Cinco minutos en el Gran Vestíbulo de la Casa Blanca bastaron para devolver al centro del debate político estadounidense un asunto que la administración Trump llevaba meses intentando dejar atrás. La primera dama Melania Trump pronunció el miércoles 9 de abril una declaración extraordinaria negando cualquier vínculo con Jeffrey Epstein y exigiendo al Congreso celebrar audiencias públicas en las que las víctimas del financiero puedan testificar bajo juramento.
Melania Trump fue tajante: «No soy víctima de Epstein. Epstein no me presentó a Donald Trump. Conocí a mi marido, por casualidad, en una fiesta en Nueva York en 1998.» Leyó la declaración ante cámaras y se marchó sin responder preguntas.
LO QUE DIJO, LO QUE RECONOCIÓ Y LO QUE NO ACLARÓ

La propia primera dama admitió que los Trump y Epstein coincidieron puntualmente en los mismos círculos sociales de Nueva York y Palm Beach: «Donald y yo éramos invitados a las mismas fiestas que Epstein de vez en cuando, ya que compartir círculos sociales es habitual en esas ciudades.» Ese reconocimiento, sin embargo, fue presentado en su declaración como argumento de distancia, no de proximidad.
Sobre el correo electrónico más incómodo —el que lleva su firma y está dirigido a Ghislaine Maxwell, cómplice de Epstein condenada a 20 años de prisión por tráfico sexual—, Melania Trump dijo que ese mensaje firmado «Love, Melania» no puede «categorizarse como otra cosa que correspondencia casual» y que su «respuesta educada no equivale a más que una nota trivial.» La fecha de ese correo, publicado por el Departamento de Justicia, es octubre de 2002. El texto original no fue cuestionado: fue su significado lo que la primera dama intentó delimitar.
La primera dama también afirmó que su nombre no ha aparecido en documentos judiciales, deposiciones, declaraciones de víctimas ni entrevistas del FBI relacionadas con el caso Epstein, y que nunca tuvo conocimiento de los abusos del financiero.
EL CONTEXTO QUE HACE EXTRAÑA LA DECLARACIÓN
El mensaje llegó en un momento en el que la administración Trump parecía haber dejado atrás más de un año de controversia en torno a Epstein, especialmente con la guerra con Irán acaparando la atención política en Washington. Ese contexto hace que la elección del momento resulte difícil de explicar desde una lógica estrictamente política.
Donald Trump dijo en una llamada telefónica posterior que no sabía que su esposa iba a pronunciar esa declaración. La Casa Blanca no respondió a peticiones de comentario. Una fuente familiarizada con el asunto le dijo a CNN que el presidente sí sabía que su esposa tenía previsto hacer una declaración, pero que el contenido de lo que diría no estaba claro. Dos versiones que no se contradicen del todo —pero que tampoco se sostienen juntas sin tensión.
Algunos funcionarios de la Casa Blanca quedaron sorprendidos por el momento elegido, lo que generó rumores de que la primera dama intentaba adelantarse a alguna revelación. Fuentes cercanas a ella, sin embargo, indicaron que llevaba tiempo frustrada por los rumores circulantes en redes y que sus abogados también consideraron útil contar con una negación pública y en cámara.
Por qué importa el momento: La declaración llega un día después de que el Departamento de Justicia comunicara al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes que la exfiscal general Pam Bondi no comparecerá ante una citación prevista para el 14 de abril. Esa citación estaba relacionada con el manejo por parte de Bondi de los documentos del caso Epstein.
QUÉ PIDE AL CONGRESO Y POR QUÉ ESO COMPLICA A SU MARIDO
La primera dama fue explícita en su exigencia: «Llamo al Congreso a proporcionar a las mujeres victimizadas por Epstein una audiencia pública centrada específicamente en las supervivientes. Den a estas víctimas la oportunidad de testificar bajo juramento ante el Congreso, con el poder del testimonio jurado. Cada mujer debería tener su día para contar su historia en público, si así lo desea, y que su testimonio quede registrado permanentemente en el Registro del Congreso.»
Esa exigencia, pronunciada desde la Casa Blanca, choca frontalmente con la posición oficial de la administración. Trump y sus colaboradores más cercanos han insistido en que el país está preparado para pasar página del caso Epstein, mientras que el fiscal general en funciones Todd Blanche dijo el 2 de abril —el mismo día en que asumió el cargo tras el despido de Bondi— que no creía que los archivos de Epstein debieran formar parte de nada en el Departamento de Justicia.
La reacción del Congreso fue inmediata y transversal. El representante demócrata Robert Garcia, el principal miembro demócrata del Comité de Supervisión que investiga el caso Epstein, exigió al presidente republicano del comité, James Comer, que programara una audiencia pública de inmediato. El representante republicano Thomas Massie, impulsor de la ley que forzó la publicación de millones de documentos del caso, redirigió la atención hacia el Departamento de Justicia, señalando que es el fiscal general quien debe hacer comparecer a las supervivientes.
Dos de las acusadoras de Epstein, Maria y Annie Farmer, respondieron con una declaración breve: «Lo que queremos es responsabilidad, transparencia y justicia.» No se pronunciaron sobre Melania Trump directamente.
QUÉ DICEN LOS ARCHIVOS Y QUÉ NO DICEN
El caso Epstein lleva más de un año generando turbulencias dentro de la propia base de apoyo de Trump. Las preguntas sobre el alcance de la red de Epstein han dividido a los republicanos, creando una grieta en la coalición MAGA entre quienes presionan para que el gobierno publique más documentos y procese a figuras vinculadas al financiero, y quienes prefieren cerrar el expediente.
Entre los archivos publicados por el Departamento de Justicia a finales de enero figuraba una entrevista del FBI fuertemente redactada que incluía la afirmación de que Epstein habría presentado a los Trump. Esa afirmación —sin nombre atribuido, con las direcciones de correo electrónico redactadas— es precisamente la que Melania Trump fue a desmentir en cámara. La discrepancia entre lo que afirma el documento gubernamental y lo que afirma la primera dama no ha sido resuelta. Probablemente no lo sea pronto.
Que Melania Trump haya elegido hablar ahora, sin preguntas, sin contexto adicional, y sin la coordinación aparente de su marido, dice algo sobre la dinámica interna de la Casa Blanca —aunque no quede del todo claro qué.






