Barolec: “El hard-techno está viviendo una época dorada en Mallorca”

Conocido artísticamente por sus pseudónimos de “Barolec” y “Tinita”, Jordà Barceló Roca (Manacor, 1983) lleva pinchando desde que era un adolescente. Las ‘raves’ fueron su escuela y en la Sala Fònica, empezó una trayectoria prolongada por casi dos décadas en discotecas y festivales de toda la isla. Actual residente de Selva Club, hemos charlado con él para conocer su trayectoria y un presente marcado por un estilo que está arrasando en la isla. Bienvenidos, a la época del ‘hard-techno’.

¿Cómo y cuándo empezaste a pinchar?

Empecé siendo muy joven, cuando tenía unos 14 años, con mis amigos de Manacor. Por entonces, salíamos por ‘es carreró’, una zona de bares en Porto Cristo. Abajo del todo había un club que se llamaba “Golf”, donde pinchaban ‘house’. Tenían como residente a un chico que ponía un rollo más comercial y otro que mezclaba la típica música de los recopilatorios del Ministry of Sound. Pero a nosotros, nos llamaba la atención Mario Álvarez. Al entrar, la gente la hacía un pasillo y coreaba su nombre. Parecía que llegaba Carl Cox (risas). 

En aquellos tiempos,  el ‘house’ era el estilo que más se escuchaba. Recuerdo sus sesiones, con temazos uno detrás del otro y la gente sin dejar de levantar sus brazos. Todo aquello nos fascinó. Hasta el punto de ir en moto hasta Palma para ir a comprar vinilos a Discos Oh!

Un amigo nuestro, Sion Vives, fue el primer que tuvo un equipo. Nunca olvidaré aquellos platos Numark con correas (risas). No fue hasta un año después, que otros dos amigos más mayores que nosotros –Nico y Jordi Masnou- nos enseñaron como utilizarlos. Fue lo que sería ahora un tutorial, ya que nosotros no teníamos ni idea. 

A partir de ese momento, fuimos practicando. Además, a otro chico del grupo (Julián), su padre le regaló unos Technics. Entonces, cambió todo. Poco a poco, y a base de mucha práctica, las mezclas salían mejor. Y, eso, nos animaba a seguir. 

Éramos un grupo de unos treinta que no íbamos en patinete ni jugábamos a la PlayStation. Nos pasábamos todos los días con la música, pinchando y escuchando los vinilos que comprábamos en una cochería que acabamos transformando en una especie de discoteca. Ni te imaginas cuantos altavoces reventamos (risas). 

Menuda tropa… 

La verdad es que aprovechábamos cualquier ocasión para montar el equipo. Además, poco después, nuestro amigo Mateu Pericàs abrió una tienda de discos en Manacor llamada “Art Music”. Eso fue muy importante para culturizarnos musicalmente. Luego, organizó un viaje al Sónar 2001 y flipamos con el ‘minimal techno’ de artistas como Ricardo Villabolos. 

Más tarde, mi amigo Sion (Vives) se fue a estudiar a Madrid y me dejó su equipo, incluyendo unos Technics que había cambiado por los Numark y con los que practiqué durante horas y horas. Ya por entonces, Óscar Mulero me había descubierto el ‘techno’. 

¿Recuerdas tu primer bolo?

Antes de pinchar en discotecas, lo hice en ‘raves’ frente a 300 o 400 personas. En una de ellas, en la que pinché en el interior de un granero, hice una selección con los mejores discos de mis amigos para dedicarle la sesión a una gran amiga. Tuve la suerte, que allí había unos chicos de Moscari -entre ellos, un Mateu Palou que sigue siendo como un hermano para mí- a los que les encanté. Resultó, que uno de ellos era primo de un primo del que llevaba “Bite”, una promotora que hacía fiestas con “Lokita”. Justo en ese momento, abrieron el “Perestroika” en Inca, un pequeño club. Como buscaban residentes, les envié una sesión mía de ‘minimal’ y les gustó, así que me ficharon. 

