Que un plato nacido en las cocinas familiares acabe convertido en fenómeno pop no pasa todos los días. Sin embargo, el cachopo lo ha logrado sin renunciar a su esencia gracias a la visión inconformista de Juanjo Cima y a los dos locales que ya son parada obligada en cualquier ruta gastronómica por el Principado de Asturias.
El laboratorio ovetense
En el corazón del barrio del Campillín, a dos pasos del casco histórico de Oviedo, se fríe el cachopo más laureado de la región. Las Tablas del Campillín ostenta más de veinte premios oficiales, entre ellos el triunfo en el VI Concurso Regional y el bronce nacional de 2019, credenciales que le han valido el apodo de “la Catedral del Cachopo”. La fama se apoya en el Cachopo Minero, empanado de color negro —tinta de calamar en homenaje a las cuencas— que en apenas cuatro meses encadenó cinco medallas y alzó a la ternera IGP asturiana a lo más alto del podio.
Cima entendió pronto que la tradición debía contarse bien para sobrevivir. De ahí nació en 2020 “De cachopos y otros platos asturianos”, primer recetario monográfico dedicado al plato. El libro recopila técnicas, rellenos campeones y anécdotas que explican cómo dos filetes empanados acabaron protagonizando portadas gastronómicas.
Pero la creatividad del chef no se quedó en el papel: llegó la Burgerchopo, una hamburguesa rellena de cachopo que recorre los festivales de street food con la misma mezcla de jamón y queso que triunfa en sala. Y, para culminar la jugada mediática, el televisivo Caracachopo apareció en pleno programa de David Broncano con la cara del presentador “impresa” en pan rallado, demostración de que el cachopo puede ser también performance.
Innovación que viaja: de la cocina al sofá
Con el Campillín consolidado, Juanjo Cima puso rumbo a la costa y abrió La Taberna Asturiana en la calle Begoña, epicentro de la ruta de vinos gijonesa. Quien busque comer Gijón sin renunciar al palmarés ovetense puede reservar allí mismo: el Minero comparte carta con versiones marineras y una bodega bien surtida. La filosofía es idéntica: materia prima de cercanía y raciones generosas en un ambiente que mezcla barra de sidra y comedor moderno.
Sin embargo, la verdadera revolución llegó antes, en 2015, cuando el chef lanzó Telecachopo, primera cadena dedicada a repartir cachopos a domicilio. Hoy reparte en Oviedo, Gijón y la franja central asturiana con bandejas isotérmicas que preservan el crujido hasta 30 minutos después de salir de la cocina. La idea, pionera entonces, probó que el cachopo puede viajar sin perder alma y abrió camino a decenas de imitaciones.
La logística se completa con un servicio propio en La Taberna Asturiana: basta un clic para que el timbre anuncie un Minero recién frito, un “Leonés” con cecina o un “Gourmet” con foie. El mismo filete que arrasa en los concursos aparece ahora en tu mesa sin que tengas que abandonar la sobremesa.
Producto kilómetro cero y calendario propio
Detrás del éxito hay tanta narrativa como ganadería local. Todos los cachopos campeones se elaboran con Ternera Asturiana IGP y quesos con DOP; la carta lo subraya y la clientela lo agradece. El jamón procede de Tineo, el Vidiago aporta la cremosidad y el Afuega’l Pitu firma las versiones más atrevidas. Cada ingrediente cuenta, al final, una parte del paisaje: la mina en la cobertura negra, los prados en la ternera rosada y el mar Cantábrico en los guiños a la tinta de calamar.
La agenda cachopera también tiene fecha marcada: el último miércoles de noviembre se celebra el #CachopoDay, una cena-homenaje que Las Tablas organiza desde 2017 y que en 2024 alcanzó su novena edición con lleno absoluto y cobertura en redes. El mismo espíritu divulgativo explica que Cima forme parte del jurado del Campeonato de España de Cachopo Amateur, cantera donde cocineros domésticos buscan coronarse y, quién sabe, abrir su propio chigre algún día.
El cachopo como marca cultural
Las Tablas del Campillín y La Taberna Asturiana han conseguido algo poco habitual: convertir un plato popular en marca cultural sin traicionar su ADN. La vitrina de trofeos certifica la técnica; el libro, la memoria; Telecachopo, la democratización; y el #CachopoDay, la celebración colectiva. Si visitas Oviedo, cruza el arco del Campillín y afila el cuchillo; si te apetece brisa salina, pide mesa en Cimavilla; y, si la nostalgia aprieta desde el sofá, deja que el timbre te anuncie un cachopo campeón.
Porque, al final, pocas recetas concentran tanta historia, innovación y orgullo local en cada bocado. Dos filetes empanados, sí, pero también una declaración de principios: Asturias se explica con sidra, monte verde… y un cachopo que ya viaja por medio mundo sin salir de casa.