Moda Artesana de Mallorca se presenta con un dúo inesperado: Carolina Cerezuela y Carla, la cara visible del “hecho a mano”

La nueva marca Moda Artesana de Mallorca nace para proteger la autenticidad de la moda hecha a mano en la isla y darle proyección comercial. Con un desfile inminente en el Teatre Principal, el proyecto pone el foco —también mediático— en Carolina Cerezuela y su hija Carla, embajadoras del sello.
Dos mujeres posando en trajes formales en Mallorca
Carolina Cerezuela y su hija Carla Moyá. Foto: J. Fernández Ortega

En el patio de la Misericòrdia, con ese raro equilibrio entre la sombra fría y el sol que te obliga a moverte un paso cada dos minutos, la moda no llegó como un capricho: llegó como un manifiesto. Artesanos, curiosos, amantes de los complementos y del detalle se juntaron para asistir a un nacimiento institucional: la marca de garantía Moda Artesana de Mallorca ya es una realidad.

La escena tenía algo de contradicción bonita. En tiempos de prisa y copias rápidas, se presentaba un sello que, básicamente, pide lo contrario: tiempo, trazo humano y una historia que pueda demostrarse. La artesanía, aquí, no se vende solo como estética: se defiende como identidad.

EL DESFILE: 18 TALLERES, SEIS PROPUESTAS Y UN ESCENARIO

El próximo viernes 27 de febrero, el Teatre Principal de Palma será la pasarela (y, de algún modo, el escaparate cultural) donde desfilarán 18 artesanos, con seis propuestas por creador. No hablamos solo de ropa: el mapa de oficios incluye textil y confección, joyería, calzado, fibras vegetales y trabajo de piel.

Del telar al metal: lo que se verá sobre el escenario

La promesa del evento es casi narrativa. Antònia Roca, vicepresidenta del Consell y consellera de Cultura, avanzó que el público hará “un viaje al corazón del taller”. Es decir: no se trata de ver “looks”, sino de intuir manos, técnicas y materiales detrás del brillo.

CEREZUELA Y CARLA: DOS GENERACIONES PARA CONTAR LA MISMA ISLA

Si algo quedó claro en la presentación es que el proyecto quería oficio… y quería foco. Ahí entran Carolina Cerezuela y su hija Carla Moyà, anunciadas como embajadoras de la marca: dos generaciones para un mismo relato, el de una Mallorca que también se viste desde la tradición.

Cerezuela lo resumió con una frase que suena a antídoto contra la moda desechable: dar visibilidad a artesanos “valientes” que siguen apostando por “calidad” y “cariño”. Carla, en sus primeras palabras públicas, habló de lo que a menudo se olvida cuando se habla de artesanía: que también necesita a los jóvenes para seguir existiendo, no solo para ser “bonita”.

Embajadoras, sí… y también marketing

El Consell, además, ha planteado acciones promocionales como un “fashion film” protagonizado por ambas, buscando ampliar el alcance del sello más allá del aplauso local. Porque una marca, por muy auténtica que sea, también compite por atención.

EL SELLO Y SUS REGLAS: CUANDO LA CALIDAD SE AUDITA

La parte menos glamurosa —y quizá la más importante— es la de los criterios. Para que Moda Artesana de Mallorca no sea solo un logotipo bonito, se apoya en una Comisión Técnica y en requisitos medibles: documentación del proceso, acreditaciones profesionales y una condición clave para evitar el “made in” de escaparate: al menos el 75% del proceso productivo debe realizarse en Mallorca (incluyendo diseño y confección), y se exige la Carta de Artesano expedida por el Consell.

Un sello que habla de patrimonio (y de futuro)

Roca lo ha defendido en términos que van más allá de la moda: “identidad, cultura y patrimonio vivo”. El objetivo no es solo vender más; es vender mejor, con reglas que protejan el saber hacer y lo diferencien de la copia industrial.

MÁS QUE MODA: TEJIDO PRODUCTIVO, CULTURA Y RELEVO GENERACIONAL

Este tipo de iniciativas siempre caminan por una cuerda floja: convertir la artesanía en souvenir o convertirla en economía creativa real. El sello aspira a lo segundo: dar proyección comercial sin perder autenticidad, abrir mercado sin diluir origen, atraer miradas sin vaciar el oficio por dentro.

Y ahí, curiosamente, el dúo Cerezuela–Carla funciona como símbolo. Una parte del proyecto mira hacia la tradición; otra, hacia el futuro que la sostenga. En el mejor de los casos, el 27 de febrero no será solo un desfile: será una declaración de intenciones. Una de esas que, si se hacen bien, se notan en el detalle.