plató.
La celebración tuvo lugar en el propio Santuario Libertad, el mismo terreno que durante meses protagonizó una batalla judicial que estuvo a punto de costarle la libertad al aventurero. Un año y medio después de haber sorteado la prisión en Tailandia tras las denuncias relacionadas con las prácticas de su santuario, Frank Cuesta se casaba en ese mismo lugar. El escenario del conflicto convertido en escenario del enlace.
Entre los asistentes figuraba Metapon, el abogado tailandés de Frank —que también representó legalmente a la familia del cirujano Edwin Arrieta en el juicio en el que Daniel Sancho fue condenado a cadena perpetua en 2024. Un invitado que lleva consigo, quiera o no, el peso de uno de los casos penales más mediáticos de España en años recientes.
EL CONTEXTO QUE ESTE MATRIMONIO NO PUEDE IGNORAR
Frank Cuesta llega a este enlace arrastrando un historial reciente que no es sencillo: la separación conflictiva de Yuyee Alissa —madre de sus cinco hijos, uno de ellos fallecido—, los audios filtrados sobre el santuario en los que se hablaba de vender y envenenar animales, y el consecuente deterioro de su imagen pública. La controversia fue una de las mayores sacudidas a su credibilidad reciente, con un impacto directo en la forma en que se interpretó todo lo que ocurría a su alrededor.
Paloma Ramón estuvo presente durante todo ese periodo. No como observadora externa, sino como parte del día a día del santuario.
Eso también es un dato.




