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Cultura rave: cuando bailar está prohibido

Zulos Club Radio Show, el programa de la promotora más antigua de Palma, dedica este martes su espacio en Who Electronic Radio (90.5 FM) a la cultura rave. Un viaje en el tiempo para conocer más sobre este fenómeno surgido hace ya varias décadas.

Desde siempre, la juventud ha tenido que lidiar con obstáculos que limitan su ocio nocturno. Así, a finales de los años cincuenta, comenzaron a proliferar en el Soho londinense las conocidas como “fiestas bohemias salvajes”. A partir de ese momento, empezó a utilizarse por primera vez el término ‘rave’, algo así como ‘delirio’ en castellano. Aprovechando el tirón del nuevo vocablo, Buddy Holly grabó el éxito ‘Rave On’, un tema que hablaba sobre el deseo de que el frenesí fuera eterno.

A mediados de los sesenta, en concreto el 28 de enero de 1967, la capital británica acogió el ‘Million Volt Light and Sound Rave’, un evento en el que sonó por primera y única vez ‘Carnival of Light’, un experimento sonoro compuesto especialmente para la ocasión por Paul McCartney de The Beatles.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el movimiento hippie decidió exiliarse debido a la represión ejercida por el presidente Nixon. Uno de estos viajeros fue Tom Hunter, quién alquiló una furgoneta con unos amigos para habilitar un soundsystem y recorrer, de fiesta en fiesta, el Viejo Continente.

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Muchos de estos nómadas musicales acabaron asentándose en Reino Unido, lugar donde este tipo de fiestas se convirtió en los años ochenta en un auténtico fenómeno social, muy alejado de la comercialidad de las discotecas e impulsado por estilos como el techno y el acid house, un sonido que llegó a tierras británicas desde Ibiza. Y es que allí, en Isla Blanca, Paul Oakenfold y Danny Rampling se enamoraron de un rollo que intentaron imitar en su país.

También conocidas como Acid House Parties, las ‘raves’ de aquellos años en Inglaterra eran eventos masivos. Muchos de ellos eran organizados en suburbios, alejados del mundanal ruido. Los asistentes, con el fin de despistar a las autoridades, eran avisados de la ubicación a última hora.

El ‘smily’, aquella inolvidable cara feliz de color amarillo, se convirtió en un símbolo que hacía referencia a la alegría química del éxtasis.

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SEÑALADOS Y PERSEGUIDOS

Las ‘raves’, que ayudaron a descender la violencia de los hooligans, adquirieron una gran repercusión mediática a finales de los ochenta con el conocido como Segundo Verano del Amor. Para los curiosos, comentar que el primero había tenido lugar con el movimiento hippie en San Francisco (Estados Unidos).

El consumo de éxtasis, LSD, cocaína y speed fue aprovechado por las autoridades británicas para perseguir, incluso con helicópteros, un movimiento que era y es mucho más que una simple moda. En 1994, se comenzó a multar a los asistentes. Además, se prohibieron las reuniones al aire libre sin autorización, la música ruidosa e, incluso, los beats repetitivos. La medida convirtió a las ‘raves’ en eventos clandestinos trasladados a naves industriales, bosques, playas recónditas, lugares abandonados o zonas rurales, con la premisa de disfrutar de un espacio libre de las restricciones establecidas en un club. Como curiosidad, comentar que Nick Warren conoció a Jody Wisternoff (al que Zulos Club tuvo el placer de traer por primera vez a Mallorca) en una fiesta de este tipo. Luego, formaron uno de los dúos más importantes de la escena: Way Out West.

