La ‘vuelta al cole’ no siempre es tarea fácil. Tras maravillosos días de vacaciones en los que las palabras esfuerzo y disciplina pasan a un segundo plano, es el momento de volver a la normalidad y a la temida rutina. Sí, el llamado síndrome postvacacional ha tocado a nuestra puerta y es normal sentir melancolía y falta de motivación. Pero hay que pensar en positivo: venimos descansados, renovados y llenos de propósitos donde, por supuesto, la vida sana y el deporte ocupan un lugar fundamental en la wish list.

Crea una rutina: tras haber estado un tiempo desconectados, es posible que al principio nos cueste más trabajo realizar los ejercicios. Es importante prepararse psicológicamente a la vuelta al ruedo, por lo que marcar unas pautas e ir por ellas será el primer paso para volver a crear el hábito. Fijemos en el calendario semanal los días y la hora que vamos a dedicar a entrenar y seamos constante. Hay que tratar de dedicar, al menos, 3 días a la semana al deporte con un mínimo de 30 minutos por sesión, y aumentemos progresivamente.

Descansa adecuadamente: por un lado, es importante que respetemos los momentos de reposo e intercalemos un día de descanso entre sesión y sesión y dejar que los músculos se recuperen para reponer fuerzas. Además, es crucial respetar las horas de sueño necesarias ya que, de otro modo, el cansancio se verá reflejado en nuestro rendimiento y será más complicado conseguir un progreso en nuestra actividad.

Márcate objetivos alcanzables: debemos ser realistas y tener en cuenta que nuestro estado físico no es el mismo que al comienzo de las vacaciones. La vida sedentaria de los últimos días tiene sus consecuencias y no podemos pretender hacer todo el primer día de regreso al gimnasio. Por ello, será esencial recuperar el cuerpo sin prisas, con pequeños objetivos a corto plazo y fáciles de asumir. Recuerda, la perseverancia es un papel clave en esta vuelta a la rutina para volver poco a poco a la normalidad.

Escucha a tu cuerpo: no todos los días nos sentimos al 100% y menos después de largo un periodo de parada. Hay que saber qué es lo que nos pide nuestro cuerpo y no llevarlo al límite.  La calidad es más importante que la cantidad y, si un día vemos que necesitamos bajar la intensidad, hagámoslo, siempre y cuando el ejercicio esté bien hecho y no perjudique a tu forma física. Nuestro cuerpo nos lo agradecerá y al día siguiente sentiremos más energía que nunca para recargar pilas para superarnos posteriormente.

Premia tu esfuerzo: no solo no debemos torturarnos en caso de que los resultados no sean los esperados, sino que, además, es importante que recompensemos los esfuerzos depositados y premiemos el trabajo bien hecho. Esto nos ayudará a sentirnos más motivados y felices y así tener más ganas de seguir avanzando y cumpliendo metas.

Y tú, ¿Qué opinas?