Pat Garrett mata a Billy the Kid en Fort Sumner, hace 145 años

Hace 145 años, Pat Garrett disparó dos veces en la oscuridad de una habitación en Fort Sumner y acabó con la vida de Billy the Kid. La cacería, la noche del disparo y el mito que sobrevivió al forajido.
Billy the Kid junto a un cartel de recompensa en el viejo oeste
Billy the Kid, famoso forajido, junto a un cartel de recompensa en el viejo oeste. IA

Billy the Kid entró a oscuras en la habitación de Pete Maxwell buscando un trozo de carne para cenar. No sabía que el hombre sentado en la cama, hablando en voz baja con Maxwell, era el sheriff que llevaba meses buscándolo. Pat Garrett disparó dos veces. El forajido más fotografiado —y a la vez menos fotografiado, porque solo existe una imagen suya confirmada— murió en el sitio, con 21 años.

Ocurrió poco después de la medianoche del 14 de julio de 1881, en Fort Sumner, Nuevo México, entonces territorio de Estados Unidos.

UNA FUGA QUE OBLIGÓ A UNA CACERÍA

Henry McCarty, conocido como William H. Bonney y popularmente como Billy the Kid, había sido condenado a la horca por el asesinato del sheriff William Brady durante la guerra del condado de Lincoln. El 28 de abril de 1881, tres semanas antes de la fecha fijada para su ejecución, se libró de sus grilletes en la cárcel de Lincoln, mató a los ayudantes James Bell y Robert Olinger, y escapó a caballo.

Pat Garrett, elegido sheriff del condado en parte para acabar con él, organizó la persecución durante meses. Antes había sido amigo del fugitivo —compartieron mesas de juego y noches de vaquero en los mismos ranchos del territorio—, lo que alimentó después la idea, nunca del todo desmentida, de que la caza tuvo también algo de ajuste de cuentas personal. Y sin embargo, no fue una redada ni un tiroteo lo que puso fin a la fuga. Fue una casualidad, o lo que Garrett quiso presentar como tal en su propio relato publicado un año después.

Escena del enfrentamiento entre Pat Garrett y Billy the Kid en Fort Sumner
Recreación del momento en que Pat Garrett dispara a Billy the Kid en Fort Sumner. IA

LA NOCHE EN CASA DE PETE MAXWELL

Garrett llegó a Fort Sumner acompañado de los ayudantes John W. Poe y Kip McKinney, siguiendo el rastro de que Billy the Kid seguía en la zona, protegido por familias hispanas de la localidad que le daban cobijo. Se sentó en el dormitorio de Pete Maxwell, a oscuras, para preguntarle por el paradero del fugitivo.

En ese momento entró Billy the Kid, descalzo, en mangas de camisa, con un cuchillo en una mano y una pistola en la otra. Vio una sombra sentada en la cama y preguntó, según el relato que el propio Garrett publicó en 1882: «¿Quién es?»

Garrett reconoció la voz. Disparó su revólver dos veces. La primera bala entró por encima del corazón.

No hubo forcejeo. No hubo un segundo disparo necesario.

EL RELATO OFICIAL Y LAS DUDAS QUE NUNCA SE FUERON

Al día siguiente, un jurado de instrucción determinó que el cadáver era el de Billy the Kid y calificó la muerte de homicidio justificado. Lo enterraron esa misma tarde en el cementerio de Fort Sumner, junto a sus amigos Tom O’Folliard y Charlie Bowdre, muertos meses antes en la misma persecución.

Pat Garrett publicó su versión de los hechos en 1882, en parte para fijar su relato frente a las novelas baratas que ya empezaban a convertir al forajido en leyenda, y en parte para sacar provecho económico de su fama recién adquirida. No le sirvió de mucho: murió asesinado por la espalda cerca de Las Cruces en 1908, en un caso que nunca terminó en condena firme.

La leyenda, mientras tanto, no dejó de crecer. Décadas después, un hombre llamado Ollie «Brushy Bill» Roberts aseguró ser Billy the Kid superviviente; los historiadores rechazaron la afirmación por falta de pruebas documentales. Ya en este siglo, descendientes de Garrett y autoridades de Nuevo México discutieron sobre exhumar el cuerpo para una prueba de ADN que confirmara de forma definitiva su identidad y aclarara también la tumba, sin lápida original, de su madre en Silver City. La petición no prosperó, y el expediente sigue abierto en los tribunales del estado.

Lo que nadie explica del todo es por qué un forajido de veintiún años, con una carrera criminal de apenas un par de años y un puñado de muertes a su cargo —menos de las que la mitología posterior le atribuyó—, terminó eclipsando en la memoria popular a figuras de la misma guerra de Lincoln con historiales mucho más largos. La respuesta probablemente tiene menos que ver con lo que hizo Billy the Kid que con lo que Pat Garrett decidió escribir sobre él.