Poco después, vino allí a verme el primo del primo (risas). Le gustó mi música y me consiguió mi primer bolo en la Sala Fònica. Fue en una fiesta “Lokita”, con Le Hammond Inferno como cabeza de cartel, en la que pinché de 23 a 03 horas. Luego, también pinché en otras fiestas de la promotora de Puchetti en Menta. En esa época también iba mucho a ‘Los quintos’ de los pueblos, cuando todavía sonaba música electrónica y no reggaeton como ahora. Todo aquello me hizo tener mucho rodaje y crecer como artista. Además, el hecho de poner artistas como Vitalic, Anthony Rother, David Carretta, Kiko, Miss Kittin o The Chemical Brothers hizo que mi estilo se desmarcara del resto. Esa es mi verdadera esencia, la de ser gamberro y guerrero (risas), que trato de mantener. Me gusta dar fiesta y ver a la gente disfrutar. Lo llevo haciendo desde que empecé y me ha permitido pinchar durante desde entonces sin parar. Aunque bueno, ya sabes que hay épocas con más bolos que otras. 

Y luego llegaron “Sinapsis” y “S’Oliba Club”… 

Efectivamente. Lo de Sinapsis fue de la manera menos pensada, un día que organizábamos una ‘rave’ en un lugar plagado de naranjos. Antes de ir, yo tropecé con uno de los platos y se le estropeó el brazo, hasta el punto de que no se podía utilizar. Suerte que por allí, había un ‘hippie’ que había montado un tenderete para vender cosas, entre ellas varios vinilos. También tenía un tocadiscos para escucharlos. Así que le explicamos la situación y le pedimos que nos los dejara, al menos, hasta que llegara alguien con otro plato. El tío accedió, pero yo no lo veía nada claro, ya que eran de esos con correa. Entonces, apareció de la nada uno de los invitados: era Fabian Roelandt, a quien yo por entonces no conocía de nada. Me dijo de pinchar juntos, y cuando empezamos a trastearnos las maletas, nos dimos cuenta de que teníamos los mismos gustos. Entonces nació una amistad muy especial. 

Más tarde, me invitó a dormir a su casa de Barcelona. Allí, donde estudiaba, él tenía un pequeño colectivo llamado “Sinapsis” que fue creciendo y al que me invitó a unirme desde Mallorca. Hicimos eventos en ambos sitios, como en el “KGB” de Barcelona o en la Sala Fònica de Palma. En la actualidad, Fabián y yo seguimos pinchando muchas veces juntos, como el pasado verano en el Rock’n’Rostoll. Además, también creamos un sello con el mismo nombre. 

Por su parte, la época de s’Oliba Club también fue muy importante. Es cuando, digamos, todo empezó a ir en serio. Su propietario, Miquel Gallego, para mí es un visionario. Apostó por nosotros y por la música electrónica de calidad. Fue una temporada increíble, en la que vinieron muchos grandes artistas y en la que Manu Sánchez consiguió que un por entonces semidesconocido Paul Kalkbrenner estuviera en el cierre. 

¿Cuáles han sido o son tus influencias?

Además de la que te he comentado anteriormente de Mario Álvarez, también tengo que destacarte a Ángel Costa. La primera vez que lo vi en directo fue en BCM, en una noche que se comió a Carl Cox. 

Como productores, me influenciaron muchos artistas que te he citado antes, como Vitalic o Miss Kittin y también el ‘electro’ francés de David Carreta y Kiko. Tampoco puedo olvidarme de la primera vez que vi en directo a The Chemical Brothers en el Sónar 2005 o el ‘live’ que se marcó Anthony Rother en la Sala Fònica. 

Por cierto, ¿cuál es el origen de tus nombres artísticos? 

Cuando pinchó ‘electro’ o con vinilos, utilizo mi nombre de pila. El resto, son un homenaje a mi familia. Por una parte, está el de “Barolec”, que es en honor a mi padre y es el que uso habitualmente. Se trata de un juego de palabras con mi primer apellido, el de Barceló. Me dio la idea Marc Marzenit. 

Por otra parte, también utilizo el pseudónimo de “Tinita”. Lo hago cuando pincho ‘minimal’ o ‘house’ y es en homenaje a mi madre, ya fallecida, a la que llamaban así.  Además, también uso mi nombre, el de Jordà, cuando pincho ‘electro’ o con vinilos.

Ahora, con la llegada del ‘hard-techno’, tengo otro preparado: “A2F7”. Se trata de una combinación de mis números favoritos con las iniciales de los nombres de mis dos hijos: Ariadna y Fabià.

Y… ¿Qué dicen ellos de que su padre sea deejay? 