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A miles de kilómetros, en Berlín, la caída del muro supuso un punto de inflexión a todos los niveles. En 1990, la escena estaba dominada por el UFO, un club de acid house que contaba con los futuros padres del Love Parade, DJ Westbam y Dr. Motte, como residentes. No obstante, su estilo no gustaba a todo el mundo. Así, unos chicos del este de la ciudad empezaron a organizar raves en lugares en desuso con el único objetivo de no parar de bailar durante jornadas maratonianas. Fue la época de fiestas sinfín en un edificio construido por los nazis en 1943 como refugio antiaéreo para los pasajeros del tren suburbano. Reconvertida hoy en una sala de arte, tenía capacidad para 3.000 personas y unas paredes de dos metros de ancho. Paralelamente, nacieron otros dos clubs: el E-Werk (cuna musical del gran Paul Van Dyck) y el Tresor, cuya ubicación inicial era una bóveda subterránea que estaba abandonada desde la II Guerra Mundial.

Tampoco podemos olvidar a Goa, una región situada en el oeste de India. Allí, viajan miles de personas de todo el mundo en busca de la liberación espiritual. En estas ‘raves’, el baile es una forma activa de meditación y el uso de la música una forma de expresar antiguos rituales tribales. Una forma de vida que dio lugar al Goa Trance.

PLUR (Peace Love Unity Respect) COMO LEMA

El acrónimo PLUR (Peace Love Unity Respect) se convirtió en el lema de los ‘ravers’. Cuenta la leyenda, que el nombre fue acuñado por el deejay Frankie Bones como respuesta a una pelea que tenía lugar cuando estaba pinchando. Al percatarse del incidente, el estadounidense paró la música y se subió a un altavoz. Entonces, se dirigió a los que se estaban peleando para advertirles que “si no empezáis a mostrar un poco de paz, amor y unión, os rompo vuestra puta cara”. Luego, fue añadida la palabra “Respect” para dar forma al ubico PLUR.

Por otra parte, señalar que el fenómeno rave ha estado siempre ligado a la utilización de luces de diferente composición e intensidad para la ambientación y decoración de las fiestas. También es típico de estas fiestas la utilización de «glowsticks» («palos brillantes«) para generar diferentes efectos lumínicos al combinar su luz con la oscuridad de la noche o con las luces estroboscópicas. Además, suele ser habitual también el uso de luces de LED.

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RAVES EN ESPAÑA

En España, las primeras ‘raves’ se llevaron a cabo en Ibiza. A mediados de los noventa, el fenómeno llegó la península. Sin embargo, y tal como reconoce el dj y periodista especializado Luis Lles, “no se extienden debido a la mayor flexibilidad de los horarios, que permite prolongar la fiesta legalmente en los propios clubes”. Para tomar nota…

El Monasterio (Perales del Río, Getafe), Rave 13 Kalles (Aranjuez), El Matadero de Rivas y la rave de Cuatro Vientos, son o han sido las más célebres de la capital. En el resto del país, han hecho historia otras como La Fábrica de Cemento (Buñuel, Comunitat Valenciana), Anti Viña (en Villarrobledo como respuesta al Viñarock), El Polvorín (en un antiguo cuartel de la Guardia Civil en A Coruña) o el Dragon Festival (Granada). También las ha habido (y muchas) en Mallorca. Pero eso, lo dejamos para otro capítulo…

Episodios como el de la Nochevieja de 2021 en la localidad catalana de Llinars del Vallés han demonizado un movimiento que lucha por sobrevivir en tiempo de ‘postureo’. Una lástima, sobre todo si tenemos en cuenta las palabras de Carl Cox en su autobiografía ‘Oh Yes, Oh Yes’: “Allí, en las ‘raves’, pude ver lo que me hacía destacar entre los otros deejays. Crear la atmósfera a través de mis discos siempre fue la esencia de lo que estaba haciendo. Cuando mezclaba dos discos con mi estilo único, la gente respondía a algo que no conseguían en ningún otro lugar, y cuando ponía esa melodía extra en mis sets de tres tocadiscos, la gente se trasladaba a otro planeta’.

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Licenciado en periodismo, y con experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Mallorquinista de cuna y de tercera generación. Apasionado de la música (en especial la electrónica), del cine, de la historia, del deporte (sobre todo del wrestling, la lucha libre americana) y de todo lo que tiene que ver con el misterio.

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