En el barrio de Son Cladera, en Palma, una vivienda construida hace medio siglo ha iniciado una nueva etapa. Lo que durante años fue un piso compartimentado, con una distribución propia de otra época, es hoy un hogar luminoso, funcional y profundamente mediterráneo.
La reforma integral, firmada por Cristina Garau, parte de una premisa clara: no se trataba solo de actualizar acabados, sino de replantear por completo la manera en que se habitaba el espacio. Porque cuando una vivienda cumple 50 años, no necesita únicamente una renovación estética; necesita una reinterpretación que la conecte con el presente.
De arquitectura fragmentada a espacio continuo
La distribución original respondía a una lógica distinta a la actual. Estancias cerradas, pasillos largos y una cocina aislada del resto de la vida doméstica definían la vivienda antes de la intervención.
El primer gesto fue estructural: abrir. Eliminar barreras físicas para permitir que la luz natural recorriera la casa sin interrupciones. Salón, comedor y cocina pasaron a formar parte de un mismo eje visual, generando una sensación inmediata de amplitud.
Esta nueva organización no solo mejora la percepción espacial, sino también la experiencia diaria. Las circulaciones se simplifican, los recorridos se acortan y el hogar adquiere una fluidez que invita a convivir de forma más natural.
La cocina como nuevo corazón de la vivienda
En muchas viviendas de los años 70, la cocina ocupaba un lugar secundario, separada del espacio social. En este proyecto, esa jerarquía se invierte.
La cocina se traslada y se abre al salón, convirtiéndose en el verdadero centro de la casa. Diseñada en forma de “U”, combina funcionalidad y estética con una paleta cálida de tonos arena y madera natural. La barra actúa como punto de encuentro informal, reforzando la idea de que cocinar y compartir forman parte de la misma experiencia.
Las vitrinas con perfilería oscura introducen un contrapunto elegante, mientras que la iluminación decorativa aporta ritmo sin romper la armonía general. Todo está pensado para que la cocina dialogue con el salón sin imponerse.

La luz como hilo conductor
En un contexto mediterráneo como el de Palma, la luz es un material más. Desde el inicio, el proyecto se diseñó para potenciar su entrada y multiplicar su efecto.
Los tonos neutros —blancos cálidos, arenas y matices piedra— actúan como superficie reflectante, amplificando la luminosidad natural. Los acabados mate evitan brillos excesivos y generan una atmósfera serena.
La iluminación artificial se concibe como acompañamiento. Líneas técnicas discretas, puntos indirectos y luminarias decorativas trabajan juntas para crear diferentes escenas según el momento del día. El resultado es un hogar que cambia con la luz, pero mantiene siempre su equilibrio.
Materiales que aportan calidez y continuidad
Uno de los retos de reformar una vivienda con medio siglo de historia es evitar que el resultado pierda alma. Para ello, la elección de materiales fue clave.
La madera natural introduce textura y calidez, compensando la neutralidad cromática. El pavimento continuo unifica visualmente las estancias y refuerza la sensación de amplitud. Cada transición entre materiales está cuidadosamente pensada para que el conjunto fluya sin interrupciones abruptas.
No hay estridencias ni contrastes forzados. La coherencia es el verdadero hilo conductor del proyecto.
Reordenar para ganar funcionalidad
La reubicación de la cocina permitió liberar espacio en la antigua zona de servicio. Esa superficie se transformó en un estudio funcional y luminoso, separado mediante una puerta corredera acristalada que mantiene la continuidad visual.
La nueva lavandería, integrada en esta reorganización, responde a una lógica práctica sin romper la estética general. Cada decisión espacial busca optimizar metros cuadrados sin sobrecargar el conjunto.
Esta capacidad de reinterpretar la distribución original es uno de los rasgos que definen el trabajo de Cristina Garau como interiorista en Mallorca, donde muchas viviendas requieren una actualización profunda para adaptarse a las necesidades actuales.
Un baño con identidad propia
La reforma permitió ampliar ligeramente el baño, un gesto aparentemente pequeño pero decisivo en términos de confort. El pavimento continuo aporta unidad, mientras que un revestimiento en tono verde oscuro introduce carácter y profundidad.
La combinación de griferías elegantes, iluminación indirecta y almacenamiento integrado demuestra que funcionalidad y estética pueden convivir sin concesiones.

Dormitorios pensados para el descanso
En la zona nocturna, la intervención se vuelve más íntima. Los dormitorios se conciben como refugios serenos, donde predominan las líneas limpias y los tonos suaves.
El dormitorio principal incorpora un papel pintado sutil que aporta textura y alarga visualmente la estancia. Los armarios integrados y los cortineros ocultos refuerzan la sensación de orden.
Aquí, la prioridad es el descanso. La iluminación cálida y los textiles suaves completan una atmósfera que invita a desconectar del ritmo diario.

Carpintería a medida: precisión y armonía
Gran parte del éxito visual del proyecto reside en la carpintería diseñada específicamente para la vivienda. Armarios, panelados y soluciones de almacenaje se integran en la arquitectura, evitando elementos añadidos que fragmenten el espacio.
El diseño a medida permite aprovechar cada centímetro disponible y mantener una coherencia formal en toda la casa. Nada parece improvisado; todo responde a una intención clara.

Reformar es reinterpretar
Más que una actualización estética, esta intervención supone una reinterpretación completa del espacio doméstico. Reformar una vivienda de 50 años implica dialogar con su estructura original y entender qué debe conservarse y qué necesita transformarse.
En este caso, la respuesta fue abrir, simplificar y equilibrar. El resultado es un hogar adaptado al presente sin renunciar a su historia.
Dentro del panorama actual de interioristas en Palma de Mallorca, proyectos como este evidencian una tendencia clara: priorizar la luz, la continuidad espacial y la atemporalidad frente a soluciones pasajeras.
Una segunda vida para la arquitectura doméstica
Hoy, la vivienda en Son Cladera no es solo más moderna; es más habitable. La luz fluye, los espacios dialogan y cada estancia cumple una función clara sin perder calidez.
Renacer tras 50 años no significa borrar el pasado, sino reinterpretarlo con sensibilidad. Esta reforma demuestra que, cuando la arquitectura se entiende desde la proporción y la coherencia, el resultado trasciende la estética.
La casa vuelve a respirar. Y con ella, quienes la habitan.