A mis hijos les parece curioso. Ariadna, que es la mayor, tiene ya 12 años, mientras que Fabià tiene 10. Les encanta ver los videos que publico en las redes y que les cuente anécdotas de la noche. Creo que ser padre y deejay es perfectamente compatible, aunque nuestro trabajo implique tener pocas horas de sueño para poder disfrutar lo máximo con ellos. 

Imagino que, tras tantos años pinchando, tendrás alguna anécdota….

Ya sabes que la gente de nuestra generación teníamos que pillar un avión para comprar música, puesto que en la isla el mercado estaba muy limitado. En mi caso, yo iba mucho a Barcelona. Hubo un día que, al salir de una tienda, me di cuenta de que tan solo me quedaba un euro en el bolsillo. Tenía que volver al aeropuerto, así que no me quedó más remedio que entrar y pedirle dinero prestado al empleado (risas). 

¿Cuál ha sido la fiesta de tu vida?

Me quedaría con “Sunjai”, un festival que se hizo en 2007 en el Poliesportiu de Búger. Contó con muchos artistas locales y con Marc Marzenit como cabeza de cartel. Era cuando había sacado “Trocitos de Navidad” y fue apoteósico. Las sesiones siguen estando colgadas en SoundCloud y todavía, a día de hoy, hay mucha gente que me recuerda aquella fiesta. 

Tampoco puedo olvidar mis primeros cierres en la Sala Fónica, sobre todo porque jamás pensé en pinchar allí, ya que tenían una programación muy cerrada. 

También fue muy especial pinchar después de Vitalic en Son Amar hace dos veranos. Ahora, disfruto mucho en Selva Club, donde el sonido es espectacular. 

Cambiando de tema… ¿Por qué no produces?

Es algo que siempre me ha interesado, pero que, por falta de tiempo o de espacio, nunca ha podido completar. Lo he intentado varias veces, pero nunca he quedado satisfecho con el resultado. Espero que este año sea el bueno y encontrar la motivación para acabar algún tema y poder sacarlo con el sello de “Sinapsis”.  

¿Cómo ves la escena en la isla?

Creo que ahora estamos viviendo una época dorada del ‘hard-techno’, algo que era impensable antes de la pandemia. A la gente joven le encanta. De hecho, te diría la gran mayoría que empieza a pinchar, lo hace con este estilo. 

Hace no mucho, hubo hasta cinco fiestas de ‘hard-techno’ el mismo sábado en Mallorca. Ese es un ejemplo de su explosión. Otro sería en la tarde de Navidad, la fiesta que hicieron  en el “Bambú”. Yo estuve pinchando y estuvo genial, con todo el mundo entregado. 

Puede que solo sea una moda, pero creo que ayudará a que la gente se interese por la cultura del ‘techno’ y sus variantes. Se está plantado una semilla que no tengo dudas que dará sus frutos. 

Por último, ¿qué consejo le darías a alguien que está empezando?

Le diría que practique mucho y que aprenda a pinchar con vinilos, ya que así sabrá hacerlo con cualquier otro formato. Ahora la gente se limita a poner música con una controladora y eso no es pinchar. Otros ni conocen lo que ponen, ni el productor, ni el sello y se pasan todo el tiempo mirando la pantalla. Como me dijeron un día: “un deejay tiene que trabajar con las orejas, no con los ojos”. 

FAST CHECK 

Un deejay: Andrés Campo

Un productor: Ramón Tapia

Un tema: Vitalic «La Rock 01» 

Un estilo que no sea electrónica: rhythm’n’blues

Un club: antes, la Sala Fónica. Ahora, Selva Club

Un festival: Sónar

Una comida: paella

Una bebida: cerveza

Una película: “Berlin Calling” (Hannes Stöhr, 2008) 

Una serie: “Vikingos”

Un lugar para perderse: sa Serra de Tramuntana 

Y tú, ¿Qué opinas?

Licenciado en periodismo, y con experiencia en prensa escrita, radio y televisión. Mallorquinista de cuna y de tercera generación. Apasionado de la música (en especial la electrónica), del cine, de la historia, del deporte (sobre todo del wrestling, la lucha libre americana) y de todo lo que tiene que ver con el misterio.

Foto-Periodista especializado en politica, cultura y tendencias. Director de todo esto ( lasiestamagazine.com ). Vivo cerca del paraíso, escribo bajo la mirada de un objetivo, juego cabalgando sobre la luz, viajo para nutrirme de colores y siempre con poco equipaje.

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